Industria agrícola, asignatura pendiente del sexenio
A propósito de la información que hoy publica Intolerancia Diario respecto a la cancelación de la Ciudad Rural, de la que sólo se colocó la primera piedra, para dejarla en el olvido, me queda claro que el abandono al campo es sin duda un tema en el que el gobernador Moreno Valle debe reflexionar de cara a la segunda mitad de su sexenio.
En el presupuesto de 2014 se tiene previsto un aumento a la partida relacionada con el campo, lo cual hace pensar que —por fin— la agricultura recibirá parte de los apoyos que durante estos tres primeros años no ha recibido.
Lamentablemente, el aumento de las partidas presupuestarias destinadas para el campo no garantiza en absoluto que las cosas vayan a dar un giro favorable para ese sector.
El problema radica en la inexistencia de una política de fondo que pueda cambiar las condiciones adversas con las que trabajan los campesinos y, en general, la industria agrícola.
Aún recuerdo el vaticinio que en esta misma columna hice al arranque del sexenio, cuando descubrimos que en lugar de tractores el gobierno del estado regalaría “tractomulas” al por mayor.
En ese entonces anticipamos el fracaso de la entrega masiva de estas podadoras con yunta integrada, debido a que no representaban ningún beneficio para los agricultores.
Digamos que, para fines prácticos, lo mismo daba entregarle un carrito de HotWheels a cada campesino, que darles esos microtractores de juguete.
Es evidente que alguien le vendió la idea al gobernador, basado en los multitudinarios eventos de entrega de estos equipos, sin explicarle que terminarían arrumbados en las rancherías.
Para transformar el campo se requieren soluciones integrales que contemplen la infraestructura necesaria para crear una verdadera agroindustria, que les permita competir con el precio y la calidad de sus productos en el mercado nacional.
Más allá de un tractor, se requiere de riego, semilla mejorada, fertilizantes, cosechadoras, bodegas y una línea de distribución que les permita poner los productos en los grandes mercados.
Pero, sobre todo, se necesita asesoría y capacitación.
¿Y cómo diablos van a generar un esquema de producción agrícola, si los funcionarios de este sexenio no conocen otro campo que el de golf?
De verdad espero que el aumento al presupuesto estatal para el campo tenga un respaldo estratégico que cancele de inmediato los inservibles microtractores, para poder pagarles una vieja factura a los hombres del campo, con quienes el morenovallismo tiene una enorme deuda.
Esperemos que así como se ha derrochado en helicópteros, teleférico, rueda de la fortuna, tren eléctrico y otros gustitos, ahora gasten en una buena asesoría que los guíe correctamente para darle al campo poblano todo lo que le han negado.
Por lo pronto, el Gobierno Federal —a través de Sagarpa, Sedatu y Sedesol— ha contemplado un aumento histórico al presupuesto para el sector agrícola para asistencia técnica y financiamientos agropecuarios, lo cual hace pensar que el gobierno morenovallista podría aprovechar la coyuntura para verse beneficiado de los diversos programas federales a través de las delegaciones de estas dependencias.
Habrá que ver si se sacuden la soberbia y deciden de una vez por todas apoyar con todo al sector más olvidado de todos: el campo poblano.
Veremos y diremos.
