Caída en popularidad de EPN abre la puerta a la alternancia

Jorge Rodríguez Corona/A Puerta Cerrada/El Sol de Puebla
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Después de revisar los resultados de la más reciente encuesta de Consulta Mitofsky sobre la opinión que tienen los mexicanos del presidente Enrique Peña Nieto y su gobierno, no es difícil comprender qué ha motivado al gobernador Rafael Moreno Valle a ir tras la candidatura presidencial de 2018 cuando hace apenas un año tenía serias dudas.

Peña Nieto atraviesa una severa crisis de imagen a nivel nacional.

No sólo es aprobado por el 49 por ciento de la población, contra 50 por ciento que lo desaprueba, sino que estos números son los peores obtenidos por los últimos mandatarios en el sexto trimestre de su sexenio.

Salvo el caso de Ernesto Zedillo Ponce de León, que padeció las consecuencias del presunto "error de diciembre", Carlos Salinas de Gortari, Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa arribaron al mes 18 con mucho mejores resultados que Peña.

Según Mitofsky, Salinas llegó al sexto trimestre del gobierno con 71 por ciento de aprobación popular, contra 16 por ciento de desaprobación.

Fox consiguió un 63/30, respectivamente, y Calderón un 61/37, también en ese orden.

Zedillo, que en su momento obtuvo porcentajes de 34 contra 63, ha sido el peor de los últimos cinco presidentes. Sin embargo, a diferencia de los otros cuatro, incluido Peña, se vio obligado a lidiar con la devaluación del peso de diciembre de 1994 y la consecuente crisis económica.

Para cualquiera con visión de futuro, en el contexto actual, Peña Nieto estaría ubicando al PRI en una situación de vulnerabilidad política y lo estaría trasladando al riesgo de recibir un revés de tamaño monumental en las urnas, como Zedillo en el 2000.

Justo eso es lo que ya debió de advertir Moreno Valle.

Hace un año y quizá más atrás, en el equipo compacto del gobernador se daba por hecho que su jefe había desterrado la idea de competir por la presidencia de la república en 2018.

Sin darle vueltas al asunto, los colaboradores que comentaban sobre el tema decían que Moreno Valle nunca competía en una contienda que considerara perdida por anticipado y que quizá terminaría anotándose por un lugar en el Senado, nada más.

Agregaban, como cualquier analista político por aquel entonces, que sería prácticamente imposible que Peña Nieto no retuviera el control de Los Pinos para su partido, el PRI, después de su salida.

Las versiones eran creíbles.

Siendo Moreno Valle un político pragmático acostumbrado a ganar, resultaba impensable que pretendiera apuntarse en una elección donde fuera derrotado por la maquinaria priista.

Está claro que algo cambió con el tiempo.

La hiperactividad del mandatario poblano, puesta de manifiesto en su paso por la Conago, su reciente inmersión en el CEN del PAN y los visibles esfuerzos por repetir la dosis en el PRD a través de Los Chuchos, evidencia el regreso a la ruta primaria de aspiraciones: la candidatura presidencial.

Si la busca, es porque cree que puede ganar.

De continuar la desaprobación ciudadana al gobierno federal, los electores estarían dispuestos a volver a cambiar de partido en las elecciones presidenciales de 2018, siempre y cuando, desde la oposición, participe un candidato lo suficientemente competitivo que los motive ello.

Hoy por hoy el escenario existe.

Y es ahí donde, me parece, radica la parte más interesante del estudio elaborado por la empresa de Roy Campos (que puede leerse desde ayer en la página de internet www.encuesta.mx).

Consulta Mitofsky preguntó a sus encuestados si consideraba "mejor" o "peor" la situación actual del país en tres grandes rubros: político, económico y de seguridad, y presentó los porcentajes de respuestas por segmento poblacional.

El segmento de "identidad partidista", que subdividió en cuatro áreas, es elocuente.

Ciudadanos "panistas", "perredistas" e "independientes" consideraron, por una amplia mayoría, que la situación del país en esos tres rubros ha empeorado.

La sorpresa es que, además de ellos, los eventuales electores identificados como "priistas" también opinaron que las condiciones económicas y de seguridad están peor que antes, y en las condiciones políticas los comentarios negativos quedaron sólo un punto por debajo de los positivos.

Si los tricolores no están convencidos de lo que hace por ellos el gobierno emanado del partido al que pertenecen, no hay porqué esperar que sean leales en las urnas.

La alternancia entonces estaría de vuelta.

Punto a favor de Moreno Valle o de quien aspire a competirle al PRI en la sucesión de 2018, sobre todo si ese "quien" logra aliar a los principales partidos opositores al tricolor en una inédita coalición electoral.

La contienda aún está muy lejos para dar por sentado que Enrique Peña Nieto se quedará a contemplar cómo le arrebatan la Presidencia a su partido en las urnas, dirá usted.

Cierto.

En cuatro años pueden pasar muchas cosas.

Y seguro pasarán.

No obstante, sea lo que sea que haga el Presidente, si no va acompañado de un alza en sus niveles de aprobación ciudadana, de poco servirá.

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Raymundo Vega y Crespo, quien actualmente se desempeña como director de Comunicación Social en el gobierno de Mariano González Zarur en Tlaxcala, recibió hace unos días el título y la cédula profesional que lo acreditan como licenciado en Periodismo.

Vega y Crespo fue beneficiado por el acuerdo secretarial 286, un programa de la SEP federal que ofrece a los profesionales de la comunicación del país la posibilidad de obtener licenciaturas en Ciencias de la Comunicación y Periodismo a través de la acreditación de conocimientos adquiridos o por experiencia laboral.

Don Ray, quien ya era licenciado en Derecho, demostró con creces conocimiento y experiencia en la materia.

Vaya desde este espacio una felicitación al amigo.

@jorgerdzc

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