La Suprema Corte investigará un presunto feminicidio

Daniela Rea/Animal Político
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La madrugada del domingo 28 de octubre de 2012, la joven Karla Pontigo, de 22 años, fue encontrada por su hermano herida y moribunda sobre un charco de sangre en la discoteca Play Club de San Luis Potosí, donde ella trabajaba. Horas más tarde murió en el hospital.

El Ministerio Público llegó 38 horas y media después al lugar de los hechos, cuando ya personal de la discoteca había limpiado una parte de la escena de muerte. La necropsia, realizada la madrugada del lunes, dictaminó 39 lesiones. La autoridad ministerial decretó que había muerto por un accidente, al estrellarse contra una puerta de cristal.

La Procuraduría General de Justicia de San Luis Potosí consignó el caso como homicidio culposo y permitió al dueño de la discoteca salir libre bajo fianza. Esto, pese a que varias de las heridas de Karla eran en genitales, labios, ojos y cráneo y zonas cóncavas que difícilmente se habría hecho al estrellarse contra una superficie plana.

El caso de Karla Pontigo llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación que, por unanimidad, en julio pasado, decidió atraerlo para verificar si el Ministerio Público cumplió con los estándares ya establecidos para investigar un feminicidio y verificar también si se cumplieron los estándares nacionales e internacionales para la atención a familiares de víctimas y el acceso a la justicia.

“El análisis que hará la Corte será en dos ámbitos muy importantes para la investigación de feminicidios y para la atención a víctimas en todo el país, no sólo en el caso de Karla, ayudará a sentar jurisprudencia”, explica el abogado Marco Barrera.

¿Accidente?

Karla tenía 22 años, había terminado las carreras de estilista y sistemas computacionales y estudiaba masaje terapéutico, que practicaba en un spa. En agosto del 2012 entró a trabajar como edecán a la discoteca Play.

Todos los domingos su hermano Fernando la recogía en la discoteca al salir del trabajo. Esa madrugada del día 28 de octubre él le llamó para avisarle que había llegado, pero no contestó. Los empleados no lo dejaron entrar al lugar hasta que escuchó que Karla había tenido un accidente y entró a la fuerza, llegó hasta el tercer piso —ahí estaba la cocina, la oficina del jefe y no había acceso a clientes— donde la encontró tirada en el piso, en un charco de sangre. Karla alcanzó a decirle sus últimas palabras: “Ayúdame”, después fue trasladada al hospital por paramédicos.

Esperanza Lucciotto, mamá de Karla, recuerda que al hospital su hija llegó inconsciente y de inmediato fue sometida a una operación para amputarle una pierna por la profundidad de una lesión. Karla murió a las 1:15 horas del lunes.

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