La renuncia o los tribunales, en el futuro de Israel Pacheco

Jorge Rodríguez Corona/A Puerta Cerrada/El Sol de Puebla
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Una vez que se han hecho públicos los excesos con que se ha conducido Israel Pacheco Velázquez en el rol de dirigente sindical en el ayuntamiento de Puebla, hay que preguntarse con rigurosa puntualidad qué es lo que ocurrirá con este personaje en el futuro inmediato.

Una mayoría de observadores asegura que la historia terminará con su dimisión al frente del sindicato, que en cuanto abandone todo espacio de poder e influencia en la comuna, dejarán de brotar nuevos trascendidos en contra de su ya de por sí maltrecha reputación.

Eso es posible.

No obstante, hay otros observadores, menores en cantidad, que se preguntan si las actuales autoridades municipales, las que encabeza el edil José Antonio Gali Fayad, querrán ir a fondo en el asunto para llegar a los tribunales judiciales, con todo lo que ello implique para el inculpado.

Este grupo de comentaristas prevé que Israel Pacheco no volverá a dormir en paz con una mera renuncia.

Hoy en día gana la primera opción, pero no debería descartarse la segunda.

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Otra duda que ha brotado en torno al tema de Pacheco Velázquez tiene que ver con el pasado, más que con el futuro.

Ante el cúmulo de informaciones negativas en su contra, la gran pregunta es por qué ninguno de los anteriores presidentes municipales, desde el priista Mario Marín Torres hasta el panista Eduardo Rivera Pérez, lo despojó de todos esos privilegios.

Que reciba las cuotas de los sindicalizados y haga con ellas lo que le venga en gana es un tema que debe resolverse entre trabajadores, en efecto, en el que ningún edil puede entrometerse de manera unilateral.

Pero que varios de sus hermanos reciban sueldos superiores a 30 mil pesos por hacer muy poco, o nada, requiere de cierta complicidad por parte de varios funcionarios de primer nivel, entre ellos el alcalde en turno.

Es por eso que deberían pedirse algunas explicaciones a aquellos ex servidores públicos que cohabitaron con el líder sindical en el pasado.

Nada más para salir de dudas.

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La inclusión de Guillermo Deloya Cobián en el grupo de supuestos candidatos punteros para dirigir el Comité Directivo Estatal del PRI ha puesto nerviosos a varios de sus compañeros de partido.

Que sea un hombre cercano a César Camacho Quiroz, líder nacional tricolor, lo ha convertido en el rival a vencer de aquellos "cuadros distinguidos" que ya se asumían con un pie dentro de la dirigencia.

Si lo veían lejano, ahora lo miran en la punta de la disputa por la silla de Pablo Fernández del Campo, sobre todo después de que su nombre figurara recientemente en el paquete de los presuntos finalistas.

La realidad es que no debería haber tanto nerviosismo.

Deloya quiere un cargo de elección popular y sabe que desde la presidencia del PRI eso podría complicarse, debido a que el nuevo contexto político demanda la definición de un dirigente ajeno a la puesta en marcha de proyectos personales.

Fernández del Campo lo hizo.

Aun como líder del partido se quedó con la plurinominal número uno para asegurar un lugar en el Congreso del Estado.

Cuentan en el edificio de Insurgentes Norte (sede nacional del tricolor) que eso no ocurrirá otra vez, al menos no por ahora.

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El motivo del priismo para evitar la confrontación directa con el resto de los partidos en la elección de las juntas auxiliares podría encontrarse en la realidad planteada ayer por Rodolfo Rivera Pacheco.

En la columna que publica en www.statuspuebla.com.mx, el director del Buró de Estrategias y Análisis del Poder expuso los resultados de una encuesta realizada para conocer la evaluación de los habitantes de la ciudad de Puebla al trabajo de los tres niveles de gobierno: federal, estatal y municipal.

El peor evaluado y único reprobado fue el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, al que los encuestados dieron 5.48 puntos de calificación, de un máximo posible de 10.

Aun con las mejoras de la imagen del país en el extranjero a partir de las reformas constitucionales, los mexicanos (y en concreto los poblanos) no perciben un crecimiento económico en sus bolsillos, lo que se refleja en un índice de desaprobación social de 52.3 por ciento, según el mismo estudio.

Eso explicaría por qué del lado del PRI le rehúyen a la disputa contra el PAN.

La marca tricolor, al menos en la ciudad de Puebla, sigue devaluada.

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