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Interés público

La dictadura perfecta

Víctor Reynoso
October 29, 2014 06:17:10 PM
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Es muy probable que un gran número de mexicanos crea ciegamente que lo que les presenta la televisión es un fiel reflejo de la realidad política mexicana. Es muy probable que un buen número de mexicanos crea ciegamente que lo que les presentan las películas de Luis Estrada es un fiel reflejo de la realidad política mexicana.

Para cualquiera que reflexione un poco sobre el asunto, las televisoras y las citadas películas reflejan algo, y también ocultan algo de las realidades políticas del país. Muestran y ocultan por varias razones. Primero porque no es posible abarcar toda la complejidad de lo real, ni en la televisión, ni en el cine, ni en las investigaciones académicas. Segundo, porque tanto las televisiones como los que hacen películas tienen intereses particulares.

Si bien es imposible representar fiel y completamente la realidad sí es posible reflejarla y presentarla mejor o peor. Es posible mostrar algunos aspectos de ella de manera que iluminen e inspiren nuestra visión. Y es posible deformarla, reducirla, caricaturizarla. Ese es el tema de uno de los más prestigiados libros de Giovanni Sartori, Homo videns, en el que propone que se está generalizando un nuevo tipo de persona, de homo, que ha dejado de pensar con ideas y argumentos y los ha sustituido con imágenes. La cuestión es que en una sociedad del espectáculo para vender a veces hay que reducir, simplificar, caricaturizar. Puede ser buen negocio, aunque se deforme la realidad.

¿Es la más reciente película de Luis Estrada, La dictadura perfecta, un esfuerzo involuntario, movido por el interés de vender, para promover al homo videns? ¿O es un esfuerzo para mostrarnos aspectos relevantes de nuestra realidad política? Es muy probablemente algo de las dos cosas.

Empecemos con lo segundo. Aunque es sabido, no está de más mencionarlo: con la transición política mexicana lo gobernadores adquirieron una importancia que no tenían en la época del PRI hegemónico. Hasta antes de Fox, Adolfo Ruiz Cortínez fue el último presidente de la república que antes había sido gobernador. En el 2000 los tres principales candidatos a la presidencia (Fox, Labastida y Cárdenas) eran exgobernadores. En 2006 dos de los tres (Madrazo y López Obrador). En 2012 dos de los tres (López Obrador y Peña Nieto). Esta nueva centralidad es mostrada en la película.

También la importancia de la prensa, una cuestión que es fácil subestimar o sobrestimar. Destaca el mecanismo llamado “la caja china”: desviar la atención de un problema político creando otro problema, político o no, que para algunos evoca al “caso Paulette”, una niña fallecida misteriosamente en el estado de México en marzo de 2010 y que fue objeto de una amplísima cobertura mediática.

Destaca también la cuestión de la venta de asesorías de imagen, o algo así, que los medios hacen a los políticos. Con ello se pasa de una crítica, a veces despiadada, a la complicidad del medio, que calla hasta los problemas más serios relacionados con su cliente.

Desviar la atención de un problema creando o centrando la atención sobre otro problema es una estrategia verosímil. Pero limitada. La opinión pública mayoritaria ciertamente tiende al escándalo y al morbo, pero no es fácil que ignore cualquier problema.

Más serio es el problema del dinero público que va de los gobiernos a los medios. Si ese dinero compra impunidad disfrazada de asesoría, la situación es grave. Por un lado porque un bien público (dinero de los gobiernos) se convierte en bienes privados (imagen personal de un político, ganancias cuestionables de los medios). En segundo porque los medios de comunicación dejan de cumplir su función de informar y así hacer rendir cuentas a los gobernantes. Lo que se resolvería con transparencia: cuánto dinero y en qué rubros va de nuestros gobiernos a los medios.

Hay otros aspectos de la película que son simplificaciones excesivas, creídas con ingenuidad no tanto por el pueblo llano, sino por ciudadanos con títulos universitarios y con supuestas visiones críticas de la política. Que un gobernador puede sacar su escuadra y dispararla a la cabeza de quien le da la gana, o que puede simularse con facilidad el suicidio de un adversario político, o que un general del ejército puede cometer delitos tan graves como el secuestro y el asesinato para favorecer a una televisora.

Lo que parece claro es que la censura cinematográfica en México está en su nivel más bajo. Lo que es bueno. Esperemos que la capacidad crítica y el discernimiento de quienes vean la película no esté también en un muy bajo nivel.