López Obrador toma por asalto la CNDH

  • Raúl Espejel Pérez
El 12 de noviembre, AMLO logró imponer, como presidenta de la CNDH a su correligionaria

Hace una semana, el presidente de la república López Obrador dio un gran paso adelante para lograr, en corto plazo, la subordinación a sus inocultables propósitos autoritarios de uno de los más importantes órganos autónomos del país.  

Contando con el apoyo mayoritario de la bancada de Morena en el Senado de la República y el respaldo incondicional de senadores de los minipartidos Verde Ecologista, Encuentro Social y del Trabajo. El 12 de noviembre, AMLO logró imponer, ilegal y arbitrariamente, como presidenta de la CNDH a su correligionaria.

Rosario Piedra.

Piedra, desde ahora, representa una enorme roca que ideologizará el quehacer cotidiano de la CNDH. Éticamente era inelegible porque además de ser militante de Morena hasta hace pocos días, también era consejera nacional de ese organismo. Esto, pone en alto riesgo la necesaria autonomía e imparcialidad de la CNDH y puede hacer parcial y selectiva la defensa de los derechos humanos.

Ese organismo fue creado mediante un decreto emitido por el presidente Carlos Salinas de Gortari el 6 de junio de 1990 como órgano desconcentrado de la secretaría de Gobernación. Se piensa que esta decisión la tomó Salinas de Gortari con la idea de legitimar su designación como presidente de la república, que fue producto del fraude electoral que ejecutó  el entonces secretario de Gobernación priista y ahora director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett Díaz, por orden del entonces, también, presidente Miguel de la Madrid.

El 28 de enero de 1992,  con la finalidad de apartar a la CNDH del ámbito gubernamental, se le adjudicó carácter de órgano descentralizado, con personalidad jurídica y patrimonio propio e independiente.

Casi siete años después, en septiembre 13 de 1999, la CNDH adquirió la categoría de órgano autónomo. Carácter que hasta antes de Piedra ha conservado.

Tras veinte años de trabajar, primero, como órgano dependiente del gobierno federal, después como órgano descentralizado y finalmente como órgano autónomo y ahora, con la llegada de López Obrador a la presidencia de la república y de Piedra a la presidencia de la CNDH, los avances logrados en dos décadas, están en riesgo de contaminarse, perderse e ir a parar en el bote de basura de la lucha que durante mucho tiempo libraron las fuerzas democráticas del país para que México pudiera contar con un organismo defensor  de los derechos humanos independiente y soberano. Libre de cualquier tipo de propósitos ideologizadores.

Señalar que el presidente López representa un peligro para la CNDH, no es, en forma alguna, una apreciación subjetiva y menos, aún, una imputación sin fundamento, ni razón. Es todo lo contrario.

Tampoco es una actitud de intolerancia hacia la señora Piedra, como refiere el presidente López.

Es una posibilidad objetiva, que existe real y evidentemente. Que amenaza ideologizar la actuación de la CNDH, hacer selectivas sus decisiones y secuestrar,  de facto, sus intrínsecas autonomía, independencia y soberanía.

Desde hace un cuarto de siglo, Andrés Manuel López Obrador ha demostrado públicamente, en múltiples ocasiones, que está atrapado por el síndrome de la animadversión a las instituciones públicas. Particularmente las del Estado Mexicano. Desde entonces las ha denostado en cuanta oportunidad ha tenido a lo largo de su carrera política.  

La furia que ocasionó perder por un estrecho margen la elección presidencial ante Felipe Calderón, López Obrador mando “al diablo” a las instituciones del Estado mexicano al asumirse como víctima de un fraude electoral que jamás pudo demostrar con la menor prueba documental que avalara su acusación. Ni siquiera pudo presentar un pequeño elemento visual de prueba.

Ahora, siendo presidente de la república, ha pasado de la acusación sin fundamento y de la injuria verbal, al acoso llevado a cabo desde la comodidad y potestad que ofrece a López su condición de titular del Poder Ejecutivo Federal.

Más tardó en llegar a ocupar el cargo de presidente de la república que en iniciar una campaña de escarnio y desprestigio contra los órganos autónomos del Estado Mexicano y sus directivos.

Mediante una decisión gubernamental que se interpretó como recompensa a los profesores integrantes del la CNTE por el apoyo que le proporcionaron en la elección presidencial de 2018, López Obrador desapareció el Instituto Nacional para la Evaluación Educativa, después de no dejar “ni una coma” de la reforma  que impulsó Enrique Peña Nieto.

Al Instituto Nacional Electoral y al de Transparencia y Acceso a la Información los denuesta en cuanta oportunidad se le presenta.

Recurriendo al viejo procedimiento del fraude electoral, aprendido al pie de la letra  durante los años que militó en las filas del PRI, López Obrador logró imponer ilegalmente a Rosario Piedra en la presidencia de la CNDH.

Al mostrar su regocijo por la imposición de Piedra (disfrazado de triunfo), López aseguró que teniendo a su  pupila al frente de la CNDH, este organismo dejará de ser “una pantalla, un alcahuete del régimen” (neoliberal y conservador).

“Quienes antes (de Piedra) estuvieron al frente de la CNDH fueron puros especialistas, expertos, doctores, graduados en universidades famosas de México

y del mundo, que se distinguieron por cobrar bastante, pero al mismo tiempo, siempre guardaban un silencio cómplice, encubrían. Nada se sabía, a nadie se castigaba”, pontificó el presidente López con su clásico estilo de expeler improperios a diestra y siniestra.  

Sin embargo, sólo quien tenga obnubilada la mente y la mirada, podrá negar el peligro que corre, en materia de decisiones imparciales, autónomas, independientes y desideologizadas, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos con el arribo de Piedra a la presidencia de este importante organismo.

Opinion para Interiores: 

Visitas: 292
Versión para impresión

Anteriores

Raúl Espejel Pérez

Ha colaborado como articulista en la revista Jueves de Excélsior, El Universal de México, El Universal Gráfico, El Universal de Puebla, El Día, Nueva Era de Puebla y la revista Momento de Puebla (versión impresa y digital).