"La asamblea de las mujeres"

  • Atilio Peralta Merino
Rebelándose contra un orden social que les resultaba represivo.

Aristófanes abordó el tema concerniente al despliegue del poder de las mujeres rebelándose contra un orden social que les resultaba represivo en una obra formidable :“Ecclesiazusas” o “la Asamblea de las Mujeres”,

 Tópico que abordaría nuevamente en “Lisístrata”, escrita y puesta en escena en momentos en que la democracia ateniense enfrentaba la crisis derivada de su enfrentamiento militar con Esparta, pasaje histórico magistralmente consignado en las páginas de “La Guerra del Peloponeso”.

El hierático Creón descrito por Tuscídides, contrasta a no dudarse con “tirano” erigido en el objeto de las burlas sangrientas de Aristófanes, la derrota militar de Atenas, coincidiría, ya bajo el mandato de Pericles con el surgimiento  de las grandes personalidades del momento, cuyo legado imperecedero llega a nuestros días; no obstante, la denominada “comedia Ática” con su denotado contenido político, desaparecería de la vida literaria y escénica.

El período de Pericles va de la mano con la extinción de la ciudad estado y su sustitución por la expansión helénica, representada en una primera etapa por la expansión de los “macedonios” Filipo y Alejandro, y, posteriormente, con el dominio de Roma en el Mediterráneo.

La acidez virulenta de la comicidad vertida sobre el acontecer de la política, estaría en la naturaleza misma del “ búho de Minerva que canta sólo al anochecer”;  la “comedia ática”, en consecuencia, sería sustituida por la “helénica” de Medardo cuya temática se circunscribe a retrata , y  que abre la brecha a la comedia romana emblematizada por Plauto, en la que algún dios burla la hospitalidad de un “anfitrión” pero en la  que la rebeldía política de las mujeres ante las reglas del poder social no tendrían ya cabida alguna.

El movimiento feminista convocaría hace unos años al repudio masivo a la asunción del poder de Trump, ante declaraciones vertidas por éste durante su campaña por la nominación republicana y posteriormente por la búsqueda del arribo correspondiente a la Casa Blanca, que muy bien podrían haber sido consideradas como “poco delicadas” por decir lo menos, en la ocasión, la vinculación de los colectivos convocantes a la protesta, con la descarrilada campaña electoral de Hilary Clinton se encontraba más que manifiesta.

La sociedad contemporánea ha alterado los roles sociales tradicionalmente desempeñados, fuente per se de violencia al decir de los estudios realizados  al respecto desde hace ya varias décadas por el brillante antropólogo Santiago Genovés, fuente de tensión que encuentra a no dudarse un fértil campo de cultivo en la tradición patriarcal milenaria hoy en entredicho; pese a lo cual, el grado de violencia que actualmente se vive, a mi particular punto de vista, habría que buscarlo en un fenómeno de explotación comercial con estándares de producción en masa y que es el negocio internacional de la trata.

Fenómeno sin precedente, que ocasiona una situación de vulnerabilidad de nuestra sociedad, que trasciende por mucho las reglas concernientes a lo que al efecto pueda considerarse “políticamente correcto”.

Una aberración legislativa, como lo es el denominado “feminicidio” como delito autónomo y no como agravante del tipo penal de homicidio, abre puertas a la defensa de un asesino, pero se erige en bandera como “victoria cultural”, por demás, mal entendida.

En alguna ocasión anterior, previa a que  la terrible tragedia de la niña Fátima estremeciera la conciencia nacional, y con la que quedara de manifiesto que, al margen del interés de Hilary o del Creón por canalizar a su favor la inconformidad social en plena  me  había atrevido a sugerir a los diversos colectivos de mujeres ,  el realizar una protesta masiva en repudio al gobierno que encabeza en Oaxaca Alejandro Murat Hinojosa , dada la protección brindada por el gobierno local al otrora diputado Juan Antonino Vera Carrizal como presunto autor intelectual del atentado con ácido que sufriera la saxofonista María Elena Ríos, me atrevo a sugerir nuevamente, que, ante la convocatoria de protestas en marcha, éste sea tomado como una de sus banderas relevantes.

Al margen del interés de Hilary o del Creón por canalizar a su favor la inconformidad social en plena ebullición,  o de las banderas que puedan erigirse para apuntalar carreras políticas, hay un reclamo en marcha que no debemos permitir que sea borrado de los escenarios, aunque lastime a Creón la risa de sus conciudadanos.

albertoperalta1963@gmail.com

Opinion para Interiores: 

Visitas: 177
Versión para impresión

Anteriores

Atilio Peralta Merino

Nací en ésta ciudad, en la sala de maternidad “Covadonga” de la Beneficencia española, “tal vez un jueves como hoy de otoño”, dijera parafraseando a Cesar Vallejo, y de inmediato me trasladé a las islas del Caribe, entre brumas mi primer esbozo de recuerdo es el vapor de un barco que desembarcó en la Dominicana, Isla a la que jamás he vuelto y que no registro en la memoria consciente, desconozco si habríamos arribado a “Santo Domingo” o si todavía sería “Ciudad Trujillo” acababa de tener verificativo la invasión auspiciada por la OEA y, al decir de mi señora madre, era en ese momento el lugar más triste que habría sobre el planeta tierra.

Estudié orgullosamente con los jesuitas hecho que me obliga a solazarme en la lectura de james Joyce, y muy particularmente en “El Retrato del Artista Adolescente”, obra que conocí gracias a mi amigo y compañero de andanzas editoriales juveniles Pedro Ángel Palou García, y asimismo orgulloso me siento de mis estudios en leyes en la Escuela Libre de Derecho pese a los acres adjetivos que le endilga a la escuela José Vasconcelos en su “Breve Historia de México” al referirse a otro egresado de la “Libre” como lo fuera el presidente Emilio Portes Gil.

Crecí escuchando los relatos de mi abuelo sobre su incursión en los primeros años de su adolescencia en las filas del ejército constitucionalista, sus estudios de agronomía en “Chapingo” junto a los Merino Fernández, su participación en la “Guerra Cristera” al frente de cuadrillas armadas bajo la indicaciones del General Adrián Castrejón quién años después crearía los servicios de inteligencia militar y se convertiría en el gran cazador de espías nazis durante los años de la conflagración mundial, y por supuesto, de los días aciagos del avilacamchismo de cuyo régimen perdería el favor dadas las intrigas que suscitarían su parentesco con el líder obrero Manuel Rivera Anaya.

Mi padre por su parte, llegaría a éste país mitad en vieja de estudios, mitad exiliado, habría corrido a su cargo el discurso que en representación de los jóvenes fuese pronunciado ante la multitud reunida en Caracas el 23 de enero de 1958 con motivo de la caída de la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suceso al que alude Gabriel García Márquez en “El Otoño del Patriarca, matriculándose en la entonces Escuela Nacional de Economía que, muy pocos después, se transformaría en la “facultad” gracias a la brillante intervención de la maestra Ifigenia Martínez.

“Soy todas las cosas por las que voy pasando”, he tenido en suerte el haber colaborado, o convivido de alguna manera con hombres cuya actuación ha resultado clave en la historia reciente del país, mencionaré a manera de ejemplo y obligado por la más elemental de las gratitudes a los senador José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad así como y mi entrañable maestro el constitucionalista Elisur Artega Nava ; transformación que conduce por un lado , a darle cabal cumplimiento al deber bíblico de dar testimonio de los sucesos que corren en el siglo, y por la otra a convertirse en un hombre sencillo como dijera Borges: “ que aprecia el sabor del agua, el caminar pausado y la conversación con los amigos”.