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Liberando al hijo del Chapo: paradigmas estratégicos y políticos

Julio Broca
October 19, 2019 04:09:16 PM
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La captura del hijo del Chapo «no ha tenido lugar», sucedió y no sucedió

La paradoja

En días recientes todas las pantallas de México transmitieron una cruenta balacera entre fuerzas de seguridad del Estado y el crimen organizado. La captura del hijo del Chapo «no ha tenido lugar», sucedió y no sucedió.

—Acepta usted que las masacres siguen ocurriendo aun más que en gobiernos anteriores y que Usted es el responsable de esta situación?, ¿reconoce que su estrategia ha fracasado— preguntó al día siguiente un reportero al presidente. Obrador interrumpe, ¿de qué periódico vienes?, del Reforma, contesta tragando saliva el reportero. La concurrencia intenta ahogar las risas. El reportero contraataca —[que Obrador es el responsable] quizá no es solo la opinión de sus adversarios sino de los ciudadanos—. Quizá…

¿Qué paradigma representa el periódico Reforma y qué paradigma un presidente que decide liberar al hijo del Chapo? ¿Cómo afecta esto a nivel estratégico el concepto de lucha contra el narcotráfico y la corrupción en general? Eso analizaremos a continuación.

II Vida cotidiana

La gente que critica con ligereza la liberación del criminal ante una falla táctica, no ha vivido en Tamaulipas, ni en Sinaloa, ni ha vivido qué significa hacer tierra arrasada por ejecutar a un cabecilla. Pero se los cuento en voz de un colega:

Genaro —quien me ha pedido guarde su nombre verdadero— vivió los últimos doce años en un estado del norte: “Mataulipas” me dice y sonríe sardónico. Su vida fue intermitente entre Puebla y el norte por cuestiones de trabajo, vivió como un ciudadano ajeno al mundo de la droga y el narcotráfico con la oreja pegada al radio para saber si ese día podía ir a trabajar a la imprenta o no. Debía mandar dinero a su familia. Me contó, entre otras muchas anécdotas de desaparecidos la siguiente: “Un día vimos una cosa flotando y relumbrando, era un helicóptero, de película. No se podía salir. Habían atrapado a algún cabecilla, lo tenían en el Ministerio Público (MP). El MP parecía cualquier película norteamericana apocalíptica, como una batalla final entre zombis y sobrevivientes. Los sobrevivientes eran todos los que estaban dentro del MP. Afuera, camionetas una tras otra, llenas de jóvenes de quince años más menos, eran enviadas a toda velocidad contra el MP, el único trabajo de sus ocupantes era hacer que se acabaran las balas del helicóptero. Muchos ni alcanzaban a disparar un tiro. Nosotros desde la ventana de la pensión, podíamos ver cómo desde nuestra cuadra unos tipos les daban las armas a esos chicos y los mandaban literalmente al matadero. Y esto podía durar días”.

Días de jóvenes muriendo por nada, por un delincuente que después salía. O a veces ya estaba muerto. Durante el calderonato se operó una inversión de la teoría política. Desapareció la ciudadanía y fue reemplazada por el “daño colateral”. Para entender la dimensión paradigmática del asunto tendremos que hacer historia. 

III 1651

Paradígma: Homo homini lupus est.

1651, aparece en Inglaterra Leviatán de Thomas Hobbes. Con este tratado aparece el Estado moderno y el paradigma que nos rige hasta hoy: Homo homini lupus est —hombre es lobo para el hombre—. Este paradigma supone que si dejamos a una madre sola con su bebé sin la vigilancia del Estado, lo va a preparar en caldo porque la naturaleza del homo sapiens es la maldad, comerse al otro si nadie lo vigila. Y de ahí para adelante. Hobbes plantea que para que esa maldad no nos consuma hacemos un pacto: renunciamos a nuestra violencia y la depositamos en el Estado —el Leviatán— él ejercerá el monopolio LEGITIMO de la violencia.

Así como solo cocacola vende cocacola, solo el Estado puede ejercer violencia LEGÍTIMA, nadie más. Por eso cuando alguien me violenta, no ejecuto venganza, busco al Estado. Acto seguido, el Estado juzga, y concede razón a una de las partes. Si lo considera, puede usar la violencia que todos hemos depositado en él para castigar la transgresión. Suena bien. Lo que no se dice es que el Estado tiene dueños y hacen trampa. Estos dueños ejecutan violencia ilegal contra la población y el Estado la ignora deliberadamente porque son amigos, socios, crecieron juntos. Están coludidos. El neoliberalismo es la expresión contemporánea más cruda de este paradigma.

Pero ¿de dónde proviene el planteamiento de Hobbes de que somos malos por naturaleza?; ¿por qué sostengo que esto es una simplificación? Es una simplificación por su filosofía pragmatista y, como todo pragmatismo, implica el principio de la Navaja de Ockham: el mejor camino es el más simple. Lo que dejó fuera el navajazo fue el resto de la frase Homo homini lupus est y para conocerla completa, si me lo permiten, tenemos que hacer más historia. 

IV C.a. 206 A.C. Paradígma: …quom qualis sit non novit…

Aparece en el mudo grecorromano Asinaria, o La comedia de los asnos, escrita por el satírico Plauto. En esta obra aparece la frase  “Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit” que según diversas fuentes se traduce como “cuando una persona te es desconocida, pues es para ti, como un lobo, no un hombre.” También ha sido traducida como “lobo es hombre para el hombre cuando no reconoce quién es el otro”.  Nos basaremos en esta traducción. Hobbes no habla del desconocimiento o del reconocimiento, no da cabida a la otredad. Eso nos lo enseñan en la escuela cuando hacemos el primer examen de nuestra vida y no se puede copiar: el otro es una amenaza a la propiedad privada de mi conocimiento. Por eso no cuestionamos ese paradigma, su origen es demasiado inicial y ya nos constituye como sujetos. Hobbes no aclara que el peligro entre dos personas es porque no se conocen, de hecho, aniquila la posibilidad del mutuo conocimiento y reconocimiento.

