El desmarque del gobierno poblano de Oceanografía

Enrique Núñez/Intolerancia
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Mucho se ha escrito de la multimillonaria concesión otorgada por el gobierno del estado de Puebla a la empresa Osa Constructora y Edificadora, filial de Oceanografía, para la construcción de la autopista Cuapiaxtla-Cuacnopalan (Audi), y del desesperado deslinde de la administración morenovallista anunciando la recuperación de dicha concesión.

Evitando tecnicismos jurídicos, podemos traducirlo a que Oceanografía recibió el derecho de construcción y usufructo de la autopista por 30 años, respaldado por un contrato.

Ante el escándalo, desde Casa Puebla se dio la orden de cancelar este contrato y de operar una campaña mediática en medios nacionales y locales para intentar desviar la atención de la opinión pública respecto a una flagrante complicidad del morenovallismo con Oceanografía.

Como resultado de la operación mediática, periódicos como El Universal, Excélsior y otros más destacaron la cancelación de la concesión de la carretera, utilizando los mismos términos y dándole el mismo sentido a la nota, tal y como se destacó en los medios poblanos, sin ningún cuestionamiento al respecto.

Sin embargo, el desmarque del gobierno poblano, más allá de las notas “a modo” publicadas en estos medios, deja en el aire dos puntos fundamentales: ¿En qué condiciones se otorgó la millonaria concesión? y ¿cuál fue el fundamento legal para cancelar la concesión?

Porque si el motivo de la cancelación fueron las irregularidades del proceso de licitación, entonces estamos ante una acción con tintes de corrupción, similares a las del escándalo de Oceanografía con Pemex.

Y si la razón fue para evitar el escándalo aprovechando las precarias condiciones de credibilidad de Oceanografía y sus filiales como Osa, pues estamos ante un acto arbitrario de parte de la autoridad estatal.

Evidentemente, ninguno de los medios que presurosamente publicaron la nota que intentaba lavarle la cara al gobernador poblano cuestionó el origen de la concesión de la autopista.

Sin embargo, pese a las notas cómodas de estos medios, la realidad es que el mar de estiércol de Oceanografía, en complicidad con altos funcionarios panistas, bañó a Puebla y dejó un ambiente insoportablemente hediondo.

El arte de dobletear el diezmo

Dicen que a río revuelto, cosecha de pescadores. Y eso precisamente es lo que está por suceder en Puebla a favor de los funcionarios que operaron el negocio de la autopista Cuapiaxtla-Cuacnopalan, en donde los diezmos podrían haber rebasado los ocho ceros.

No hay que perder de vista que detrás de la concesión de la autopista se presume que existieron jugosas comisiones, las cuales —en teoría— debieron haberse cumplido al momento del otorgamiento y firma del contrato.

Aprovechando el escándalo, la administración estatal determinó cancelarle a Osa (Oceanografía) el contrato, matando dos pájaros de un tiro: romper con la liga de corrupción con la presunta empresa defraudadora y rompiendo así el compromiso financiero.

Tremendo negocio.

Ahora, ante la emergencia en la que se encuentra el gobierno del estado por haber cancelado el contrato y la premura para otorgar la concesión, podrán beneficiar a una nueva empresa, con los “beneficios” de rigor.

Un diezmo inesperado que servirá para engordar el cochinito con rumbo al 2018.