Menonitas que huyeron de Chihuahua ahora alimentan Asia desde Campeche

Verónica Martínez/El Financiero
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Verónica Martínez/El Financiero

La imagen de Ernesto Friessen Voth no encaja en el estereotipo de un campechano, pero debió acostumbrarse al gentilicio cuando acá vino a aventarlo la inseguridad que su familia, como otros menonitas norteños, enfrentó en su originario Chihuahua desde la década pasada.

“Venimos de Santa Clara, Chihuahua, por la inseguridad, pero también porque ya no había tierra y sabíamos producir avena y frijol, pero le aprendimos a los que llegaron de Tamaulipas a trabajar la soya y se paga mucho mejor.

“Ahorita pagaron 7 mil 200 pesos la tonelada, contra 3 mil 500 de la de maíz”.

Este hombre rubio de 1.93 metros de estatura y 25 años de edad es el arquetipo de los menonitas mexicanos cuyos proyectos improbablemente coincidieron geográficamente en la Península de Yucatán con los de Alfonso Romo Garza, un empresario bien conocido en el norte del país y quien recientemente cobró más fama como asesor del candidato a la Presidencia por Morena, Andrés Manuel López Obrador.

Ellos, con sus prácticas centenarias, y él, con capital propio y de la multinacional Cargill, detonan la producción de soya y maíz en la región, útil para alimentar a los cerdos cuyas partes consumen crecientemente habitantes de Asia, en una cadena de producción que apuntala a México como una potencia productora de carne.

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