Inmolación social o la educación del eterno retorno

  • Omar Pineda Luna
Concientizar, prevenir y exigir el respeto hacia las mujeres de México.

El hombre de las masas activo, tiene una actividad práctica, pero no tiene conciencia teórica clara de su actividad práctica, la cual incluye la comprensión del mundo y la razón por la que éste se trasforma. Su conciencia teórica puede verdaderamente estar históricamente en contradicción con su actividad. Uno puede casi decir que él tiene dos conciencias teóricas (o una conciencia contradictoria); una que está implícita en su actividad y qué en la realidad lo une con todos sus compañeros trabajadores en la trasformación práctica del mundo real: y otra, superficialmente explicita o verbal, que ha heredado del pasado y que ha absorbido acríticamente (Gramsci, 1971)

 

Ante el escenario de violencia contra los mexicanos y mexicanas ¿Cuál es el papel de los educadores y educadoras respecto a la situación actual del país? ¿Qué papel han desempeñado para fortalecer o prevenir la violencia? Es desde las aulas ¿Dónde profesoras y profesores permiten o generan todo tipo de intimidación? ¿Por qué siempre se exige a la educación resolver todas las dolencias que aquejan a la sociedad?

Uno de los últimos lugares donde aún es permitido el debate, la tolerancia, el respeto, la pluralidad de ideas y construcción de escenarios ideales es la escuela, en todos sus niveles, desde el básico hasta el superior. Aun cuando el empirismo y el positivismo continúan dominando en la mayor parte de las instituciones escolares, la educación ha resistido la conquista del poder económico, la imperecedera batalla entre el logos y la lógica como finalidad del proceso educativo; el primero en relación a la razón como principio motor y organizador del mundo, el segundo, como racionalidad que alude a la técnica, adiestra y sirve al capital, en ese sentido, como humanidad hemos fortalecido la segunda al grado de impregnar todos los aspectos de nuestra vida con una lógica de mercado, caracterizada por un mínimo esfuerzo consiguiendo resultados medianamente aceptables. Un ejemplo sencillo de la vida estudiantil son las tareas: profesoras y profesores dentro su práctica educativa diaria solicitan investigaciones a las que asignan un valor, generalmente estandarizado, los estudiantes, por su parte, atienden a su racionalidad copiando o haciendo los requerimientos, sin saber por qué el maestro pidió ese trabajo o comprender lo que significa y mucho menos su utilidad,  ya que si respondiera a éstas preguntas estaría aludiendo a su razón, sin embargo, al presentar las tareas el resultado es el mismo, obtienen el valor asignado haciendo el mínimo esfuerzo con el equivalente efecto para todos. Atienden a su lógica no a su logos.

Por otra parte, la inmolación social que se vive es una llamada de atención para la escuela ¿en dónde más debatir la violencia que vive el país? por qué la mayoría de los maestros y maestras no han dedicado un tiempo de su asignatura para fijar una postura ante el llamado del colectivo feminista de Veracruz #BrujasDelMar, que rápidamente fue asumido por miles de mexicanas, y tiene como objetivo concientizar, prevenir y exigir el respeto hacia las mujeres de México con la convocatoria #UnDíaSinNosotras el próximo 9 de marzo. La respuesta puede llevar a diversos escenarios, pero el principal responde a una profunda deshumanización que ha penetrado en las aulas, desde los planes de estudio, los exámenes de rendimiento académico, las planeaciones escolares, los procesos y productos, las constantes evaluaciones estandarizadas de calidad y eficiencia para demostrar la aprobación de los procesos de certificación empresarial, etc. Todo lo anterior es de manera sutil, poco perceptible para los que nos dedicamos a la educación y aceptamos las exigencias del sistema educativo del rendimiento sin cuestionarlo, como afirma Henry Giroux (1992) “la lógica de la racionalidad tecnocrática y anclada en un discurso que encuentra principios universales de la educación que están cimentados en el ethos del instrumentalismo o del individualismo al servicio propio” (p.22)

Es evidente que el problema de la violencia contra la mujer tiene en nuestro país, desgraciadamente, una larga historia. Todos en nuestros hogares tenemos familiares muy cercanos que han sufrido y callado todo tipo de acoso: en las calles, en el trabajo, en la escuela, en instituciones públicas, en los medios de trasporte, etc. Las experiencias son innumerables pues anteriormente estas demandas eran desdeñadas por el núcleo familiar y después por las autoridades. Pero una lucha constante, ese tipo de resistencia minúscula de la que habla Walter Benjamín, es hoy un grito mundial y que, gracias a ellas, varias compañeras han decido hablar de la violencia que han sufrido en el pasado, porque ¡ojo aquí! los discursos eufemísticos que considera el pasado como superior, fácilmente nos puede llevar a una romantización del mismo y con ello el peligro de que el presente y futuro representen una involución de la sociedad. Aunque no son suficientes, no podemos negar los avances que hemos tenido como sociedad en su conjunto. 

