Así se destapó el escándalo de los coches diésel de VW

La Universidad de West Virginia recibió un pequeño encargo del grupo ambientalista International Council on Clean Transportation (ICCT): pedía que el centro de la escuela especializado en Combustibles Alternativos, Motores y Emisiones analizara los escapes de los coches diésel en Estados Unidos, como los vendidos por Volkswagen y BMW.
Los estudios sugerían que los coches diésel contaminaban más en el camino que en el laboratorio, y curiosamente, más en Europa que en Estados Unidos. El ICCT quería averiguar qué habían hecho las automotrices para cumplir con los estándares más estrictos de emisiones exigidos en Estados Unidos y llevar estas mejoras a Europa.
El centro es dirigido por Daniel Carder y examina mayormente motores de gran potencia para camiones y locomotoras, así que hacer pruebas con autos de pasajeros era una novedad. El estudiante del laboratorio Marc Besch pensó que el proyecto sonaba interesante y pidió trabajar en él. Pero había un problema: Carder, Besch y su equipo no pudieron encontrar autos diésel en West Virginia. Así que trazaron rutas de prueba en California, donde una gran cantidad de consumidores han comprado estos vehículos con la promesa publicitaria del "diésel limpio". Y de paso también podrían utilizar los dinamómetros de la Junta de Recursos del Aire de California, esos aparatos utilizados para medir los gases que salen del tubo de escape de un vehículo parado.
De febrero a abril de 2013 probaron tres coches diésel: un Volkswagen Jetta, un Volkswagen Passat y un BMW SUV. Besch estuvo a cargo de la evaluación inicial que empleaba los dinamómetros, y estaba impresionado: los coches apenas registraban emisiones. Pero cuando su compañero investigador Arvind Thiruvengadam se le unió para llevar los autos a la carretera, los resultados fueron muy diferentes. Las diversas pruebas en carretera arrojaron que las emisiones de los dos Volkswagen excedían los estándares entre 5 y 35 veces. Las del BMW no.
Primero pensaron que había un error en los resultados, por lo que recalibraron los instrumentos y siguieron conduciendo. Con el tiempo se dieron cuenta de que efectivamente algo andaba mal. Lo que sale de un tubo de escape en el camino siempre va a diferir de las pruebas ambientales que se realizan en entornos muy controlados. La velocidad, la altitud y la temperatura afectan el resultado. Para aislar la causa, Besch estudió minuciosamente documentos publicados por los mejores ingenieros de Volkswagen que describían el innovador control de emisiones logrado con el nuevo motor TDI de 2 litros. Y estudió también otras teorías sobre el sistema de filtrado del escape, pero nada de eso explicaba el problema con las emisiones.
El 31 de marzo de 2014, Besch, Carder y el resto de los investigadores de la Universidad de West Virginia presentaron sus hallazgos en San Diego, en la conferencia más importante en el campo, la Real World Emissions Workshop. Entre la audiencia estaban reguladores estadounidenses, pero no parecieron entender el alcance de las conclusiones. También había gente de Volkswagen, que contactó al equipo universitario para conocer más detalles. Carder intentó interesar a la automotriz en un estudio adicional con más vehículos, pero no tuvo éxito. “No supimos más de ellos, así que asumimos que habían realizado algunas revisiones. No siquiera hablamos con nuestros amigos en la Junta de California para darle seguimiento al tema. Confiábamos en que habían resuelto el problema”, dice.
Lo que el equipo de West Virginia no comprendió en ese momento fue que habían descubierto uno de los mayores engaños en la historia de la industria automotriz. El 3 de septiembre de 2015, VW admitió ante Estados Unidos y los reguladores de California que no sólo había vendido vehículos altamente contaminantes, sino que deliberadamente los había equipado con "dispositivos trucados" que detectaban cuando el auto era sometido a una prueba oficial de emisiones y escondían lo peor, químicos que contribuyen al smog y a la lluvia ácida.
El FBI abrió una investigación criminal, y una investigación de la agencia de protección ambiental podría derivar en multas de hasta 18 mil millones de dólares. VW planea llamar a revisión 11 millones de coches y se prepara para demandas colectivas de consumidores.Para recaudar los fondos que la empresa necesitará para pagar todos los costos asociados con el escándalo, varios analistas de la industria prevén que VW venda una o más de sus 12 marcas, como Bentley o Ducati.
