Si usted que lee estas líneas se cuenta entre aquellos militantes del PRI que aspiran a competir por el gobierno del estado, ya sea en 2016 o en 2018, vale la pena que se haga dos preguntas básicas antes de seguir adelante en la puja por Casa Puebla.
Desde luego, de la sinceridad de las respuestas dependerán las posibilidades de éxito en caso de que decida mantenerse en la lucha por ese codiciado y complejo objetivo llamado gubernatura.
Eso sí, mientras reflexiona, trate de olvidar el término que oficialmente le ha otorgado la Constitución al siguiente periodo de gobierno. Imagine que hay posibilidades de extender la denominada 'mini' y que eso de un año con ocho meses pronto podría pasar a la historia gracias a una inesperada reforma electoral.
Primera interrogante:
¿Está usted preparado (o preparada) para pisar el acelerador a fondo en la carrera por Casa Puebla a partir del lunes 8 de junio?
La sucesión del gobernador Rafael Moreno Valle ingresará en una fase de aceleración dentro de un plazo no mayor a tres semanas, un día después de que se lleve a cabo la elección de diputados federales.
Allá en el cerro de Loreto y Guadalupe lo tienen bien claro.
De ahí que no resulte difícil anticipar el eventual relanzamiento de las actividades políticas de José Antonio Gali Fayad, presidente municipal de Puebla, una vez transcurridos los comicios.
No se llame sorprendido si justo el lunes 8, o cualquier otro día de esa semana, el precandidato del PAN al gobierno del estado realiza un acto público de características inusuales.
Será el comienzo de esa fase de aceleración.
Usted, que es un priista experimentado y muy serio en eso de la competencia política, debe estar armando estrategias para ir a la batalla en esa misma semana, para no quedarse atrás del impetuoso blanquiazul e incluso para tratar de arrebatarle la delantera que ahora posee.
Si no es así, si piensa que una vez que sea el elegido (o la elegida), 'papá' Peña Nieto vendrá a hacer la tarea por usted, aun faltando unos cuantos meses para la elección, mejor retírese.
No habrá manera de competirle a Gali, al PAN o al morenovallismo, o a los tres juntos, si se cree que la estructura del gobierno de la república puede hacer una operación electoral de ensueño en tan corto tiempo, para ganar la elección de gobernador en 2016.
Vaya, hoy no hay elementos para anticipar siquiera si el Presidente estaría dispuesto a hacerlo.
Pero por el contrario, si está usted listo para lanzarse a la aventura, con mucho mayor fuerza que antes, desde el lunes 8 de junio, adelante, va muy bien, pase entonces a la siguiente pregunta:
¿Comparte usted con los últimos tres gobernadores esa característica en común que tuvieron para resultar victoriosos en sus aspiraciones políticas, aun en contra de los deseos, y por momentos de la operación, de sus antecesores?
Melquiades Morales Flores fue electo candidato del PRI en 1998, al final de un sexenio (el de Manuel Bartlett) en que la cargada oficial estuvo del lado de José Luis Flores Hernández.
Mario Marín Torres hizo lo propio en 2004, luego de dejar en el camino a Rafael Moreno Valle (hoy gobernador) y Germán Sierra Sánchez, opciones que Melquiades habría palomeado primero si hubiese podido.
Fuera del PRI, Moreno Valle repitió la dosis en 2010. Sin ser el 'delfín' del mandatario en turno, derrotó en las urnas a Javier López Zavala (el candidato de Marín) y echó al tricolor de Casa Puebla.
Los tres, Melquiades, Marín y Moreno Valle, en diferentes momentos históricos, batallaron contra un sistema que se negaba a abrirles espacios, y que, en cierto momento, cuando observó peligro en su tendencia de crecimiento, intentó eliminarlos.
Todos pudieron sortear el bloqueo, vencer la andanada en su contra, hacerse de la candidatura y luego ganar la contienda constitucional.
Y lo hicieron, entre otros factores, gracias a una estrategia en común: el proselitismo de tierra, silencioso, de pueblo en pueblo y de comunidad en comunidad que solo puede hacerse en tres, cuatro, seis o más años... pero no en menos.
Sea sincero.
¿Comparte esa característica con ellos?
Si no es usted el candidato del grupo en el poder, y dudo mucho que lo sea, requerirá de una fuerza social similar a la que lograron aquellos tres para ir a una elección medianamente pareja.
Sería muy simplista asegurar que ganaron solo por tener arrastre social.
Claro que no.
Para hacerlo intervinieron muchos otros factores.
Pero sin ese elemento de su parte no habrían llegado tan lejos.
Lo mismo sucederá en 2016 para quien sea abanderado del PRI.
Usted que es suspirante tricolor, ¿ya recorrió rancherías, pueblos y comunidades para saludar de mano a la gente y conversar con ella?
Un año no alcanzará.
En el 'war room' panista hay mucho optimismo por esa parte.
Aseguran que ninguno de los tricolores hace un efectivo trabajo de tierra y que todos dan bandazos en eso del acercamiento con la gente.
Puede que tengan razón.
Blanca Alcalá Ruiz utiliza su posición en el Senado para hacer trabajo legislativo... fuera de Puebla y ¡del país!
Enrique Doger Guerrero fundamenta sus expectativas en el manejo mediático, del que, dicho sea de paso, es un experto.
Y Juan Carlos Lastiri imagina que la subsecretaría que encabeza en la Sedesol, junto con los programas de asistencia alimentaria que maneja, es una suerte de varita mágica que le cumplirá sus deseos al portador.
Así estará más que complicado para los priistas.
Por eso es relevante que se sinceren a la hora de responder las interrogantes.
No vaya a ser que, ya enfundados en el traje de candidato, cualquiera de los tres (o algún otro), sufran una fuerte decepción.
@jorgerdzc
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