Rivalidades por la gubernatura acentúan fracturas en el PRI
Si entre los cuadros distinguidos del PRI, aquellos que por una u otra razón aspiran a la gubernatura del estado y se creen con méritos para conseguirla, hay diferencias irreconciliables que llevan a la consabida división del partido, entre personajes de menor pedigrí, dígase más terrenales, la pugna es prácticamente la misma.
A la pelea adelantada por la candidatura mayor en el priismo, la que dará oportunidad de competir por Casa Puebla en el 2018, debe añadirse otra guerra interna que ha comenzado a darse en los liderazgos informales del tricolor, la mayoría de ellos radicados en el Congreso del Estado, en la bancada poblana de diputados federales y hasta en órganos de representación tradicionalmente poco influyentes como la Fundación Colosio.
Más allá del arsenal que preparan en supuesto sigilo figurones como Juan Carlos Lastiri Quirós, Blanca Alcalá Ruiz, Javier López Zavala, Jorge Estefan Chidiac y Enrique Doger Guerrero, entre otros que irán asomando la cabeza, para enfrentar la contienda por la sucesión del morenovallismo, en la parte media de la estructura tricolor han surgido rivalidades personales que acentuarán todavía más las fracturas existentes.
Luego entonces, si el combate de los primeros planteaba pronósticos negativos para los deseos de unidad expresados por las senadoras Ivonne Ortega Pacheco y Angélica Araujo Lara, enviadas del Comité Ejecutivo Nacional para velar por el presente y futuro del partido en Puebla, la pelea de los segundos ahondará la crisis y le restará posibilidades de éxito en las elecciones federales de 2015.
En el PRI local hay personajes que en poco tiempo han crecido en protagonismo.
Motivados por aspiraciones personales, igual que los de mayor pedigrí, estos tricolores de medio caché han ingresado en una disputa por un lugar en los afectos del CEN y sus representantes.
El caso más evidente de ello ocurre en el Poder Legislativo, donde un Víctor Giorgana Jiménez, en su papel de líder de la fracción y presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, ha enfadado al resto de sus compañeros por pretender asumirse como mandamás de todos ellos y enlace oficial de la bancada con la dirigencia nacional.
"Víctor se muestra sobrado en el trato y en ocasiones actúa de manera prepotente. Lo peor es que ha tomado decisiones que competen a todos sin consultarnos", confiesa un diputado integrante de la fracción tricolor que ya ve con recelo cada una de las acciones de su representante.
Cuentan que en el fondo lo que mueve a Giorgana es el interés de pelear por una diputación federal el año que viene.
Eso es muy posible.
Allá en el distrito 16, del que es representante, se ha corrido la voz entre los integrantes de su estructura electoral para decir que contenderá en 2015, y que comiencen a trabajar para mantenerlo con un nivel de posicionamiento aceptable.
No es malo que Giorgana tenga aspiraciones.
Pero que las tenga lo lleva a conducirse de una manera que genera molestia y división entre sus compañeros.
Un ejemplo de ello sucedió el lunes 3 de marzo, en el marco de la presentación de Araujo Lara como delegada especial del CEN, cuando Giorgana desplazó a Fernández del Campo de la representación priista en la entidad.
Sin embargo, Víctor no es el único que tiene aspiraciones y que por tanto actúa en consecuencia.
En el mismo camino andan Leobardo Soto Martínez, José Chedraui Budib (quien más casas de gestión ciudadana ha abierto) y hasta Pablo Fernández de Campo.
El cetemista se resiste a ser enfrentado con el morenovallismo, el empresario mantiene expectativas de altos vuelos gracias a sus nexos nacionales y el "dirigente" se niega a perder lo poco de poder que aún conserva.
Todos ellos, de diferentes formas y empleando diversos estilos, le disputan el liderazgo a Giorgana, con las consecuencias internas que usted ya imagina.
Fuera del Congreso del Estado hay una pelea de elevado octanaje entre los diputados federales José Luis Márquez Martínez y Carlos Sánchez Romero, la cual ha tenido repercusiones negativas para otra de sus compañeras, Rocío García Olmedo.
Los tres pugnan desde sus trincheras por la dirigencia estatal del partido y en ello han acrecentado las fracturas que presuntamente vino a sanar Araujo Lara.
Apenas el sábado, Fernández del Campo y Héctor Sulaimán Safi pelearon por la representatividad del partido en la ceremonia que conmemoraba el 20 aniversario del asesinato de Luis Donaldo Colosio, malogrado candidato presidencial priista.
Como presidente de la Fundación Colosio, Sulaimán organizó cada detalle del acto público que se realizó para el homenaje.
En lugar de otorgarle crédito por ello, Fernández del Campo llegó al parque de todos los años y se apropió del evento.
Como verá usted, los desencuentros no son pocos ni irrelevantes.
La maquinación de proyectos personales de mediano plazo, sumada a la inexistencia de un Comité Directivo Estatal del que emanen fuerza y autoridad moral para llamar a cuentas a los desordenados, es un asunto que debe atenderse con urgencia desde el CEN.
A menos, por supuesto, que aquello de la unidad fundamentada en el proyecto por retornar al poder no sea más que simple retórica de sus dirigentes.
Twitter: jorgerdzc
