Covid-19 y AMLO, dos grandes catástrofes

  • Raúl Espejel Pérez
Bien dice la voz popular que una desgracia nunca llega sola.

Hoy México vive y sufre las consecuencias de dos grandes catástrofes, que se pueden considerar, sin regateos de ninguna índole, como las más graves de la historia reciente del país. El Covid-19 y la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República.

1.- El Covid-19 amenaza con prolongar su devastadora presencia en el mundo más allá de este año y continuar causando estragos irreversibles en la salud de millones de personas y segando inconteniblemente la vida de decenas de miles de seres que en todo el país han muerto por falta de una oportuna y eficiente estrategia médica gubernamental.

2.- El otro cataclismo, más añejo que el Covid-19, asomó su rostro en México la noche del 1 de julio de 2018, cuando se supo que López Obrador ganó avasalladoramente la Presidencia de la República.

Este triunfo electoral pudo ser, lo que lamentablemente no fue. La victoria del pueblo mexicano. De ese pueblo que cansado de soportar regímenes corruptos, no dudó en otorgar su voto a quien pocos días después de tomar en sus manos la conducción del país, canceló la construcción del NAIM y empezó a vulnerar instituciones del Estado mexicano y a causar quebrantos al desarrollo de la economía nacional por decisiones erróneas que ya están repercutiendo negativamente en diferentes ámbitos.

López Obrador ha encarado de pésima, errática e irresponsable manera la pandemia del coronavirus. Ocasionando mayores perjuicios a los sectores de población más vulnerables, particularmente a quienes viven en situación de pobreza y que por ser pobres se encuentran en estado de indefensión ante los embates del Covid-19, porque cuantitativamente son las personas que más contagios y fallecimientos han sufrido y continúan padeciendo.

Veamos gráficamente los contrastantes resultados obtenidos en la República Popular China por un buen manejo del Covid-19 y comparémoslos con los pésimos resultados logrados en México por la forma desastrosa e irresponsable como el presidente Andrés López Obrador ha mal manejado y continúa peor manejando la pandemia.

China, con mil 439 millones 323 mil 774 habitantes (población 11.16 veces mayor a la de México) tiene 4 mil seiscientos setenta y cinco fallecimientos (cantidad 10.27 veces menor que los 48 mil 12 decesos acaecidos en México con una población de 128 millones 932 mil 753 personas (cifras poblacionales obtenidas en la liga populationpyramid.net/es/mundo/2020/).

En la clasificación mundial de fallecimientos por Covid-19, México, al 4 de agosto de 2020, ocupa el tercer lugar con 48 mil 012 decesos, después de Estados Unidos con 155 mil 515 y de Brasil con 94 mil 665 personas muertas.

La OMS reporta que en América, al 1 de agosto, había 9 millones 741 mil 727 personas contagiadas por el coronavirus. De  ellas, 4 millones 629 mil 459 radican (o radicaban en caso de haber fallecido) en Estados Unidos; 2 millones 733 mil 677 en Brasil y en México 439 mil 46. Lo que significa que en México reside el 4.51% de la población americana contaminada  

Queda claro que Donald Trump, Jair Bolsonaro y Andrés Manuel López Obrador, son los presidentes que peor han manejado la pandemia del Covid-19 en el mundo. Pero el peor de los tres, ateniéndonos a las cifras anteriormente expuestas, es el tabasqueño López.

Con la finalidad de evitar la propagación del coronavirus en el mundo, en todos los países se han cancelado los eventos masivos. México es la excepción debido a la obcecación e irresponsabilidad de López Obrador.

Mientras que en la ciudad de Ginebra, Suiza, el comité de emergencia de la Organización Mundial de la Salud, anunciaba que la pandemia del Covid-19 seguramente será de vida muy larga y señalaba el peligro que se corre en el mundo al aflojar las medidas que se están aplicando, en México AMLO daba a conocer otra de sus ocurrencias al informar que la noche del 15 de septiembre se efectuará la tradicional ceremonia del Grito de Independencia y la mañana del 16 del mismo mes, se llevará a cabo el desfile militar. Esto no obstante que la catástrofe sanitaria que aqueja al país obliga a la suspensión de eventos multitudinarios y al confinamiento precautorio.

