Toledo en la Babel de la 4T

  • Juan Luis Hernández Avendaño

Juan Luis Hernández*

El aún Secretario de Medio Ambiente del gobierno federal, Víctor Toledo, hizo un diagnóstico claro y certero sobre lo que en realidad está significando la 4T y el liderazgo de López Obrador. En suma, podríamos decir que Toledo, desde las entrañas del gobierno, aprecia una especia de Babel política, muchas lenguas y lenguajes, tradiciones y experiencias de todo tipo, muchas de ellas opuestas y contradictorias, radicales y moderados, neoliberales y post neoliberales, idealistas y pragmáticos. De hecho, su análisis no debería sorprenderlo. Al aceptar ser secretario de estado en el nuevo gobierno, debió haber advertido con lo que se iba a topar, con lo que tenía que bregar. Es como si hubiera ido a la 4T a ciegas o con dosis impropias de ingenuidad.

Cuando López Obrador rompió con el PRD e hizo la audaz aventura de crear Morena y luchar con ella la Presidencia de la República, muchos racionalistas le endilgaron al caudillo una vez más que la locura lo acompañaba. Los más cercanos y fieles se fueron con él, pocos, y el resto pragmáticamente siguió en sus plataformas políticas augurando a los obradoristas un futuro infeliz. Pero el crecimiento de Morena se fue dando a la par del malestar social con el oligopolio PRI/PAN, y las familias políticas más diversas, que en ciertas coyunturas se enfrentaron con odio y radicalidad, ahora se subían a una barca salvadora frente a lo que parecía el declive de los partidos tradicionales.

La Babel que se aprecia y vive en la 4T viene desde la propia configuración de Morena, un partido que aún no es partido político, ni siquiera movimiento social. Morena fue en la campaña la marca de López Obrador, el polo y espacio que se ensanchó con muchos ex. Sólo así pudo ganar la presidencia la república, con elbistas y ex panistas, con ex comunistas y ex priístas, con ex perredistas y activistas sociales. El gobierno resultado de ese triunfo en 2018 no podía ser de otra manera. El gobierno federal es dos cosas: es el curso programático de las ideas, creencias e intuiciones de López Obrador y es lo que cada secretario de estado y sus equipos pueden y quieren hacer en el margen de libertad que les deja el Presidente.

Así pues, mientras avanzan los macro proyectos, las políticas sociales, la revisión judicial del sexenio pasado, también avanzan las desavenencias personales e institucionales. A diferencia del viejo régimen, ahora todo se ventila públicamente. Se sabe la guerra pública entre el Fiscal Gertz y el coordinador de la UIF de Hacienda, Santiago Nieto. López Obrador comparte un video en el que se muestra que su secretario de comunicaciones le renuncia porque tienen un diferendo irresuelto sobre quién debería administrar los puertos. Las renuncias con sendas y explosivas cartas a la opinión pública de Germán Martínez al IMSS y de Carlos Urzúa a Hacienda, ya avisaban de que el gobierno estaba muy lejos de ser homogéneo y que las contradicciones y proyectos de país aparecían en una disputa diaria y aguda.

¿Nada de eso vio y analizó Toledo antes de aceptar subirse a la barca de la 4T? Ahora bien, López Obrador representa a una izquierda social que tiene como principio vital el nacionalismo desarrollista. En este eje, para la izquierda liberal, AMLO es profundamente conservador, y para la derecha mexicana, es un comunista. Los primeros esperaban más cambios trascendentales, más ajustes al modelo neoliberal, más distancia de los grupos fácticos como las televisoras, más energías renovables y un nuevo modelo económico basado en la sustentabilidad y el descrecimiento de la economía del dióxido de carbono. Su decepción del gobierno es elocuente, dejarán de apoyarlo, pero no encontrarán en el campo simbólico de la política otra alternativa.

Los neoliberales y pragmáticos que sobreviven en el gabinete obradorista lo hacen con oficio, paciencia y colmillo burocrático. El sexenio será así, un gobierno vario pinto que se nucleará en los ejes que les marque el presidente pero que también buscarán atender sus agendas particulares en donde chocarán una y otra vez las diversas familias que cohabitan en esa plataforma de intereses y proyectos llamada 4T. En el otro frente, en Morena, la disputa tribal es más aguda y peligrosa para los propios fines López Obrador. Las elecciones de 2021 serán la clave para poder apreciar en qué medida, a pesar de que el eje Presidencia-Morena está sostenida en una Babel política, la 4T logra consolidar un proyecto de país que articule una agenda programática de recuperación postcovid, y procesos judiciales bien armados contra casos emblemáticos de los dos sexenios anteriores. Mientras tanto, quien supla a Toledo, más temprano que tarde, no deberá claudicar por sostener una agenda de sustentabilidad, sino que tendrá que hacerlo con paciencia y mucha política.

*Politólogo, Director del Departamento de Ciencias Sociales de la Ibero Puebla.

 

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