¿Aceptas tener corazón?

  • Alejandra Fonseca
Tener corazón es vivir el sosiego. Es el doy y vuelvo a la vida de manera incontenible.

El que sabe se entristece’, decían hace años las personas simples. José Saramago escribió: ‘Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada’. Saber es distinto que hacer sentido de la vida.

¿Qué es aquello que debemos hacer porque si no lo hacemos sería imposible seguir viviendo? ¿Qué llena el vacío que sentimos después de colmar nuestras necesidades materiales humanas? Negamos los valores para no sufrir su carencia. Amamos los placeres de la vida, pero no interiorizamos la vida que incluye esos placeres. No es lo mismo gozo que placer. Perdemos las proporciones: Nos falta espíritu y corazón de los que surge la vocación auténtica radical: la que exige al ser humano desde la infancia, dar todo lo que puede dar y ser el que debió haber sido y fue, de inicio a fin.

Tener espíritu es vivir el arrebato. Aventurarse a realizar la probabilidad. El espíritu crece a medida que ponemos cosas dentro. ¿Qué lo llena? La libertad que nace de la conciencia que nos abre la posibilidad de elegir, y que nunca se consigue de una vez y para siempre. El espíritu nos da alas para alzar el vuelo y alcanzar lo que late dentro si lo sabemos auscultar; paradójico alcanzar por fuera lo que viene del movimiento interior.

Tener corazón es vivir el sosiego. Es el doy y vuelvo a la vida de manera incontenible e incontrolable. El guía del espíritu: el Santuario del Ser. ¿Qué llena al corazón? Sentir las intenciones que obligan; la fe ciega y sabia de la interioridad humana que surge sin lógica ni estrategia, pero sabe lo que es. Es el centro secreto e intransmisible de nuestro infinito universo personal; es el hacer sentido de mi vida.

Hay seres humanos que no tienen el valor suficiente para entregarse a sí mismos porque no saben que entregados a sí mismos los demás van incluidos. Pasan junto a las personas sin verlas, o viéndolas, sin sentirlas; viven consigo mismos y no se advierten. Practican el mal llamado amor, que no es amor, sino la intensidad de la pasión narcisista que es un rito y una moda. Canjean la realidad, quizá ingrata, por paraísos artificiales que abren una puerta de escape para emprender un suicidio lento y seguro.

La consciencia no es una elección ni una propuesta: es obligatoria y si no la percibes, castiga. Acaso se nos pregunta: ¿Aceptas asumir la posibilidad y responsabilidad de la consciencia? ¿Aceptas tener corazón? ¿Aceptas hacer sentido de tu vida?

Se sabe que el hombre puede concebir la grandeza; se hace sentido cuando somos capaces de asumirla. El homo sapiens, sabe; el homo faber, crea; el homo habilis, fabrica, y el homo erectus, ¡se levanta!

El saber viene de la mente; hacer sentido viene del corazón, del estar consciente. El saber llena la curiosidad y da placer intelectual; el hacer sentido llena el espíritu y da gozo. Saber es distinto que hacer sentido de vida, repito:  El que sabe se entristece.

 ‘Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada.’

[email protected]

Opinion para Interiores: 

Anteriores

Alejandra Fonseca
Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes