La oposición de fuera y dentro

  • Xavier Gutiérrez

El Bloque Opositor Amplio (BOA) puede existir o no. Puede ser una maniobra desde el poder o no. Lo real es que hay una oposición al presidente y su gobierno, lo cual es consustancial a toda democracia.

Es de lo más normal que todo gobierno tenga frente a sí a opositores. Y los hay cubriendo todo un abanico de colores y ánimos.

El punto está en la calidad de los opositores.

Han existido y existen gobernantes que se ufanan de la categoría de sus opositores. Eso habla bien de los que están en desacuerdo pero habla mejor de quien está en el poder.

En el caso nuestro, los descontentos podrían o no estar bajo el amparo del multicitado membrete. Lo cierto es que están en la vida activa.

Todos los días expresan su sentir crítico con declaraciones, entrevistas, en la prensa,  en radio o televisión, en memes o con actos de protesta en las calles. Tienen nombres y apellidos. No hay nada nuevo bajo el sol.

Al contrario, con su actuar múltiple y polifónico le dan legitimidad al gobierno que critican.

En el panorama parece haber por lo menos tres flancos antigubernamentales.

 El llamado FRENA que todos coinciden en denominar con fines golpistas.  Es decir, que escoge el camino de violentar la ley para expulsar del poder al presidente.

No se espera a una revocación del poder legal ni a unas elecciones, quiere que AMLO se vaya ahora mismo. Por cierto que entre sus estrategias figura una bastante burda: buscar concitar simpatías entre los grupos supuestamente afectados, pero los convoca a protestar rigurosamente en coche y pagando su gasolina. Es evidente un sendero clasista y que empieza por afectar el bolsillo de los que invita a sumarse.

El segundo bloque opositor es multicolor.

Constituyen un flanco variopinto en el que hay hasta ciudadanos honestos y creyentes fieles en la democracia.

Y a medida que pasen los días, se habrá de clarificar el panorama para evaluar quiénes de los opositores gubernamentales tienen vigente su credencial de leñador para hacer leña del árbol caído.

Con la aclaración de que el tal árbol ni está en el suelo, ni está manco.

 Es decir, goza de cabal salud y, como todo gobierno, tiene o tendrá sus estrategias no sólo para defenderse, lo cual es legítimo, sino,  desde sus órganos de poder, su base partidaria, participar en el debate en la lucha electoral mostrando en público el talante real de quienes lo combaten.

Mueve ya sus piezas. Por ejemplo, ha exhibido públicamente a algunos grupos empresariales que presumiblemente financian a la oposición, pero que a la vez son deudores multimillonarios del fisco.

Ha mostrado de modo teledirigido la parte vulnerable de algunos analistas, consultores e intelectuales, que hoy portan impecables blasones democráticos y claman transparencia y honestidad, pero apenas ayer eran cómodos beneficiarios de las mieles del poder en sucesivos gobiernos.

Muchos de ellos, de los más visibles (fama no quiere decir prestigio ni honorabilidad, tampoco credibilidad) fueron desenchufados de las altas esferas del poder, desde donde un sexenio tras otro eran parte del entramado intocable, eran piezas de la simbiosis poder-negocios-medios.

La ventaja de ostentar  el poder, permite tener información privilegiada, revisar antecedentes, estudiar la nervadura oculta de los oscuros negocios en los que se anuda el dinero y el poder público.

Asimismo, desde esa posición privilegiada se conocen vínculos, patrocinios, desvíos de recursos. Se tiene la radiografía de empresas, grupos, sociedades y complicidades. Se saben trayectorias y antecedentes, mil cosas que se pueden utilizar politicamente sin contravenir la ley.

Al contrario, simplemente exhibirse a la luz del día y con la ley en la mano.

Información es poder.

Dicho de otra manera, desde el poder es más fácil seguir la huella del dinero para ver hacia dónde va. Y sobre todo, para qué y para quiénes.

Eso siempre ha ocurrido desde el poder. Aquí y en China.

Esa es precisamente  una de las ventajas de ganar una elección, de acceder al poder.

Eso justamente es lo que le reprochan al PAN, cuando tuvo el poder durante dos sexenios: en lugar de usar el poder que se deriva de la información, toleró, encubrió, negoció un statu quo del que era pieza interesada. Hoy, ingenuamente, hipócritamente, se queja de lo que se negó a hacer.

De manera que la oposición tiene que pasar múltiples aduanas para llegar incuestionable a la escena pública. A la balanza para pesar su calidad.

 Muchos de sus capitostes, animadores o voceros ya arrastran un pesado fardo que nos les permitirá flotar.

Pasar un sinfín de filtros permitirá a la gente analizar si hay congruencia entre dichos y hechos.

Y el tercer flanco de la oposición al gobierno es el gobierno mismo en sus distintos escalones del poder. Empezando por el presidente. Aciertos y errores a la vista y juicio del electorado.

Y de modo sobresaliente el papel de los gobernadores y presidentes municipales morenistas. Este me parece que es el nivel más peligrosamente vulnerable del poder.

Su quehacer, imagen y resultados están muy a nivel de piso. Y parece que o no lo advierten o, lo que es más grave aún, se obstinan en no rectificar.

El único consuelo que parecen tener es que los de enfrente están peor.

Pero, de ser así, es una pésima lectura.

xgt49@yahoo.com.mx

 

 

 

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Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.