Desde Plauto es totalmente distinto el enfoque. La convivencia no se basa en conjurar el peligro de una humanidad lobuna, se basa en conocerse: hacer al desconocido conocido y por lo tanto, reconocido con más profundidad cuantas más veces se le encuentre en el camino. Por lo tanto, no me interesa derrotarte, sino transformar una realidad que nos afecta a ambos. Esto no es muy complicado pero el autoritarismo, el alcoholismo y la torpeza de los presidentes anteriores jamás iba a permitirles llegar tan lejos. 

Como conclusión parcial a estos dos debates podemos decir que con Hobbes nace la política institucional de la desconfianza y por lo tanto el poder autoritario que ve al pueblo como amenaza. De la política de la desconfianza pasamos a la guerra preventiva, el famosísimo primero “fusilo, después averiguo”, el ejemplo más temprano de la guerra preventiva en América fue la matanza de Cholula hace 500 años. Me parece que no se necesita mucha inteligencia para darse cuenta que esta perspectiva hobbesiana es muy útil para el agresor. Eso fue el distintivo del calderonato que permeó hacia abajo hasta los estados, municipios, ayuntamientos, universidades, parejas, etc. Brotaron pequeños “calderonitos”: presidentes municipales, gobernadores, rectores, y cualquiera que se subía en un tabique, podía replicar la fórmula que dio paso a lo que llamaré los nadiecidios, —lo opuesto al magnicidio y aludo al concepto de nadies de Alain Tourain—. Perseguidos políticos sin aristocracia que jamás contarán su historia. Se comenzó a perseguir a personajes menores de la política como por ejemplo un columnista de ocasión que eventualmente opinaba contra el gobierno o algún activista novel. Podía ser fusilado y después se averiguaba; aunque sigamos averiguando sobre los 43, primero se les asesinó. Por eso durante el calderonato el encarcelamiento, la muerte de periodistas, activistas, y gente común fue tan recurrente.

IV RECONOCER

Entonces, ¿dónde está lo interesante de la acción de Obrador al aprobar la liberación del hijo del Chapo? Bueno, la piedra de toque entre Calderón y Obrador se encuentra en el concepto de reconocimiento. ¿Qué tiene que ver el reconocimiento en una estrategia de seguridad nacional?

Reconocer no es juzgar al otro como superior, sino juzgarse uno mismo y saber qué distancia me separa del otro. Obrador reconoce, si no de palabra, si de hecho, varias cosas: que la táctica del jueves 17 de octubre estuvo mal planteada; que no es enchílame otra agarrar al hijo del Chapo; que la velocidad de reacción del oponente fue superior; que no vale más la captura de un delincuente que la vida de los ciudadanos. Implica aceptar en el momento oportuno, no la superioridad del otro sino la inferioridad propia. Eso duele, y si se tiene baja autoestima, produce furia autoritaria, recordemos a La Reina de Corazones de Alicia en el país de las maravillas. Es un problema para una sociedad simuladora que alguien reconozca sus errores porque pone a esa sociedad en el aprieto de tener que reconocer los suyos. ¿Cuántas organizaciones, gobiernos, estructuras administrativas, etc.  tendrían que aceptar que han fallado a sus agremiados en su seguridad por no saber cambiar la táctica y eso ha constado incluso vidas? Es muy fácil culpar al Estado o al capitalismo y evitar la autocrítica. Son las primeras en utilizar los planteamientos del periódico Reforma para ocultarse.

Cuando no se reconoce, se hace trampa, vil trampa: ante la superioridad de mi oponente, me dopo, me pongo un fierro en los guantes, le enveneno el agua, uso al Estado Mayor presidencial para hostigarlo, mato a su familia, uso mi posición de poder, lo apuñalo por la espalda, pido ayuda externa, le levanto un acta administrativa, invento chismes y noticias falsas, utilizo la seguridad universitaria para golpearlo, lo difamo, abuso de mi autoridad, le acoso laboral y sexualmente, le ignoro, saboteo su trabajo, le culpo de una muerte que no es su culpa, etc. lo vivimos como trabajadores líquidos en la vida cotidiana. Lo que está sucediendo es que Obrador reconoce públicamente a un oponente que lo supera tácticamente en una operación específica y eso es algo nuevo en la política. Pero es un hecho que lo anterior, permite entender las declaraciones del abogado de la familia Loaera, a quien parafraseo, la familia está agradecida con el presidente por no haber actuado como en el pasado, cuando simplemente se ejecutaba al apresado. La cuestión parece aberrante, puede serlo, pero el trabajo del pensamiento no es perderse en la apariencia sino en lo que paradigmáticamente implica esa forma. Es incómodo; quienes han pensado de la misma forma los últimos veinte años o cincuenta, les interpela a moverse de su zona de confort mental, y cuestionar la acción social.

In-conclusión

En su libro Cómo la vida imita al ajedrez, el campeón ruso Garri Kasparov plantea con didáctica precisión la diferencia entre táctica y estrategia. Son principios básicos del ajedrez, no hay que ser un genio. El Borolas se llenó de victorias imbéciles —en el sentido etimológico de imbécil: que necesita apoyo externo— de glorias infames frente a un enemigo que no pudo vencer ni usándonos como carne de cañón. Lo grave es que quizá nos acostumbramos al maltrato y hoy, que un suceso paradigmático ocurre, existen medios de comunicación que tienen más miedo del cambio que de los delincuentes, porque ese cambio les ha sacado de su zona de confort y privilegio.