Al padre de la maquila mexicana, Trump le hace lo que 'el viento a Juárez'

Lauren Etter/El Financiero
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Lauren Etter/El Financiero

En Ciudad Juárez, junto a la frontera con Estados Unidos y al pie de la Sierra Madre, una Range Rover azul serpentea por el imperio construido por Jaime Bermúdez Cuarón.

En el vehículo van dos hijos y dos nietos del magnate de 94 años; los guardaespaldas los siguen en dos coches. Juárez no está sitiada por la violencia de los cárteles de la droga como hace una década, pero la élite sigue siendo un blanco de la delincuencia. Y los Bermúdez, que han acumulado una fortuna en el auge de la globalización, son definitivamente élite.

La caravana pasa frente a gigantescas fábricas, una tras otra, sobre calles bordeadas por cactus. Cada una tiene su propia tapia de cemento o hierro y lleva un nombre corporativo: Eagle Ottawa, Capcom, Copper Dots, Microcast, Filtertek, como feudos individuales enarbolando sus escudos de armas. Son las marcas detrás de las marcas que impulsan la economía global.

Estas fábricas producen asientos de cuero, diodos emisores de luz, cubiteras de plástico, pantallas de smartphones, ejes de dirección para vehículos. La mayoría de las piezas serán exportadas, a veces cruzando varias fronteras y fábricas, antes de convertirse en parte de un producto terminado.

Es por eso que estas plantas son conocidas como maquiladoras. Las empresas multinacionales traen sus materias primas a la maquila, como un granjero lleva su grano al molino, y ésta lo devuelve procesado y listo para la siguiente etapa de producción.

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