Ser maestro en tiempos de COVID-19

  • Luisa Martínez Baxin

Desde el inicio de la cuarentena uno de los objetivos fundamentales del gobierno, fue que las familias mexicanas permanecieran en casa. Por tanto, debían cerrarse varios establecimientos, como algunos comercios y restaurantes con la finalidad de estar aislados y no exponerse ante la multitud, ni mucho menos asistir a conciertos y contraer coronavirus. De acuerdo a las cifras diarias que nos muestran los medios de comunicación, cada vez son más los casos confirmados de COVID-19.  

En realidad, mucho se desconoce sobre el desarrollo de esta enfermedad y más porque las redes sociales nos invaden con noticias falsas. Sin embargo, con la pandemia comienza una nueva forma de trabajo, de interacción y comunicación, con los seres queridos, colegas, amigos, pero sobre todo entre maestros y alumnos. Me refiero a una nueva forma de trabajo porque todavía se desconocen plataformas virtuales para poder adjuntar las tareas, así como realizar videoconferencias o reuniones.  

Es aquí donde inicia el estrés del docente, quien debe tener dominio de estos medios virtuales para estar en constante comunicación con sus alumnos, enviando actividades y retroalimentando las clases con sesiones en línea. 

La gran controversia y crítica ante el sistema educativo mexicano, se da cuando el Secretario de Educación da a conocer en varios medios de comunicación que el ciclo escolar no se perderá, por lo que los maestros deben estar trabajando, dejar tareas y buscar las herramientas necesarias para localizar a los alumnos que no han dado señal desde el último día de clases de manera presencial. Por ese motivo, las críticas se hicieron notar cuando se dio a conocer que en televisión abierta pasarían las clases para los niños de educación preescolar, primaria y secundaria. 

En ese sentido el exceso de trabajo se acumularía, porque los alumnos tendrían que elaborar actividades ya programadas semanas anteriores y todavía realizarían más tareas por las clases transmitidas en televisión.  

Asimismo, hay alumnos que no cuentan con televisión en casa, ni mucho menos internet y para esto el gobierno facilitó la opción de programar las clases por la radio, donde se transmiten programas en alunas lenguas indígenas como: cora, maya y rarámuri. Para que no existan obstáculos en el aprendizaje de los niños, también se proporcionaron cuadernillos con el propósito de fomentar la lectura y reforzar matemáticas. 

Dentro del discurso se encuentra que sean los padres de familia quienes acompañen a sus hijos en este proceso de aprender en casa, y no dudo de aquellos padres comprometidos con esa labor, pero también están aquellos que salen a trabajar porque buscan la forma para poder comer, y no se dan el tiempo de apoyar a sus niños, o les cuesta comprender las tareas que dejan los maestros. 

Ante todo, ser maestro en tiempos del coronavirus es un aprendizaje más, pero también frustración para muchos. El objetivo principal es que ningún niño repruebe este ciclo escolar. Aquellos que no trabajaron en las aulas, no cumplían con investigaciones, no llevaban material didáctico, o fueron dolor de cabeza para algunos docentes pasarán el año porque la contingencia será una oportunidad más. 

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Luisa Martínez Baxin
Historiadora y Maestra en Estudios Históricos por la UPAEP, originaria de San Andrés Tuxtla, Veracruz. 
Ha realizado trabajo de campo e investigación en relación a la Historia de la educación.