Más allá de López-Gatell

  • Omar Pineda Luna

¡Ya basta! Ya estamos hartos de vivir enun mundo de explotación, violencia y hambre, y también de reproducirlo.

John Holloway

Esta semana fallecieron por Covid-19 Fernando “N” y María Luisa “N” pareja que todos los días salía a vender tamales, lo mismo pasó con Benito “N”, que se dedicaba a la venta de chicharrón, personas que pasaban casa por casa a vender alimentos, todos vecinos de mi comunidad. Como esta, existen miles de historias alrededor del país. La culpa no fue su “ignorancia” o no tener acceso a más pruebas para detectar el virus, que de poco hubiera servido, pues pasaron a formar parte de ese alarmante número de muertos con el que todos los días la derecha se regocija para reclamar al gobierno actual.  Su “error”, la necesidad, pues en varios casos siempre hay detrás familias que deben alimentarse. Sabemos que si no dedicamos nuestras vidas al trabajo enfrentamos la pobreza, el hambre, y a menudo, la represión física. Esta es la marca del Coronavirus que no logramos distinguir, pero es muy simple, la diferencia entre: elección y necesidad. Los empleados que deciden hacer “trabajo en casa” para poder confinarse ante el virus pandémico, y por otra, la necesidad del trabajador que debe bordear el trasporte público para llegar a ocupar el puesto de repartidor, cajero/a, etc. O los ejemplos antes mencionados de las personas cuya fuente de ingresos necesitaba salir para vender su producto. Otro momento para entender que esto existía mucho antes de la pandemia, es el simple enunciado de “Hoy no quiero ir a la escuela” contra “Hoy no puedo ir a la escuela” de nuevo elección y necesidad separan a dos personas. En otras palabras, la desigualdad, marca del covid-19.

Dichos ejemplos, aunque sencillos, exponen que esta precariedad, en varios sentidos, ya existía antes de la pandemia, pero que el brote vino a evidenciar de manera exponencial la crisis del capitalismo. Este último ha jugado un papel importante en la Pandemia, muchos conocemos familiares, amigos o personas cercanas que no lograron sobrevivir en función de sus ingresos mensuales, no tener dinero para pagar hospitales privados, medicamentos, o tanques de oxígeno, etc. Pero vayamos más allá, qué relación existe entre pandemia y capitalismo, Jérôme Baschet, responde este planteamiento cuando se pregunta ¿Qué es lo que estamos enfrentando?[1] En palabras del autor, se trata de una enfermedad que pega al centro y arriba: se difundió primero por las zonas más importantes del mundo globalizado y se extendió rápidamente en los círculos dirigentes (jefes de estado o de gobierno afectados o en riesgo de serlo, ministros y diputados, generales y altos funcionarios, hombres de negocios, etcétera). Es posible que el riesgo de desorganización de las cadenas de mando, en caso de propagación no contenida de la pandemia, hubiera sido muy elevado: entonces, salvar vidas es real y directamente salvar el buen funcionamiento del mundo de la Economía. ¿La reacción hubiera sido la misma si la pandemia se hubiera propagado exclusiva o prioritariamente entre las poblaciones pobres de los países del Sur?

Asegura, por ejemplo, que la peste bubónica (yersinia pestis) que asoló el mundo mediterráneo y euroasiático desde los siglos VI-VIII hasta el siglo XVIII, y cuyo episodio más dramático fue la Peste Negra que, a partir de 1348, diezmó en Europa entre un cuarto y la mitad de la población, según las ciudades y las regiones. Se ha mostrado recientemente que la difusión de la Peste Negra, trasmitida al hombre por la pulga de la rata, Éste se habría producido en la región de la meseta de Quinghai, al norte de Tíbet, probablemente hacia el año 1270. Posteriormente, las caravanas de mercaderes llevaron el agente patógeno hacia Kirguistán, donde hay testimonios de su presencia en 1338. En 1346, llegó hasta el Mar Negro, de donde los navíos que comerciaban entre las partes orientales y occidentales del Mediterráneo los llevaron a Mesina y Génova, en Italia. De allí se difundió muy rápidamente en toda Europa. Más allá de las similitudes superficiales con el Covid-19 (el origen chino de la zoonosis y su transmisión hacia Europa por las rutas de intercambio), podemos resaltar importantes diferencias, empezando por la extrema lentitud de la difusión de la peste: tardó 70 años para cruzar los 2.000 kilómetros que separan Quinghai y Kirguistán, y 80 años en total para unir China con Europa, en tanto que el SARS-CoV-2 pudo cubrir la misma ruta en tan sólo unas cuantas semanas.

Esto nos puede dar una idea de la diferencia de escala entre la globalización actual. Por último, debemos señalar la recurrencia de las epidemias de gripe, de las cuales la más mortífera fue la llamada “gripe española” de 1918-1920. De ninguna manera nació en España, tuvo su origen en los Estados Unidos, probablemente en Kansas, y fue traída a Europa por las tropas norteamericanas. De allí se difundió, principalmente por barco, hacia las regiones colonizadas o dominadas por los europeos en África, Asia y Oceanía.

Lo anterior, nos ayuda a comprender como los virus siempre han existido, pero ninguno se   caracterizó como el actual, pues la velocidad de su propagación se debe, en gran medida, a la conexión actual concedida por la globalización económica, pero también está determinado por las desigualdades que coinciden con la brecha social, al mismo tiempo que la refuerzan (por ejemplo, en los Estados Unidos, los afroamericanos llegan a representar 70% de los muertos por el Covid-19, incluso en estados donde no son más del 30% de la población). La gran exposición de las mujeres a la enfermedad ha sido también subrayada por el tipo de oficio que suelen desempeñar. (enfermeras, empleadas en las cajas de los supermercados y, de manera más general, por la importancia de las mujeres en las actividades de cuidado). Todo esto en relación con los trabajos y salarios precarios de cada ciudadano, por ejemplo, se puede recordar que uno de los primeros decesos por Covid-19 en Brasil fue de una empleada doméstica obligada a seguir trabajando para su patrona, la cual se había contaminado durante un viaje turístico en Italia[2]

Ahora bien, ¿cómo puede analizarse el caso del SARS-CoV-2? Es demasiado temprano para decirlo, porque no hay ninguna certeza en lo que se refiere a la cadena inicial de transmisión del virus. La tesis generalmente admitida ubica su origen en el mercado de Wuhan, en China, y se centra en el murciélago (algo muy probable, ya que es un formidable contenedor viral) y, quizás, en otros animales salvajes que allí se vendían. Pero estos datos no son tan seguros como parecen. Es evidente que el coronavirus no se habría difundido como lo ha hecho si Wuhan no hubiera sido una de las capitales mundiales de la industria automotriz. Aquí, la causalidad es doble. Tiene que ver con el desarrollo de China, que se ha transformado en la segunda potencia económica mundial (representa ahora el 16% del PBI mundial, contra solamente el 4%, en el momento de la epidemia de SARS, en 2003). Pero también se debe a la expansión desmesurada del tráfico aéreo (la cantidad de pasajeros se ha duplicado en los últimos quince años). De hecho, la difusión del coronavirus corresponde exactamente a la densidad del tráfico aéreo mundial: en pocas semanas, se expandió desde China hasta Europa y América del Norte, mientras a América Latina llegó más tarde y al África tardó mucho tiempo en llegar. Son las zonas más interconectadas y más “centrales” del capitalismo globalizado las han sido golpeadas en primer lugar. Nunca se había visto en la historia humana una pandemia que se difunda tan ampliamente y tan rápidamente a escala global (Baschet, 2020)

Ante esta hecatombe dolorosa que ya todos conocemos y estamos viviendo. En nuestro país un movimiento automotriz, por primera vez en la historia de México, decide subir a sus carros a “defender” sus intereses particulares. Privilegios que antes no era necesario “pelear” “protestar” y que ahora están aprendiendo a organizar una marcha (en auto), realizar consignas, pancartas, etc. Su lema “El dinero determina lo que hacemos” su mayor preocupación: no convertir el país en “comunista”, no regalar dinero a los ninis, y, por supuesto “AMLO vete ya”, o lo que sea que eso signifique. Además, una llamarada de insultos clasistas contra las personas que no trabajan, aunque la realidad es que 17% de las personas del 10% más pobre tienen dos trabajos o más. De hecho, la mayoría de la población no puede afrontar muchos días ni semanas de desempleos[3]. Ofensas constantes hacía el presidente, pero también contra sus seguidores. No asocian que el objetivo de las marchas tiene como origen una consigna real, como es el caso de protestas para esclarecer la desaparición de 43 estudiantes, o cuando “los obreros deciden decir no y se van a huelga, expresando no, no obedeceremos esta orden o bien no seguiremos trabajando bajo estas condiciones. Esto no excluye la continuación de la esclavitud bajo otras condiciones [es decir] se convierte en un paso en la negociación de nuevas condiciones de esclavitud” (Holloway, 2011:40).

Otro grupo, decide vituperar que durante este año México tendrá más de 10 millones de nueva pobreza (que aún no existe, pueden ser menos o más), o como ellos lo dicen “pobres” como si su condición dependiera de ellos o fuera una elección personal. Lejos de ser analizadas estás cifras como personas, son el número perfecto que sirve como argumento para la campaña de posicionamiento contra el gobierno actual, esto no es exclusivo de México, pues en la mayoría de los países la oposición ha utilizado la crisis sanitaria para sacar provecho electoral, salvo sus contadas excepciones como fue el caso de países como Bélgica, Portugal o Reino Unido que tuvieron una actitud opuesta[4]. Con esto no quiero decir que la oposición toma esta actitud por ser AMLO quien esta al mando del país, pienso que, si Andrés Manuel fuera oposición, también habría sacado provecho electoral de la crisis originada por el virus. No obstante, quienes se posicionan en contra del manejo actual del Coronavirus, olvidan que todos estos datos que replican cobran sentido en la medida en que generar un esfuerzo desesperado por hallar una salida que genera acciones y no sólo quedarse en el discurso político de amenazas, insultos y hasta comunicados para pedir la salida de funcionarios públicos, específicamente de Hugo López-Gatell. Es una cuestión diferente cuando la negación se convierte en creación.

La bandera de este grupo es el libre mercado, sin importarles que muchas veces el capital arrastra con varios derechos sociales de los trabajadores, estos liberales están muy complacidos de ver cómo triunfa la libertad del individuo frente al poder del Estado. Son liberales que confían en la libre actuación del mercado, sólo porque ha funcionado en otros países. Por desgracia, como argumenta Tenorio (2016) “esta nueva teología es hegemónica en el presente. Su formulación es muy simple y contradictoria desde el punto de vista lógico pues tratan de demostrar lo que en realidad suponen: que los seres humanos son desiguales y que unos deben recibir más que otros en función de esa disparidad de talentos. En consecuencia, cualquier medida de nivelación es totalitaria pues los más limitados, incapaces, indolentes, irresponsables o débiles, saldrán beneficiados injustamente en contra de los más hábiles, brillantes, capaces, responsables y disciplinados. ¡Totalitarismo! El epíteto resuena frente a toda tentativa de reparación o nivelación ¡Totalitarismo! El marbete es colocado sobre cualquier intento de justicia distributiva que no sea el del libre mercado ¡Totalitarismo! Sin darse cuenta, quienes lo proliferan se sitúan precisamente en un lugar y en una condición idéntica a la que pretenden denostar” (p. 134). De esta manera se posicionan en contra de la justicia distributiva, ¿por qué los emprendedores deben mantener a los irresponsables? es decir, a la madre soltera, los enfermos que no saben llevar una vida sana, los ancianos que no previnieron su futuro, los adictos, lo extranjeros, los perezosos etc.

