Delegados federales, entre la ineptitud y la falta de recursos
La historia del lobo que viene y viene pero nunca llega tiene una fiel representación en las delegaciones del gobierno de la República asentadas en Puebla.
Durante todo el año, que está próximo a terminarse, se dijo una y otra vez que estaba lista una estrategia bien orquestada desde la capital del país para transmitir a la población los logros de la administración federal, esa que encabeza el priista Enrique Peña Nieto.
Nada pasó.
A unos días de concluir el 2014, y ya entrados desde el lunes pasado en el tercer año del sexenio peñanietista, los delegados (y delegadas) federales siguen quejándose de lo mismo:
Que no pueden meter a su gente de confianza a menos que se las arreglen para pagarles un salario "por fuera"; que no tienen recursos ni medios para organizar actos públicos y tampoco para difundir su trabajo; que no han tenido el respaldo que esperaban por parte de los secretarios y directores generales de delegaciones; y en el peor de los casos, que aquí mismo no termina de cuajar un liderazgo que dé cohesión al trabajo y encamine los esfuerzos hacia una misma ruta.
En suma, lo que comentan los delegados en corto, y vaya que se nota, es que están amarrados de manos para promover de manera positiva la imagen del Presidente, como se les ordenó desde la Secretaría de Gobernación no una, sino varias veces a lo largo de este complicado año.
El desorden que impera en las labores de los delegados es evidente.
Salvo por una que otra declaración subida de tono, proveniente de aquellos priistas que en el pasado han adquirido experiencia personal en el manejo de medios, la gran mayoría ni se ve ni se oye.
Puede ser que algunos hayan trabajado en este 2014, y que lo hayan hecho bien, pero de eso no hay eco en ningún sitio.
Lo que se cuenta de ellos, por desgracia para los ciudadanos, tiene que ver más con asuntos de índole político-electoral que con sus responsabilidades como servidores públicos.
En efecto, lo que se dice es que unos ya están en el bando de Juan Carlos Lastiri, que otros le pertenecen a Javier López Zavala, y que los menos compiten por hacerse un lugar en los equipos de precampaña (por la gubernatura, igual que Lastiri y Zavala) de Blanca Alcalá y Enrique Doger.
Varios de ellos le prometen apoyo al precandidato de su agrado en función del 2015, es decir, a cambio de una candidatura a diputado federal para marcharse de la compleja Puebla, que no deja de encontrarse (políticamente hablando) en las manos de Rafael Moreno Valle, el gobernador en funciones que muy pero muy difícilmente le cederá la plaza al tricolor en 2016.
Así andan los delegados federales, entre la ineptitud, la frustración por la presunta falta de recursos (que más bien podría ser de creatividad), la disputa adelantada de los suspirantes a la gubernatura y el deseo personal de competir por una diputación federal el año que viene.
La estrategia prometida para apuntalar a Peña nunca llegó en este 2014.
Ya no se sabe si la culpa radica en la capital del país o aquí mismo, en Puebla, debido a la negligencia de los representantes locales del gobierno.
El Presidente arrancará 2015 con muchas más necesidades de orden, de eficiencia y de difusión que en 2014.
Se habla de relevantes golpes de timón para (tratar de) enderezar el barco.
Seguro que eso incluirá Puebla.
Así que no deben descartarse movimientos importantes en esas tristes y desanimadas oficinas federales asentadas en el estado.
Algunos de los que creen que se irán para contender en los comicios federales podrían acertar a medias.
Se irán, sí, pero no para llegar al Congreso de la Unión.
Eso sería un premio a la ineptitud... y un despropósito.
Twitter: @jorgerdzc
