Aún tengo fe en la humanidad

  • Rafael Reyes Ruiz
Todos y todas tenemos la oportunidad de ser una luz para alguien que necesita ayuda

Javier, una persona que es más corazón que persona. El 25 de diciembre dejó su casa y su familia para ir a repartir juguetes a una comunidad indígena de extrema pobreza. Y en los últimos años, cada que ha podido ayudar, lo hace sin pensarlo.

Rosy es una mujer hecha de generosidad. No sabe medirse en dar. Después del trabajo corre a su casa a preparar café, pasa a la tienda a comprar vasos, servilletas y pan. De ahí se va a repartirlo todo a un hospital.

Edy es un caso especial. Cada que lo he visto, siempre lo veo feliz. Muchas veces le he hablado solo para pedirle ayuda, y en todas ellas me ha ayudado sin pedir nada a cambio. Pocas personas lo saben, pero por su ayuda se han salvado la vida de varios niños.

Tania trae en sus venas la esencia de ayudar. ¿Cómo ayuda? Como pueda. Ya sea yendo a repartir comida, contando un cuento a niños con cáncer, haciendo una donación, no importa para ella, si puede ayudar, lo hace.

Fran, creo que es de otro mundo. Confió en un extraño para hacer un proyecto que ayudara a la gente. No lo conozco mucho, pues le gusta estar en anonimato, pero a simple vista se ve la generosidad de su corazón. Él no tendría por qué ayudar a nadie, pero nadie se queda sin su ayuda.

Michi es una mujer bondadosa, sin más recompensa que la satisfacción de ayudar, ayuda. No la he tratado, pero no hace falta, con su ejemplo se ve el gran corazón que le desborda. Cada que le he pedido ayuda dice: sí.

Ricardo es alguien a quien admiro y aprecio. Es una especie de Rey Midas, lo que toca lo vuelve valioso. A pesar de su éxito, es una de las personas más humildes que conozco. Y siempre, siempre está dispuesto para dar una mano, para ayudar, para compartir. Muchas veces le he marcado para contarle proyectos locos, en todos ellos me alienta y busca cómo ayudar.

Maru no conoce límites cuando de dar ayuda se trata. Ella, sin que le pida nada, lo da todo. Me ha buscado para decirme: “¿en qué te ayudo?”, “tengo esto para compartir”, “pasa por despensas para gente que necesite”, “¿cuánto te hace falta para la medicina de ese niño?”

Memo lleva la música por dentro… y por fuera. Y de la misma manera lleva una generosidad desbordante. Yo, muy apenado por haberle pedido ayuda muchas veces, no quise molestarlo más, y sin que me lo esperara, fue él quien me buscó para decirme: “te mandé ayuda para tal niño”.

Al buen Abelardo, cuando lo conocí hace algunos años, no lo saludé de mano, no podía, pues él tenía las manos ocupadas cargando pizzas para repartir en el hospital. Sé que mucha gente le habla pidiéndole ayuda, yo entre esa gente, y siempre dice que sí.

Gustavo es tan humilde, que ni su nombre utiliza. No le gusta que lo cuente, pero más de una ocasión ha donado cosas para los eventos en comunidades marginales. Suele dar la imagen de ser duro o incluso agresivo, y a veces hasta de patán, pero no desperdicia una sola oportunidad de ayudar, ya sea dando jugos y lechitas o dando un consejo cargado de sabiduría.

Todas las anécdotas que conté son reales. Los nombres tal vez son ficticios, o tal vez no, no importa. Lo importante es que, en estos tiempos donde la situación social es muy complicada, existen personas generosas que ayudan solo por ayudar. Cuento esto, para evidenciar que aún existe gente buena, y que así como ellos, hay muchos y muchas más.

Te invito a que pienses en una persona buena que tú conozcas. Las personas buenas que hacen la diferencia con su generosidad y son luz en un contexto que parece estar permeado de oscuridad. Al final, los hechos de esa persona que pensaste, son los que trascienden, no importa si se llama Ángeles, Salvador, Tere, Lupita, Jorge, Tania, Selene, Luis, Laura, Carlos, Isabel, Dolores, Alejandro, Rocío, Karina, Mary, Guillermo, Estrella, Iridany, Raúl, Gloria, Gabriela, Gelacio, o como se llamen, su luz eclipsa cualquier sol.

Todos y todas tenemos la oportunidad de ser una luz para alguien que se siente en claroscuros. No hace falta hacer grandes obras o dar cuantiosos donativos, con el simple hecho de tratar de ayudar un poco a nuestras posibilidades se hace una gran diferencia para quien recibe esa ayuda. Y mientras sigan existiendo personas buenas que ayudan, podemos seguir teniendo fe en la humanidad.

Rescoldos.

Muchas veces a las personas buenas que ayudan, les dicen que les falta malicia. Falso de toda falsedad, ellos están bien, es a los que piensan así a los que les hace falta bondad. Y para esas personas bondadosas: GRACIAS GRACIAS GRACIAS.

 

Rafael Reyes Ruiz

@RafaActivista

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Rafael Reyes Ruiz

Activista social. Emprendimiento. Escribidor.

Apasionado de las letras enamorado de la vida, y viceversa.