¿Cubrebocas obligatorio? Quizá, pero urge más dejar de comer basura

  • Alberto Pacheco Márquez

Los últimos días, se ha encarnizado el debate sobre las medidas sanitarias que debemos fortalecer a fin de ir mitigando de manera contundente los estragos de la pandemia.

Desde medidas castrenses como toques de queda, hasta las multas por no usar cubrebocas, son las propuestas que van y vienen en el debate público.

A tal grado, que el cabildo de la ciudad de Puebla, discutirá próximamente una serie de medidas con el fin de obligar a los ciudadanos a utilizar el cubrebocas.

No obstante, la anterior medida es mera faramalla de autoridades que solo saben rumiar, ya que si bien, es una medida necesaria que hay que fortalecer, se olvidan de lo esencial, de lo que realmente hará, que pasemos mucho, pero mucho tiempo, antes de estabilizar la situación.

Mejorar radicalmente, los hábitos alimenticios y de vida de los ciudadanos.

Lo anterior, solo se logrará a través del diseño e implementación de políticas públicas que ataquen de raíz tal problemática, y que consideren a la educación, la regulación a la industria alimenticia o mejor dicho “cártel de la chatarra”, la incentivación de la actividad física mediante el mejoramiento de las infraestructuras necesarias para que la situación económica no sea una determinante entre activarse o no, hasta campañas agresivas de concientización, sobre las consecuencias de los malos hábitos alimenticios.

Y por supuesto, comenzando por las autoridades como el primer ejemplo, porque si bien hay y siempre ha habido campañas a favor de la activación y mejoramiento de la alimentación, son completamente disonantes.

Porque, qué autoridad moral tienen los gobernantes para conminarnos a mejorar nuestros hábitos, cuando en la gran mayoría de los casos, son ellos mismos, la representación más clara de todo lo que no debemos hacer con nuestra persona.

Si algo es un rasgo común de la clase política, es precisamente la obesidad, que aparentemente es para lo único que han demostrado eficiencia, para generar un gran desarrollo, pero corporal y no precisamente saludable…

Durante todo este tiempo de confinamiento o distanciamiento a causa de la COVID, los malos hábitos no han hecho otra cosa, más que incrementarse.

Diversos análisis han estudiado la correlación que existe entre variables tales como el nivel de estudios, estrato social, edad, estado físico y de salud de las personas, para determinar quienes son realmente los más vulnerables ante el virus.

Contario a lo que se piensa, la condición socioeconómica no es una determinante que marque la pauta entre las personas que terminan siendo víctimas mortales, puesto que, aunque si hay mayores posibilidades de contagio, debido al hacinamiento, la necesidad de salir de sus casas y utilizar trasporte público; no es algo que marque con amplia diferencia las posibilidades de sobrevivir ante la circunstancia de contagio.

Lo que realmente determina e incrementa considerablemente la predisposición a caer grave, son las enfermedades asociadas a la obesidad, como diabetes, hipertensión, males cardiacos etc.

Un paciente con sobrepeso, incrementa hasta en 3 veces la posibilidad de verse grave y lo que eso conlleva.

Entonces, teniendo en cuenta lo anterior, ¿estamos realmente tomando las medidas necesarias para mitigar los daños causados por la pandemia?

Si bien, existen personas renuentes al uso del cubrebocas, son la minoría y el confinamiento ha dejado de ser opción ante la debacle económica, por eso, su uso obligatorio no es la ruta más efectiva mientras la gran mayoría de personas, sigan despreciando por completo, el valor de una sana alimentación.

Porque no es más irresponsable aquel que por ignorancia se niega al uso del cubrebocas, que aquel que, por soberbia, se aferra al consumo de chatarra aún teniendo la posibilidad de comer saludablemente.

Quien esto escribe, hizo un pequeño experimento social: hacer mis compras en distintos supermercados ubicados a lo largo y ancho de la ciudad de Puebla, tanto en zonas de nivel socioeconómico bajo, medio e incluso alto.

