El discurso de Maximiliano Reyes Zúñiga

  • Atilio Peralta Merino
Con su intervención Reyes Zúñiga será una figura relevante en política exterior

El equinoccio otoñal dejaba sentir la menor luminosidad que les es propia en nuestras vidas, la ciudad de Culiacán se veía presa de un escenario de conflagración guerrera, y pocas semanas después, mientras deambulaba por la Plaza Rosales, precisamente, llegaría la noticia de que un episodio equivalente se habría suscitado en Santa Cruz de la Sierra desembocando en tal ocasión el derrocamiento del gobierno legalmente establecido por los hombres en dichas latitudes.

México nunca ha sido parte integrante del Comando Sur del Army, no obstante, no deja de llamar la atención que quién estuvo tiempo atrás al frente de tal encomienda, el general John Kelly en aquellos momentos y hasta fechas recientes se desempeña como presidente del consejo nacional de seguridad en la Casa Blanca.

“El vago azar o las precisas leyes que rigen este juego: el universo”, habría dicho en diversa ocasión Jorge Luis Borges; permitirían jugar a no dudarse con la imagen y las sombras de las percepciones; “podría suceder en México lo mismo que había pasado en Bolivia”, divisa que circularía como rumor en muy diversos comederos, hasta llegar a ser relacionados, al menos en el plano del imaginario social con declaraciones un tanto insólitas que correrían a cargo de un ex subsecretario de la defensa nacional en retiro.

El ensueño platónico de “cacerolistas” sin decisión, integrado por “príncipes sin reinos”, “estadistas sin despachos”, “guerreros sin batallas” cobró un eco triunfalista que anunciaba un derrocamiento inminente que a fin de cuentas, contaría en su momento con perspectivas de realización efectiva, de haber sido alguna vez acompañado por  acción política sustentada ideológica y programáticamente, en vez de lo cual las fuerzas políticas fueron sustituidas por gritos histéricos de gerentes mediocres y de una resolución emitida por una legislatura, asimismo conformada por absolutas nulidades políticas.

Hoy queda en el desahogo frustrado de sectores medios carentes por completo de toda educación política, que en afiches dirigidos a la plena estupidez señalan las grandes ventajas que existían en el despilfarro clientelar que les beneficiaba cuando el precio internacional del petróleo llegó a estar a 150 dólares por barril.

Ante el nuevo escenario que se abre en el continente tras el resultado de la jornada comicial ventilada en el Alto Perú,  la antigua Organización de Estados Americanos constituida mediante la Carta de Bogotá del 30 de abril de 1948, queda en entredicho y herida de muerte, tras una larga historia de menoscabo en su legitimidad, que arranca desde el momento mismo de su constitución a escasas semanas de que, precisamente en Bogotá, se suscitara la que ha sido catalogada por los historiadores como la primera rebelión popular urbana de la región, suscitada a raíz del asesinato el 9 de abril del abogado penalista y activista político Jorge Eliecer Gaytán. 

La legislatura estatal de Aguascalientes, que, en contra de toda disposición constitucional y del Derecho de Gentes emitió un decreto privativo en contra de un ciudadano extranjero al que el gobierno de la República había otorgado la condición de asilado político, queda asimismo herida de muerte en su legitimidad política. 

El reciente discurso de Maximiliano Reyes Zúñiga pronunciado ante la Asamblea de la Organización de Estados Americanos cuestionando la actuación facciosa de su actual secretario general Luis Almagro, lo perfila a no dudarse como una figura relevante en la conducción de la política exterior del país y en la diplomacia de todo el continente.

 En consecuencia de lo anterior, resulta del todo conducente esperar sus buenos oficios en torno a los procedimientos de juicio político que al efecto se habrá de seguir, en relación a la expedición del Decreto 269 que fuera formulado por parte de la legislatura que declaró persona “non grata” al entonces asilado en México Juan Evo Morales Ayma, al margen de toda atribución constitucional y en contravención de los compromisos internacionales suscritos por el estado mexicano.

albertoperalta1963@gmail.com

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Atilio Peralta Merino

De formación jesuita, Abogado por la Escuela Libre de Derecho.

Compañero editorial de Pedro Angel Palou.
Colaborador cercano de José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad y del constitucionalista Elisur Artega Nava