De guerras de estructuras y otros trascendidos
A estas alturas del proceso electoral, cuando apenas han transcurrido tres días de campaña, en los cuartos de guerra de Blanca Alcalá Ruiz y José Antonio Gali Fayad tienen bien claro que las batallas más importantes deberán ser libradas por aire, con propaganda y mensajes que intenten mejorar su posicionamiento entre los eventuales electores, y por tierra, a través de estructuras que tendrán como principal objetivo la movilización de simpatizantes para el 5 de junio.
Dada la corta duración del periodo de campañas, que será de dos meses, pero sobre todo por la inexistencia de elecciones paralelas para presidentes municipales o diputados locales, como ha ocurrido en todos los procesos anteriores, los colaboradores de ambos candidatos coinciden en prever una baja participación ciudadana.
Frente a eso cobran relevancia el empleo de propaganda y, aún más, la disposición de un ejército de operadores, reconocido como "estructura", que sirva para movilizar el día de las votaciones a los electores afines a la causa y frenar a los seguidores del candidato rival.
El momento decisivo de la contienda de minigobernador llegará precisamente el día de la jornada electoral.
Ahí se medirán, cuerpo a cuerpo, las estructuras de Alcalá y Gali.
Los panistas ya dan por sentada la asistencia y eficiencia de su estructura, lo que les da certidumbre para prever en un resultado favorable.
Los priistas, en cambio, por ser oposición dependen en gran medida de las verdaderas intenciones del gobierno federal.
Si allá en la Secretaría de Gobernación cumplen el compromiso de apoyar con recursos económicos y humanos, el PRI y su candidata tendrán estructura para competir por tierra.
