Israel Pacheco, víctima indefendible de una detención anunciada
Lo sucedido el fin de semana pasado respecto a la detención del líder sindical de ayuntamiento de Puebla, Israel Pacheco, debe verse desde muy distintos ángulos.
De entrada, hay que partir de la base de que este personaje ha hecho y deshecho con los derechos laborales de los miembros de su sindicato, beneficiándose, tanto en lo personal como en lo familiar, gracias a las prebendas recibidas de las administraciones municipales, que se doblaron ante el poder del señor Pacheco.
En Intolerancia Diario hemos dado un seguimiento permanente a los excesos cometidos por este líder sindical presentando evidencias periodísticas de los malos manejos de quien convirtió a este sindicato en un negocio personal.
La hemeroteca de esta casa editorial atesora las pruebas que señalan a Israel Pacheco como uno más de los líderes “charros” que utiliza sus cargos sindicales para lucrar con el aval y la complicidad de los gobiernos.
Más ejemplos de estos caciques sindicales sobran aquí mismo en Puebla, uno de ellos lo ha hecho este mismo sexenio y se apresta para hacer de Audi su nueva fuente de riqueza; aunque de ellos me ocuparé en próximas entregas.
Regresando al personaje de hoy, resulta evidente que su negro historial lo convierte en un sujeto indefendible.
Un caso similar al de la madrina del Señor de los Cerros, a quién nadie defendió al momento de ser encarcelada. Sobra decir que ni su ahijado.
Lo mismo le ha sucedido a Israel Pacheco, quien, independientemente de su vergonzante currículum, fue privado de su libertad en una clara muestra de autoritarismo.
Y es aquí en donde se debe marcar una diferencia.
Una cosa es que Israel Pacheco sea un pájaro de cuentas y otra que se valga armarle un tamal con tal de desarticular a su sindicato y así imponer un nuevo sindicato blanco.
Fue burda y evidente la estrategia implementada desde Casa Puebla para preparar la detención de Pacheco.
Una extorsión denunciada por un esquirol se cocinó en la Procuraduría de Justicia del Estado, mientras la prensa morenovallista dedicó una semana para defenestrar a Pacheco.
La consignación del Ministerio Público motivó la inmediata orden de aprehensión obsequiada por un juez de Defensa Social, el cual terminó dictando auto de formal prisión al debilitado líder, quien pasará cuando menos un par de meses en la sombra, mientras se resuelve el amparo promovido por su defensa, pasando tras las rejas el tiempo suficiente para desmantelar su organización sindical.
Pruebas para inculpar a Pacheco por sus excesos como líder sindical deben existir muchas, pero armarle un delito de extorsión por la denuncia de un esquirol es una auténtica vacilada.
En esa lógica, debemos preguntarnos si la acción implementada por el gobierno morenovallista se justifica por el negro historial de Israel Pacheco y si en estos casos puede violentarse el derecho imperando el autoritarismo típico de este gobierno.
Seguramente no faltarán los que aplaudan los procedimientos morenovallistas, impregnados de un maquiavelismo puro; sin embargo, es evidente que estos excesos de poder pueden ser utilizados en contra de cualquiera que se oponga a los caprichos del Señor de los Cerros.
Es evidente que todo aquel que no se someta a los designios del todopoderoso está a expensas de que el aparato de justicia estatal le caiga encima, dejándolo en un absoluto estado de indefensión.
Conste que Israel Pacheco no es el primero en lo que va del sexenio, y seguramente no será el último.
Un SOS ciudadano
El día de ayer recibí un mensaje de un lector, para denunciar que la PGJ aseguró el jueves de la semana pasada una casa ubicada en la colonia del Maestro, en la calle Rafael Serrano 1921, entre La Fragua y Justo Sierra, cerca de plaza San Pedro.
El problema es que la casa fue asegurada con sellos oficiales de la PGJ, derivado de la averiguación previa 1/2014/FGM, pero dejaron a tres perros gran danés en el interior, además de que los dueños que fueron detenidos tenían conejos, gallos y otros animales.
La prepotencia y la falta de criterio de los agentes ministeriales que custodian la casa con armas largas no permiten el auxilio y el rescate de estos animales, que, por obvias razones, desde la tarde de ayer ya dejaron de ladrar.
Me queda claro que la nueva ley de protección a los animales la PGJ se la pasa por el arco del triunfo.
Ojalá que alguien en la Procuraduría aplique rápidamente el sentido común —si es que alguien ahí lo tiene— para salvar a estos animales.