Ante el cúmulo de críticas que recibió en las redes sociales López e incapaz de enmendar su error, cancelando ambos eventos, parchó su torpeza aclarando que el evento del Grito, se realizará en honor a las víctimas de la pandemia y un reconocimiento a los médicos que la enfrentan y únicamente “asistirán 500 personas, representando a las 32 entidades federativas, guardando la sana distancia y portando antorchas para mandar el mensaje de que aún sigue encendida la llama de la esperanza. Del desfile militar López precisó que se trasmitirá “por radio y televisión, por lo que los ciudadanos podrán apreciarlo desde su domicilio” (sic).

Hoy no tendríamos en México las 443 mil 813 casos de personas contagiadas con Covid-19, los 79 mil 30 casos sospechosos y lo peor de todo, los 48 mil 12 fallecimientos, si el gobierno mexicano, encabezado por el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, hubiera actuado en forma responsable y sensata.

No tardíamente, como lamentablemente lo hizo en perjuicio de la vida y salud de cientos de miles de personas contagiadas y de millones de mexicanos que corremos el riesgo de ser contagiados y de decenas de miles de personas que murieron por falta de atención médica oportuna o por atención deficiente, ocasionada por la evidente carencia del equipo médico necesario. 

La ausencia de una estrategia adecuada para contrarrestar los efectos de la pandemia, López Obrador la cubrió con una interminable cadena de frases que para lo único que sirvieron fue para exhibir su ignorancia y su falta de sensibilidad.

Frases como éstas: Hay que abrazarse, no pasa nada. No hay que apanicarse ante el Covid-19. Esto no es algo terrible, ni fatal, ni siquiera es equivalente a la influenza. Deseo con toda mi alma que no nos afecte el coronavirus. Detente enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo. Hay que salir a comer a la calle. Tenemos dinero suficiente para enfrentar cualquier crisis. El coronavirus nos cayó como anillo al dedo para afianzar la 4T. Se ha actuado con profesionalismo. Estamos domando la pandemia.  Ya se aplanó la curva. Ya se alejó el riesgo de la saturación de hospitales. Ya se ve la luz al final del túnel.  Cuando se acabe esto, voy a convocar a abrazarnos y besarnos en el zócalo y en todas las plazas públicas. La estrategia contra el coronavirus ha sido exitosa. Me voy a poner un cubrebocas cuando no haya corrupción.

Por si estas frases no revelaran claramente la estupidez del presidente López, su cónyuge Beatriz Gutiérrez, en una actitud de falta de respeto a las personas fallecidas y a sus familiares y exhibió su cretinismo al asegurar que “leer no da coronavirus”.

La pandemia estaría causando menores estragos a la población, si la administración gubernamental de López Obrador hubiese efectuado a nivel nacional una campaña masiva de orientación acerca de las precauciones que debe asumir la población para evitar contagios. También si se hubiesen efectuado las pruebas diagnósticas necesarias y efectuado el seguimiento que conllevan, además de advertir la importancia que tienen el uso obligatorio del cubre bocas, la sana distancia y el lavado de manos. 

Nada de esto se le ocurrió promover al presidente López y las consecuencias de su negligencia estamos en riesgo de sufrirlas todos los mexicanos, excepto él, que fue declarado inmune al Covid-19 debido a la poderosa “fuerza moral” que le atribuyó el  científico Hugo López Gatell.

Cuando hayamos cruzado la luz del túnel, aunque sea imposible conocer cuántas de las hasta ahora más de 48 mil personas fallecidas, murieron específicamente por la negligencia e irresponsabilidad con las que mal manejó el combate a la pandemia del Covid-19 el presidente Andrés Manuel López Obrador, habría que pensar en someterlo a un juicio popular.

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Raúl Espejel Pérez

Ha colaborado como articulista en la revista Jueves de Excélsior, El Universal de México, El Universal Gráfico, El Universal de Puebla, El Día, Nueva Era de Puebla y la revista Momento de Puebla (versión impresa y digital).