Doger hará lo que sea para ser candidato del PRI en 2016

Jorge Rodríguez Corona/A Puerta Cerrada/El Sol de Puebla
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Cuando Enrique Doger Guerrero anuncia su determinación de contender por la candidatura del PRI al gobierno del estado, hay que creerle.

Y cuando confiesa a sus colaboradores de mayor confianza que hará todo lo que se encuentre a su alcance para conseguirlo, para hacerse de la nominación dentro del partido tricolor, también hay que creerle.

Antes que cualquier otra cosa, que las lealtades, los compromisos y la congruencia, para Doger están primero sus aspiraciones personales.

Él dirá que eso no es problema, que así es el ejercicio de la política y que al final del camino lo que importan son los acuerdos, aun entre aquellos que en un principio fueron enemigos y rivales.

Puede ser que tenga razón.

Es posible que desde su perspectiva, la que deben compartir muchos otros políticos, tanto priistas como no priistas, no tenga nada de reprochable conducirse por un rumbo y después, cuando las circunstancias cambien, tomar otro completamente diferente.

Unos le llamarán a eso "pragmatismo" y otros "conveniencia", pero nadie negará que en muchos casos resulte una eficiente herramienta de manipulación para alcanzar los objetivos trazados.

Así es Enrique Doger.

Se alía y pelea en función de sus coyunturas y necesidades.

De esa manera consiguió ser rector de la BUAP, luego presidente municipal de Puebla, más tarde diputado local y por último diputado federal.

Sin embargo, que le haya más o menos funcionado con anterioridad no significa que le vaya a seguir dando resultados positivos en el futuro, sobre todo ante los integrantes de una clase política que lo conocen bien, saben de su peculiar estilo y se encuentran al tanto de sus antecedentes.

El riesgo de ir del blanco al negro en un instante, y de hacerlo de manera reiterada en el transcurso del tiempo, es exhibirse como una persona poco confiable.

Eso en política no es bueno.

Por mera sobrevivencia, los grupos que se disputan espacios de poder suelen desechar a los personajes que, como le dijo el panista Jorge Aguilar Chedraui a Doger a través de un comunicado, cambian de opinión y de bando según sus conveniencias.

Ese es el panorama que ahora mismo enfrenta Doger Guerrero.

Que fuera el principal crítico de Mario Marín durante su sexenio pero que al final claudicara en su resistencia a cambio de una diputación local, y que recién empezado el gobierno morenovallista se enlistara como uno más de los aliados tricolores del Ejecutivo pero que ahora reniegue de él descalificando su gestión, son comportamientos que lo dejan mal parado frente a todos: priistas y morenovallistas.

En algún momento de su estrecha relación con Rafael Moreno Valle, quizá derivado del análisis de escenarios vinculados al caso Chalchihuapan, Doger decidió romper de manera abrupta y pública para tratar de convencer al priismo de que sus lealtades siempre han estado, están y estarán en el bando tricolor.

La duda es si podrá hacerlo o no.

Si fuera de la aldea poblana, en el Comité Ejecutivo Nacional que comanda César Camacho Quiroz, quedan convencidos o no.

Me parece que la tiene muy complicada, que no tiene una tarea fácil.

Doger fue muy lejos en su alianza con el actual inquilino de Casa Puebla, tanto que hasta hace unos días, hasta antes del presunto asalto a su casa de gestión ocurrido en la madrugada del domingo, en el PRI se afirmaba que las condenas al gobierno de Moreno Valle obedecían a una estrategia mediática acordada de manera previa con el mandatario.

De ese tamaño son los cuestionamientos acerca de la credibilidad del ex presidente municipal.

Ahora que ha multiplicado la metralla en contra del morenovallismo es muy posible que nadie dude de su rompimiento con el gobernador panista.

Pero de eso a que vuelva a ser un político confiable en las filas del PRI es otra cosa, con todo y el respaldo que le ha venido concediendo el poderoso Manlio Fabio Beltrones Rivera.

Ese el "pequeño" obstáculo en las aspiraciones de Doger.

Quiere ser candidato en 2016, seguro.

Hará lo que pueda, claro, hasta confrontarse con Moreno Valle en aras de recuperar su legitimidad.

Habrá que ver a dónde llega.

Es habilidoso, echado para adelante.

En una de esas da el campanazo... y la gran sorpresa.

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