Es muy fácil pensar que todos y todas partimos desde el mismo inicio, es muy fácil pregonar que tenemos las mismas capacidades de inversión, que todos accedimos a educación superior de calidad, y, por lo tanto, tenemos las mismas habilidades para sobresalir en un mundo de libertad económica y mínima participación estatal. Asocian el acceso a mejores condiciones por parte de las y los ciudadanos, a un ascenso a la clase política, y que en consecuencia podrían, peligrosamente, convertirse en dominantes. Asegurando de esta manera el poder político como la violencia concentrada de una clase para la opresión de la otra.

Por último, es importante comprender que la situación actual va más allá de los gobiernos de los países, la situación, hasta antes de la pandemia, era un escenario de explotación laboral y natural, violencia, sobreproducción, corrupción, inacceso a los derechos indispensables para una vida digna como son: alimentación, vivienda, educación, salud, entre otros.

Por ello, visibilizar la relación asimétrica entre empresarios y empleados, pues concentrar el poder significa determinación en la vida de los demás, su libertad, el acceso a bienes culturales, etc. Por supuesto que los gobiernos son cómplices, pero responden a intereses de los dueños de empresas trasnacionales como sucede en México con el muy sonado caso de Ricardo Salinas Pliego, quien forma parte del consejo asesor empresarial de AMLO, y decidió no cerrar ninguna de sus empresas ante la crisis sanitaria. Por eso, nuestra visión de ir más allá de lo evidente, es verdad que, si la pandemia se hubiese presentado en un gobierno de otro partido, es decir, en lugar de AMLO, Meade. El escenario fuera el mismo, pero con diferentes actuaciones. López-Dóriga y Loret apoyando al régimen. AMLO criticándolo y todos quejándonos de nuestros gobernantes. Así, seguiríamos sin entender que los millonarios son los autores intelectuales de las decisiones a favor de sus intereses y en contra de la población, como pone en relieve el Instituto de Estudios Sobre Desigualdad A.C. “En México, 178 mil millones de pesos serían suficientes para acabar con la pobreza extrema por un año. Eso equivale sólo a 15% de la riqueza de Slim o bien los diez empresarios más ricos del mundo podrían dedicar 300 mil millones de dólares necesarios para detener el avance del calentamiento global y aún disfrutar de 386 mil millones[5]”. Ante este corolario, recordar lo que nos dice Fredric Jameson, hoy parece “más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”

Notas

Tenorio, Gerardo Ávalos (2016).  Ética y Política para tiempos violentos. México: Universidad Autónoma Metropolitana.

Holloway, John (2011). Agrietar el capitalismo el hacer contra el trabajo. México, Ediciones Herramienta

En memoria de Don Leonardo Luna Pacheco, amigo y guía.

[1] Información disponible en http://comunizar.com.ar/jerome-baschet-lo-estamos-enfrentando/ [Consultado el 13/05/2020]

[2] Para mas información https://www.redebrasilatual.com.br/cidadania/2020/03/coronavirus-domesticos-em-casa-salarios-em-dia/ [Consultado el 26/07/2020]

[3] Para mas información https://economia.nexos.com.mx/?p=2331 [Consultado 20/06/2020)

[4] Información disponible en https://www.eldiario.es/internacional/pandemia-siglo-rivalidades-politicas-espana_1_2259902.html [Consultado 1/08/2020]

[5] Para más información http://www.pued.unam.mx/export/sites/default/archivos/covid/COVIDIngreso.pdf [Consultado el 31/07/2020)

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Omar Pineda Luna

Pedagogo y Politólogo, Posgrado en Ciencias Políticas BUAP. Profesor universitario. Colabora en el CENEVAL A.C. Escribe de Política, educación y pedagogía crítica.