Legalizar las drogas, no sólo la marihuana, fomentaría la libertad individual, podría quizá reducir la violencia derivada del narcotráfico pero dañaría la salud de los mexicanos, al aumentar el consumo de sustancias nocivas, de acuerdo a los argumentos de pensadores, políticos y académicos presentados ayer en la Ciudad de las Ideas.
El consumo de estupefacientes y otros aspectos de la conducta humana, siempre que no repercutan negativamente en terceros, no deben ser regulados por el gobierno. Esta premisa, defendida por el ex presidente de México, Vicente Fox Quesada, inició la discusión más esperada del octavo festival de mentes brillantes, que cerró ayer en Puebla con la pregunta "What´s the point of prohibition?", "¿Cuál es el punto, el significado, de prohibir?" en castellano.
"Los gobiernos no pueden imponer conductas a los seres humanos, que hemos sido creados libres", insistió Fox Quesada, obligado a defenderse -y negar- los ataques que relacionan esta postura con su asociación a negocios que favorece el uso de marihuana.
Esta afirmación encontró su primer obstáculo en Antonio Mazzitelli. El integrante de la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito en México restringió las elecciones del individuo a un valor superior: la salud humana. "Las drogas, legales e ilegales, producen adicciones, producen daños a quienes las consumen (...) generan violencia en quienes las usan, problemas de salud", enumeró, comparando su ingesta a la utilización de armas de fuego. "Las drogas son legales pero tienen un estatus que restringe su uso".
La adicción a la cocaína, la marihuana o la heroína es, sin embargo, un inconveniente menor, en comparación con los daños que provoca en México la violencia y la corrupción derivadas del narcotráfico, consideró Ricardo Salinas Pliego, presidente de Grupo Salinas y propietario de TV Azteca, cadena que en su momento promovió la campaña "Di no a las drogas".
"Que se jodan los drogadictos y nosotros, todos los demás, vamos a salir adelante y vamos a tener un estado que nos proteja como ciudadanos", llamó, incidiendo en el "margen de utilidad enorme" que supone para las organizaciones criminales el tráfico de droga "sobre todo en países más pobres y menos desarrollados".
DOGMAS CONTRA UTOPÍAS
Para Viridiana Ríos, directora general de México ¿Cómo Vamos?, la solución no es tan fácil. No existe ninguna prueba, incidió, de que la legalización de drogas asegure el fin de la violencia en México. En cambio, advirtió, el número de consumidores sí incrementará, "al menos en corto plazo".
"No necesariamente la violencia va a disminuir porque los grupos criminales no van a convertirse en empresarios, no tienen cualificación (...), migrarán a otras actividades criminales", explicó Ríos, que, con su intervención, intentó "desmitificar la idea de que la legalización va a generar solamente puntos positivos". "En la salud sí va a haber un costo, es necesario un debate mucho más complejo y mucho menos romántico", añadió.
Aunque es necesario explicar qué riesgos conlleva el consumo de una determinada droga, Ruth Dreifuss, ex presidenta de Suiza, pidió no caer en el dogma de la "demonización de las sustancias" y favorecer su regulación, al menos de aquellas como la morfina, cuyo uso es considerado también medicinal. "El Estado tiene que asumir la responsabilidad de estas sustancias y ofrecer a la gente una manera razonable de tratar con esto", exhortó.
La fuerza del mercado puede, no obstante, dificultar estas buenas intenciones gubernamentales. Kevin Sabet, psiquiatra especializado en políticas de drogas y asesor del gobierno de Estados Unidos, se mostró escéptico ante la posibilidad de que la cocaína o la marihuana no se convertirán en nuevos hábitos, como sucedió con el alcohol o el tabaco.
"No estoy en contra de la legalización de todas las drogas estoy en contra de la legalización tonta de la droga", continuó este argumento Mark Kleiman, profesor de Políticas Públicas de la Universidad de Nueva York, para quien el negocio de los estupefacientes es sinónimo al "negocio de la adicción". "Hay un enorme poder del mercado y de los expertos en mercado y - se propone- soltarlos para que creen todos los adictos que sean posible".
¿Y ESTADOS UNIDOS?
Uno de los más fervientes defensores del sí a la legalización, el ex presidente de Colombia, César Gaviria Trujillo, se mostró además muy crítico con la política antidrogas de Estados Unidos. "Este país (México) ha sido demasiado cauto al no responsabilizar a Estados Unidos de los daños causados por las drogas, Estados Unidos no va a cambiar si no tiene la presión de México", señaló.
"Por alusiones" y alzando la voz entre los abucheos del público, Fox Quesada aseguró que no es "tan fácil" imponer una postura semejante. Ríos, también doctora en Gobierno por la Universidad de Harvard, marcó el equilibrio entre ambas actitudes con un llamado al compromiso de las naciones. "Decir que México es víctima de Estados Unidos quita responsabilidad a autoridades mexicanas", reclamó.