Por lo anterior, profesoras y profesores deben comenzar por una deconstrucción (en los términos que plantea Jacques Derrida) personal, es decir, abrir todo aquel concepto que se presenta como último y definitivo, desestabilizar el sentido común, evidenciar el carácter arbitrario de toda certeza, en este caso de lo que se entendió como masculino y femenino, no obstante, éste desmantelamiento de los hábitos enseñados en casa conlleva un proceso, primero, el admitir las prácticas que se han legitimado desde el aula y la escuela como dominio de hombres sobre mujeres, sin este primer paso, es improbable educar con perspectiva de género. Por el contrario, si desde la escuela continua en pasividad pronto se traducirá en condonar la conducta y por lo tanto perpetuarla, con ello, desde los discursos escolares reforzamos la inmolación social.  Aunque es cierto que varias escuelas han fijado una postura a favor del paro el siguiente 9 de marzo, en la práctica siguen promoviendo una masculinidad hegemónica o ¿Cuántas de las universidades públicas del país son presididas por una mujer? ¿Cuántas han sido rectoras? Hace no mucho se permitió ocupar el cargo de directoras o bien coordinadoras. Este es otro llamado para no caer en discursos dulcificados en la lucha por la equidad de género, bajo el argumento “les doy permiso” o “les damos el día”.

Ante esto, es necesario que la sociedad este consciente que la educación no es la panacea de todas las problemáticas actuales, no obstante durante las últimas décadas, existe un exaltado fervor por resolver los problemas desde la vida escolar, ejemplo de ello son los esfuerzos de los maestros y maestras por atender estás situaciones desde el aula que, por si fuera poco tiene su propia dinámica no resuelta, además de esto, deben considerar otros tipos de educación como son: educación ambiental, educación emocional, educación financiera, educación cívica, educación física, educación en valores, educación especial, educación sexual, educación vial, educación integral, educación empresarial, educación política, educación en al aula diversa, educación con perspectiva de género, etc., si bien es cierto la educación no corrige necesariamente las estructuras y comportamientos, puede llegar a ser un importante motor si los ciudadanos y ciudadanas pudieran desarrollar sus capacidades de crítica y de lucha por una sociedad con mayor justicia y libre de violencia. Sin embargo, la solución a los problemas sociales siempre no lleva al mismo lugar: la educación como eterna respuesta, la carga que le imputan a la escuela es considerable y la mayoría de las veces necesita la participación de todos los actores sociales.

Como pone en relieve Han (2016) “En una sociedad del cansancio con sujetos del rendimiento aislados de sí mismos, también se atrofia por completo la valentía. Se hace imposible una acción común, un nosotros” (p. 67). La educación política actual carece de esa valentía, se desarrolla por completo en el rendimiento orientado a la productividad. Este nuevo orden social, atrofia por completo la idea de protesta, pues esta última surge por el deseo común de otra forma de vida, de un mundo más justo. Sin esta autorreflexión de la vida escolar “la espontaneidad de la esperanza, el arte de tomar una postura, la experiencia de la relevancia o de la indiferencia y, sobre todo, la respuesta al sufrimiento y a la opresión, el deseo de una autonomía madura, el deseo de la emancipación y la felicidad del descubrimiento de la identidad propia, todos éstos son abandonados por el interés [de la racionalidad] (Habermas, 1973). Es en este escenario cuando la escuela ha fracasado en su objetivo trasformar los ideales en acción social, disminuyendo todo debate y postura, generando así la indiferencia y apatía ante los problemas sociales y educativos que enfrenta el país.

Finalmente, la educación superior debe volver a sus orígenes de formar estudiantes con un pensamiento crítico reflexivo, que, en un momento dado, deberán enfrentar los problemas políticos, económicos y sociales (reales) pero, sobre todo, aprender a ser ciudadanos, la formación va más allá de sólo manejar conceptos, significa aprender a ser un ser humano capaz de amar y de imaginar “no se trata de una corrección política sino del cultivo de la humanidad” (Nussbaum, 2001 p. 35)

Luchar por los derechos, exigencias y reconocimiento en todos los ámbitos siempre es arriesgarse. Es imposible escapar de su lógica. No hay ya caminos seguros, sólo posibilidades. A nivel nacional las esperanzas por un México mejor pueden ser reemplazadas por anuncios y trucos publicitarios a favor de una creciente veneración de una sola persona.

 

Notas

Gramsci, Antonio. (1971). Cuadernos de la cárcel. Puebla: Era.

Giroux, Henry (1992). Teoría y resistencia en educación: Siglo XXI

Habermas, Jürgen. (1973). Conocimiento e interés. Boston: Press.

Han, Byung-Chul. (2016). La Sociedad de la trasparencia. España: Herder.

Nussbaum, Martha. (2001). El cultivo de la humanidad una defensa clásica de la reforma en la educación liberal. Barcelona: Andrés Bello.

 

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Omar Pineda Luna

Pedagogo y Politólogo, Profesor universitario, Colabora en el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior CENEVAL A.C. Escribe de Política, educación y pedagogía crítica. Posgrado en Ciencias Políticas BUAP