Ambulantes abiertos al diálogo más no a la reubicación

Belén Cancino/El Sol de Puebla
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Abiertos al diálogo pero no a la reubicación, porque se reconocen como son un "mal necesario" que satisface su necesidad de empleo y la demanda de pacientes, familiares y hasta del personal médico, se manifestaron ambulantes que trabajan alrededor de los Hospitales de La Margarita, San Alejandro y San José.

Aunque para la mayoría no es nueva la intención de alejarlos de los nosocomios, casi todos confesaron a El Sol de Puebla su sorpresa de que el Ayuntamiento de José Antonio Gali Fayad pretenda reubicarlos en breve para dar cumplimiento a la Ley de Salud que restringe la existencia de comerciantes informales a menos de 100 metros de distancia de hospitales.

Y es que coincidieron en que ofrecer alimentos, antojitos, botanas y artículos de higiene personal alrededor de los nosocomios no los hace malas personas o delincuentes, sino que es su ocupación por necesidad. "No estamos enfrente, no obstruimos el paso y es más, no dejamos que nadie se ponga en la banqueta de enfrente para no causar problemas", dijo para defenderse Ángela Pérez Juárez, quien tiene su puesto de comida en la acera frontal a la entrada principal del Hospital de Especialidades del IMSS La Margarita.

De hecho presumió que el año pasado, el entonces delegado del IMSS, Francisco Fraile García, firmó un documento a su favor, que dirigió al Ayuntamiento de Puebla, para exponer que él no tenía inconveniente alguno con la operación de ambulantes, fuera del Hospital.

Además explicó que como parte del cuidado de su propio trabajo son cuidadosos con la preparación de los alimentos, usando ingredientes frescos y limpios que manipulan higiénicamente, "vienen hasta los doctores, y si regresan es porque no les ha hecho daño", completó.

Don Silvestre, vendedor de jugos, dijo que aunque están en desacuerdo con la reubicación que pretende hacer el Ayuntamiento, dejarán que sea su lideresa, Rita Amador López, de la organización 28 de Octubre, la que negocie y busque que sean lo menos afectado posible.

A cambio de que les permitan mantenerse en sus lugares a menos de 50 metros de distancia, aseguró que estarían dispuestos a negociar una reubicación entre ellos, la reducción de sus espacios e incluso el mejoramiento en sus propios puestos.

Señaló que se resisten no por capricho, sino porque sus puestos fuera del Hospital son su única fuente de ingresos, y la reubicación les provocaría un considerable decremento en sus ventas, "a nuestra edad, 30 ó 40 años, ya no nos reciben, ya no nos quieren dar empleo, entonces qué vamos a hacer, nada más nos queda luchar por nuestro lugarcito", remató Ángela.

Mientras que los vendedores instalados en las banquetas que rodean al Hospital San Alejandro, añadieron que son un "mal necesario", porque ofrecen a los pacientes, familiares y hasta a los mismos médicos, los productos que necesitan, económica y rápidamente.

"La gente viene porque luego los doctores les piden jugos para sus pacientes, y muchos de ellos están solos, no tienen tiempo para andar buscando lo que necesitan", reviró Ángeles Vázquez, justo tras despachar dos botellas de jugo a dos enfermeras.

Incluso dijo que además de los pacientes y sus familiares, el otro sector que resultaría afectado con la reubicación de los ambulantes serían los propios médicos, enfermeras y demás personal del hospital, pues señaló que algunos días, sus mayores clientes de aguas, refrescos, jugos y hot dog´s son ellos mismos.

Y a ella añadió, tampoco le convendría que cambiara la dinámica de trabajo, porque en ningún otro empleo le pagarían lo que gana ahí y con la ventaja especialmente, de que puede tener a sus tres hijos cerca al mismo tiempo.

En tanto que Maritza Hernández, confió en que igual que otras veces, la reubicación no trascienda del rumor, porque afectarían a decenas de personas, que no tienen estudios ni algún tipo de preparación y que ya son de edad avanzada, como para conseguir un empleo.

Entre ellas, Carmela Hernández, quien dice que ha pasado gran parte de su vida de 60 años, ofreciendo dulces y botanas frente al acceso principal del Hospital, "no sé yo qué haría si me quitan de aquí", remató.

Hugo Corona, esposo de Maritza Hernández añadió que sólo aceptarían la reubicación si les ofrecieran un espacio en un lugar comercialmente activo, no como los mercados El Ferrocarril y La Merced, que generalmente lucen vacíos.

Y consideró que la estrategia para terminar con el ambulantaje, no es la reubicación sino el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos, con la oferta de empleos mejor pagados y de una educación de calidad, "porque si nosotros estamos aquí es porque mandamos a nuestros hijos a la escuela, porque no queremos que sean como nosotros", abundó.

En las inmediaciones del Hospital San José, José García Ramírez, vendedor de tacos árabes explicó que sería la segunda reubicación, luego de la que hizo el año antepasado el gobierno municipal de Eduardo Rivera Pérez, en la zona, y que les trajo como consecuencia, decremento de sus ventas.

Detalló que la apertura de la llamada "Plaza San José", a media cuadra de distancia sobre la 20 Oriente, como parte de la estrategia del Ayuntamiento, es poco rentable para los comerciantes porque la gente no quiere caminar hasta ese lugar, pues teme ser atracado.

HAY OTRAS PRIORIDADES, COMO LA SEGURIDAD

Carlos López, trabajador del Hospital San José, aseguró a El Sol de Puebla que la reubicación de los comerciantes no debe ser prioridad, o por lo menos no en este barrio, en el que el verdadero problema es la inseguridad.

De hecho comentó que los más valientes, por necesidad, son los vendedores ambulantes, porque es común en las inmediaciones del nosocomio, haya delincuentes que aprovechan la alta afluencia de gente, mucha de ella foránea, a causa del hospital, para atracarlos.

Mientras que para otros, como él, es frecuente el robo de autopartes, a cualquier hora del día, a consecuencia de la falta de patrullaje, "el comercio no es prioridad, mejor que vengan y vean a ver si pasa alguna patrulla, si pasan policías, porque pasa (agentes de) Tránsito, pero ellos qué", reclamó.

Y otros, como Altagracia Gutiérrez y Alejandra Hernández, quienes recurrieron a la comida y jugos de los vendedores ambulantes alrededor del Hospital San José, consideraron que el gobierno es insensible a las necesidades y condiciones por las que atraviesa la gente que está en el hospital y más bien, quieren conseguir de ellos, más dinero para sus arcas.