Se reparten consejeros morenovallistas y yunquistas

Jorge Rodríguez Corona/A Puerta Cerrada/El Sol de Puebla
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Rafael Moreno Valle y Eduardo Rivera pertenecen a corrientes contrastantes dentro del panismo que difícilmente van a converger en asuntos de fondo.

Comparten credenciales de afiliación al PAN, pero van por caminos opuestos y poseen objetivos diferentes.

Parte de esa falta de comunión de motivaciones hizo que el término de la administración municipal de Rivera se viera envuelto en un clima de hostilidad política poco previsible hace un año, cuando las elecciones locales obligaron a los dos personajes a conducirse en una aparente luna de miel ante los ojos de su principal enemigo: el PRI.

En esta historia no hay ni buenos ni malos.

Se trata de la lucha por el poder, de la disputa por el control de un partido que sin Moreno Valle difícilmente hoy estaría gobernando a Puebla, con todo y las desgracias políticas que acompañaron al ex gobernador Mario Marín y que lo pusieron de a pechito frente a sus rivales.

Concluido el proceso electoral, ambos grupos se acusaron de incumplir acuerdos y de faltar a la palabra empeñada.

Después de eso, o gracias a eso, se sumergieron en una riña que justo ahora tiene sus episodios más recientes en la pelea por un sitio en el Congreso del Estado y en la renovación de la dirigencia nacional del blanquiazul.

No obstante, pese a las diferencias existentes con el ex presidente municipal, que no necesariamente conducirán a un enfrentamiento o a un ajuste de cuentas de características monumentales, como algunos prevén, el gobernador dispuso establecer un proceso de negociación para definir a los 14 panistas que buscarán representar a Puebla en el consejo nacional.

Ese es un indicador que no deben perder de vista los líderes de la extrema derecha, los viejos dueños del panismo y sus ramificaciones.

Que con Rivera estén cerradas las puertas (por ahora), no significa que también lo estén con el resto de los integrantes del Yunque.

El ex alcalde es una pieza importante del panismo tradicional, sí, pero nada más.

A través de Rafael Micalco en calidad de vocero y mediador, morenovallistas y yunquistas (donde figuran Jorge Espina, Luis Regordosa y Jorge Ocejo, entre otros) acordaron ir en igualdad de condiciones al consejo nacional del partido.

Es decir, de respetar siete lugares para cada uno de los bandos.

Así pues, mientras la "organización" propuso a Leonor Popócatl, Rafael von Raesfeld, Juan Carlos Espina, Juan Carlos Mondragón, Verónica Sánchez, Ruth Ramos y Jesús Giles, del lado morenovallista ingresaron Roberto Grajales, Salvador Escobedo, Ángel Alonso Díaz Caneja, Genoveva Huerta, Pablo Rodríguez, Violeta Reyes y Fabiola Ramírez Luna.

Esto sucedió en un contexto en el que se presumía imposible la celebración de acuerdos entre ambos grupos.

Ya se ve que no lo es.

El pragmatismo del gobernador impera por encima de filias y fobias.

Hace un par de meses, cuando asomaba el final del año 2013, uno de los colaboradores más cercanos al mandatario le comentaba al reportero que la relación con Eduardo Rivera y el Yunque nunca se desgastará lo suficiente como para impedir la colaboración mutua en situaciones de verdadera relevancia.

Y el futuro para Moreno Valle siempre será de "verdadera relevancia".

El gobernador requiere de todos los panistas, incluso de los más radicales, para seguir transitando en ese partido hacia posiciones de mayor influencia y poder.

La muestra ocurrió el domingo, durante la asamblea estatal del PAN que definió a los 14 eventuales consejeros nacionales.

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