Festejo por la libertad de expresión se convirtió en la comida del morbo
La comida que el día de ayer organizó el gobernador Moreno Valle para “celebrar” con sus dóciles corderos el Día de la Libertad de Expresión fue planeada antes de las elecciones, con el único fin de celebrar el contundente triunfo del Señor de los Cerros.
El pretexto era lo de menos, celebrar en Puebla el Día de la Libertad de Expresión es como festejar la castidad y la abstención en Sodoma y Gomorra.
Sin embargo, había que juntar a los miembros de esa la incondicional secta morenovallista, bautizada como el tripack, para celebrar y exigir que el triunfo electoral del pasado domingo era un paso más del morenovallismo en su camino hacia Los Pinos.
Craso error.
El triunfo apabullante nunca llegó y la mayoría de los invitados a la celebración asistió con el morbo de ver el rostro de un personaje soberbio que hasta antes del domingo se sentía invencible.
Lanzadas las invitaciones y con la comida organizada, Moreno Valle se vio obligado a que sus incondicionales le prepararan con sus plumas un ficticio escenario de triunfo, el cual no se cree ni el más inocente miembro de este grupo político.
Así las cosas, Moreno Valle convivió y no tuvo más remedio que tomar el micrófono y actuar ante casi todos los medios de comunicación.
Todos escucharon, aunque es bien sabido que dentro de la incondicionalidad muchos de los tripack son mudos detractores del gobernador y esperan el momento para lanzársele a la yugular.
Por lo pronto, ayer sólo rieron y disfrutaron por dentro, mientras aplaudían la perorata del todopoderoso.
Ya les llegará el momento de reír abiertamente, como reíamos ayer en el Fisher's un grupo que realmente disfrutaba de su libertad de expresión.
Esa sí fue celebración.
Una necesaria corrección
Un guión por un uno cambio ayer el sentido de mi columna.
Donde dice “5” debió decir “51 mil votos”, lo cual es la verdadera diferencia, y explica lo que políticamente sucedió en Izúcar.
Por la errata involuntaria, me permito retomar correctamente la columna:
Jorge Estefan no fue al día de campo que muchos esperaban. La operación del estado, a diferencia del resto de los distritos en donde operó con muy poco éxito Eukid Castañón, en Izúcar el que realizó el trabajo sucio, en contubernio con el alcalde de esa cabecera, fue Luis Maldonado.
Mientras el grueso de la clase política daba por hecho que en ese distrito las cosas sería color de rosa para el candidato tricolor, la realidad es que el PRD buscó a toda costa descarrilar a Estefan.
Miles de despensas, operaciones con sobres de quinientos pesos y una campaña negra impresionante con volantes en contra de Estefan, resultaron el preámbulo de una elección que le dio en números redondos 51 mil votos al PRI-Verde, contra 20 mil del PRD y 3 mil para el PAN.
Si partimos de la base de que entre el PRI-Verde y el PAN se dio una diferencia de poco más de 100 mil votos en favor de los tricolores, tenemos que la mitad de esa diferencia de votos está en el distrito de Estefan.
Es decir, que además de ser el distrito con la mayor aportación al PRI de manera porcentual en el estado, es quien marca la mitad de la diferencia con el PAN en todo el estado,
Es un tema de auténtica lógica; hoy por hoy, Estefan está jugando y fuerte en la sucesión gubernamental, sea en el 2016 o en el 2018.
Así que vayan sumando seriamente este nombre en lo que será la guerra sucesoria.
Ya lo verán.
http://intoleranciadiario.com/detalleOpinion/4634/contracara/la-comida-de-la-ignominia
