Desaparecen comercios y ambulantes de San Alejandro

Maribel Velázquez/El Popular
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Maribel Velázquez/El Popular

Comercios cercanos al Hospital Regional número 36 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), mejor conocido como San Alejandro, han bajado sus cortinas de manera definitiva, la mayoría de los vendedores ambulantes han desaparecido y hasta los llamados viene viene han decidido buscar otras calles, pues el lugar se ha convertido en una zona fantasma tras el sismo del pasado 19 de septiembre.

Fue en 1976 cuando el nosocomio fue inaugurado, recibía pacientes de diferentes partes como Veracruz, Oaxaca y Tlaxcala, era uno de los espacios más grandes en relación a la infraestructura del IMSS en el país al contar con 415 camas censables y 226 sin esta característica, pero ahora tiene daños estructurales que no permiten su reapertura.

Después del movimiento telúrico, el edificio cerró de manera definitiva y ahora las calles a su alrededor lucen vacías, se puede transitar libremente por las banquetas pues los comerciantes informales prácticamente se han esfumado, tampoco se ven batas blancas caminando con prisa o familiares consumiendo tamales, jugos o comprando  diarios y revistas.

No se prevé que la situación mejore en el futuro, pero algunos comerciantes aún guardan un poco de esperanza, sueñan con que los cientos de personas quienes llegaban a visitar a sus familiares regresen, pues por amor verdadero, por obligación o por “chismear” qué accidente los llevó de emergencia.

José Juan de la Cruz Flores, tiene 64 años y en los últimos 10 ha laborado en una funeraria ubicada en la 10 Poniente y 27 Norte, justo a un costado del nosocomio y desde que paso el temblor las ventas se han reducido. Antes registraban cuatro o cinco decesos al día en promedio, pero al ya no funcionar, su trabajo disminuyó.

De la Cruz Flores comentó que las únicas ventas que tienen son gracias a los clientes hechos con anterioridad pues ya conocen como es el servicio y confían en ellos, pero ahora se enfrentarán a un panorama adverso, el cual no sólo los afectará a ellos, sino al resto de las personas quienes vivían gracias a las ventas vinculadas a San Alejandro.

“Ya cerraron varios lugares, el café y el de los jugos especiales, no es posible sobrevivir con un local si no hay clientes, hay que pagar la luz y la renta. Hasta el señor que vendía tortas de a 10 y a 15 pesos en sus dos canastas ya no viene, no tiene caso, ya no hay gente”,subrayó el trabajador de la funeraria.

Asimismo, mencionó que anteriormente tenía que llegar antes de las 7:30 horas para tener la posibilidad de encontrar un espacio para estacionarse, pero ahora puede arribar incluso a las 11 horas y hay lugar. Los viene vienetambién lo han percibido, han ido a buscar otras vialidades.

La situación de malestar es compartida también por los ambulantes, tal es el caso de José Sebastián Mejía, quien es parte de la segunda generación de su familia que se dedica a vender tamales afuera de San Alejandro. Recuerda que hace 39 años que comenzó la tradición familiar.

José nunca se imaginó que la situación cambiara de forma tan radical. Hasta hace un par de semana podía comercializar hasta 180 tamales por día. Llegaba desde las 6:30 horas y se retiraba a las 11 horas; en la actualidad sólo logra vender entre 30 y 40 tamales diarios.

Con los brazos cruzados, cuando anteriormente estaban ocupados sirviendo atole o preparando una torta de tamal, hizo un llamado a las autoridades para cederles otro espacio donde ofrecer sus productos, pues esta es la forma de mantener a su familia.

Los estacionamientos viven una situación similar, cuenta Arturo Zárate Aparicio, cajero de un espacio de este tipo que se ubica tras el inmueble afectado por la naturaleza. El domingo anterior el negocio tuvo el peor día en toda su historia, sólo dos unidades entraron, pues si bien ese día de por sí es flojo, nunca había llegado a esos niveles.

Zárate Aparicio ahora vive con el temor de que el negocio cierre pues cada vez son menos las personas quienes llegan aparcarse, no tiene motivo para hacerlo pues el hospital está arruinado y no creen que vuelva a operar.

Miguel Ramírez Juárez también vive con este miedo, hace un año fue contratado para vender gelatinas afuera del nosocomio, en ese entonces lograba comercializar entre 120 y 130 en el turno vespertino, pero ahora si vende 30, quiere decir que le ha ido bien.

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