Desde Bodega Aurrera Chapultepec, hasta el Chedraui Selecto ubicado en la zona de Angelópolis, sin dejar de lado al Walmart San Manuel ni el Walmart Hospital General y por supuesto, visitando algunas otras alternativas como Neto´s Chachapa.

Me propuse comparar los hábitos de compra entre segmentos sociales y por supuesto la variabilidad entre el aspecto físico de los consumidores (prevalencia de obesidad).

Los resultados no fueron ni de lejos sorprendentes, más bien, bastante previsibles y solo confirmaron lo arriba descrito por los análisis hechos por expertos.

Productos altamente azucarados, harinas refinadas, alcohol, refrescos, productos fritos y embutidos fueron la gran constante, siendo la “calidad” de los mismos y/o presentaciones, lo único que variaba entre los distintos estratos.

Por citar un ejemplo, en Chedraui selecto, el consumidor escogía entre marcas conocidas y populares sin meditar en el precio y en el Aurrera Chapultepec, la gente compraba productos de marca propia o decidía basados en el menor precio, algo nada fuera de lo normal.

Por otro lado, la prevalencia de gente obesa era realmente alarmante y si bien, en Chedraui selecto, fue adónde menos gente obesa pude observar, tampoco era una gran diferencia.

Fue en Walmart San Manuel, adonde mientras hacía parte de la fila para pagar, de 11 personas delante de mí, 9 presentaban una obesidad muy marcada, 1 persona era esbelta, aunque sin indicios de un cuerpo ejercitado y la otra, presentaba un cuerpo delgado, pero con una barriga rozando lo prominente.

Cabe mencionar que, dentro de los parámetros de obesidad, las mujeres han alcanzado una igualdad de género envidiable, pues no hubo diferencia cuantitativa, fue un perfecto 50/50.

Otro punto que merece la pena recalcar, era la demanda de un “paquetazo” en Walmart San Manuel, que consistía en un pollo rostizado bañado en grasa, faltaba más, y una coca cola jumbo “gratis”, por menos de 150 pesos y que literalmente, la gente se apresuraba a comprar para no quedarse con las manos vacías de tremendo ofertón.

Si tenemos cuenta que, hasta antes de la pandemia, había un total de casi 9 millones de personas diagnosticadas con diabetes en México y un 75% del total de la población con algún grado de obesidad, ¿es realmente, la falta de disciplina para usar cubrebocas o mantener el distanciamiento, el verdadero problema que nos impide domar a la pandemia?

Por supuesto que no, ya que al final y pese a todas las medidas de seguridad que tomemos, hasta un 90% de la población nos vamos a contagiar o ya nos contagiamos y ni cuenta nos dimos, y lo que marca la diferencia entre pasar el contagio sin mayores contratiempos, no es otra cosa que nuestro estado de salud y que sí, en la gran mayoría también, es una variable dependiente, sí, dependiente de nosotros mismos y las decisiones que tomamos al alimentarnos y realizar actividad física.

Estoy convencido, de que el mejor cubrebocas es una sana alimentación, la mejor careta es hacer ejercicio, el mejor gel antibacterial es la salud mental y el optimismo.

SI verdaderamente queremos salvar vidas, evitar más dolor, disminuir el daño…Comencemos por llevar una vida saludable, porque, aunque milagrosamente llegáramos a aplanar la curva de contagios, las muertes y el sufrimiento que son consecuencia de nuestros hábitos alimenticios y de vida, se seguirán llevando cientos de miles de víctimas como de por sí, ya lo venían haciendo antes de la pandemia, aunque al parecer, nos empeñábamos en no verlo…

Y como dice mi amigo Ciro Gómez cada noche al finalizar su noticiero “ÁNIMO: VAMOS A SALIR ADELANTE” o es al menos, lo que yo también espero…

 

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Alberto Pacheco Márquez

Especialista en Desarrollo Regional y Gestión de Inversión Extranjera y Conferencista. Se desempeñó en el sector público y privado en México como en el extranjero. Dedicado a la vinculación entre México y Polonia