La caída del imperio

  • Oscar Gómez Cruz
El asalto al Capitolio es lo peor que le puede pasar al país que se dice demócrata

Ver a una horda de radicales tomar por asalto el Capitolio de los Estados Unidos de América, el lugar más representativo de su democracia, vestidos con trajes tácticos, atuendos vikingos, y observar a una señora obesa ocupando la silla del presidente del Senado, significa lo peor que un país que se dice demócrata, basado en las leyes y que se jacta de "defender la democracia y el buen gobierno en el mundo", puede vivir.

Eso provoca el populismo.

En eso termina la polarización extrema.

Ahí llevan inevitablemente los líderes ególatras, autoritarios, sin preparación para gobernar, dueños absolutos de la verdad, diciéndoles a sus pueblos lo que desean escuchar. Porque eso es muy fácil, no tiene gran ciencia identificar y señalar lo que "duele" a la gente: desigualdad, corrupción, inseguridad, injusticia.

Lucrar con ese discurso no es complicado. Implementar un régimen que sistemáticamente "adoctrine" a los pueblos para radicalizarse, aprovechando su falta de preparación, cultura y debilidades, sí requiere de astucia. Pero más aún, requiere de malicia y de algo de locura por parte de quienes encabezan los gobiernos y utilizan el aparato estatal para hacer propaganda diaria, lavando el cerebro de los menos preparados, de los más pobres, de los más débiles y resentidos en una sociedad.

El día 6 de enero del 2021 será recordado como un día de vergüenza en la historia norteamericana.  Un día en el que la potencia más grande que ha existido desde el Imperio Romano, se partió por dentro, como sucede con todo gran poder en decadencia.

Pudo ser trágico para el planeta entero, porque sin afán de querer hacerle a guionista de una película de Misión Imposible, hoy sin ningún problema, estos radicales o terroristas infiltrados entre ellos, pudieron haber explotado el Capitolio. Entraron sin resistencia, desfilaron evidentemente sin ser cateados o revisados. Pudimos estar presenciando una tragedia solo comparable con el 11 de septiembre de 2001, en términos políticos.

Pero el daño está hecho. Si alguien vestido como vikingo puede enfrentar a la policía de Washington D.C., una señora grotesca y obesa puede sentarse haciendo señas en la silla del presidente del Senado, y un patán puede robarse el atril que ocupa la Speaker of the House y salir caminando posando para las fotos, sin que haya existido resistencia alguna, entonces, ¿qué puede esperar Estados Unidos del papel de Rusia, China o Corea del Norte en asuntos que involucran la paz mundial?

¿Cómo podrá este país invadir otro país bananero o tercermundista bajo la bandera de la democracia, el respeto a la Ley y el buen gobierno?

¿Cómo podrá señalar a déspotas y payasos en otros países, si en el propio tienen a la peor vergüenza que ha pisado la Casa Blanca?

Hoy terminó la supremacía norteamericana.

China se convertirá en breve en la primera potencia económica. Rusia tiene a un dictador que no requiere preguntar a nadie para tomar decisiones, con el dedo en cientos de ojivas nucleares y con el control de inmensos recursos energéticos.

El respeto se gana a través de los años, en el caso de los países, siglos. Y se pierde en minutos, como ocurrió hoy.

Si hubiéramos visto lo sucedido hoy en una película de Hollywood, donde les fascina hacer gala de su poderío militar y de lo ortodoxas que son sus instituciones, hubiéramos reído pensando: "es imposible que esto pueda pasar en ese país".

La realidad superó a la ficción.

El planeta habrá de seguir los acontecimientos de hoy y sus consecuencias en los próximos 12 días, fecha en la que Joe Biden tendría que jurar como el presidente número cuarenta y seis de su país.

Pero lo cierto es que Biden comenzará siendo el presidente más débil de la historia, con el reto de reconstruir un país devastado y de atender asuntos de política exterior que requerirán de mucha fuerza física y mental, misma que se antoja pobre en un hombre de su edad.

 

Oscar Gómez Cruz

 

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Oscar Gómez Cruz

Maestro en Asuntos Internacionales de Negocios Universidad de Columbia. Maestro en Administración Pública INAP. Egresado de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard. Es presidente de 2TRES15