Fernando Morales, un priista metido en funciones de antipriísta
Que Fernando Morales Martínez se haya integrado al gobierno de Rafael Moreno Valle en calidad de subsecretario de Desarrollo Político y Participación Ciudadana de la Secretaría General de Gobierno debe leerse como el fiel reflejo de lo que ha ocurrido en los últimos cuatro años en la vida política de Puebla.
Más allá de las filias y las fobias que el hijo del ex gobernador Melquiades Morales Flores pueda generar en el respetable, y vaya que provoca más de las segundas que de las primeras, su incorporación evidencia el desarrollo de las dos pistas políticas que han corrido en paralelo desde el primer día de febrero de 2011.
Por un lado está la de Moreno Valle, exitosa y pujante en la suma de liderazgos y cuadros distinguidos de todos los partidos, lo que le ha permitido no solo pulverizar cualquier intento serio de rebelión opositora en el estado, sino atraer esos personajes hacia él hasta convencerlos de trabajar para su causa... y sus proyectos.
Eso hizo con Morales Martínez antes, durante y después de que éste fungiera como presidente del Comité Directivo Estatal del PRI.
Por eso fue que, más que sorpresa, lo que el nombramiento del miércoles motivó fue la confirmación de una tesis ya existente.
De ahí se derivan los adjetivos "exitosa" y "pujante" para la pista política que le tocó armar a Moreno Valle.
Al margen de las alianzas explícitas y visibles que ha emprendido con las fuerzas que lo llevaron al poder y que hoy aún conserva de su lado, el mandatario ha sabido concatenar a priistas de todos los niveles para la consecución de dos objetivos concretos.
Primero, para lograr la gobernabilidad en el estado y obtener los beneficios (políticos, económicos y sociales) que de ella emanan.
Segundo, para minar la fuerza del priismo y quitarle con ello toda posibilidad de recomposición electoral de cara a los comicios locales de 2013 (ya celebrados) y 2016.
El de Fernando Morales es quizá el caso más claro de un priista en funciones de antipriista, más no el único.
Muchos otros militantes 'distinguidos', líderes de 'renovado' perfil y hasta suspirantes a la gubernatura lo hacen también, a escondidas.
Pero esa no es culpa del gobernador, que ha trabajado en lo que le toca hacer, sino, y de quién más, ¡del propio PRI!
La otra pista política, vacía, fría y abandonada durante más de cuatro años, corresponde, precisamente, al partido tricolor.
Dirigentes y militantes han sido los encargados de hundir el barco priista en un proceso que dio inicio al día siguiente de las elecciones locales de 2010, el 5 de julio.
En el PRI, la unidad ha sido menos que una quimera.
El supuesto interés colectivo por encima de los intereses particulares es solo eso, un supuesto.
Y las decisiones de los integrantes de los órganos de dirigencia (incluido el Comité Ejecutivo Nacional), basadas en la conveniencia partidista, no existen.
Por qué espantarse entonces con la incorporación de Fernando Morales.
Ni el gobierno federal pudo impedir que su primer delegado en jefe, Manuel Castañeda Rodríguez, se convirtiera en asesor de Luis Maldonado Venegas y después en secretario de Gobernación del ayuntamiento de Puebla.
La tragedia, pues, no es para el gobierno panista que recluta priistas, sino para el partido que se muestra incapaz de retener a sus militantes por falta de lealtad y compromiso, con todo y que, imagínese, ha vuelto a gobernar en Los Pinos.
Ahí radica la trascendencia, grave para el PRI, del nombramiento del nuevo subsecretario de Desarrollo Político y Participación Ciudadana de la SGG.
No obstante, descalificar al recién estrenado funcionario, acusarlo de traición sin mirar el fondo del problema, no servirá de nada.
Para revivir por su propia cuenta, para aspirar a objetivos serios, el PRI de Puebla tendría que hacer todo lo contrario a lo que ha realizado en estos cuatro años.
Complicadísima la tarea.
Twitter: @jorgerdzc
