La Ibero Puebla y la inspiración de Ellacuría

  • Juan Luis Hernández Avendaño
El gobierno de Estados Unidos tuvo que cortar la ayuda de 1 millón de dólares diarios

El pasado 16 de noviembre se cumplieron 30 años del asesinato de los jesuitas de El Salvador y sus colaboradoras, masacre que sería el principio del fin de la guerra civil en este pequeño país de Centroamérica. El batallón Atlacatl, unidad de élite del ejército salvadoreño, en realidad iba por un solo objetivo: Ignacio Ellacuría, el rector de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y quien había puesto la fuerza social de la universidad y el talento intelectual de su persona para pacificar al país. Pero como la instrucción era que no quedaran testigos, eliminaron a todos quienes se encontraban aquélla madrugada en la casa de los jesuitas.

Como suele ocurrir en estos casos, los profesionales de la violencia están convencidos que masacrando y asesinando a los portadores de la inteligencia práxica, podrán seguir haciendo negocio con la guerra, perpetuar el odio y conservar el poder de doblegar a otros de manera tiránica. No obstante, quitarle la vida a Ellacuría abrió un camino de inspiración en muchas partes del mundo, sobre todo, en América Latina, una inspiración para ser y hacer universidad. El gobierno de Estados Unidos tuvo que cortar la ayuda de 1 millón de dólares diarios al ejército salvadoreño y obligarlo a negociar la paz con el FMLN. El 16 de enero de 1992 en el Castillo de Chapultepec se firmó la paz e inició un proceso de transición democrática en este pequeño pero convulso país.

En 2004 se fundó la Cátedra Latinoamericana Ignacio Ellacuría de Análisis de la Realidad Política y Social presente hoy en 9 universidades de México, América Latina, el Caribe y España con el fin de promover que las universidades sean conciencia crítica para transformar la realidad. En 2015 el gobierno general de los jesuitas desde Roma emitió el documento “La promoción de la justicia en las universidades de la Compañía” dirigido a orientar el trabajo de las más de 200 universidades jesuitas en todo el mundo. En este documento se afirma que: “El P. Ellacuría había querido convertir la universidad en una institución que defendiera a las mayorías pobres, un compromiso que aquellos hombres y mujeres pagaron con la vida. Las universidades de la Compañía tienen en ellos a sus propios mártires, debido a su compromiso por la ‘justicia que brota de la fe’”.

Asesinaron a Ellacuría pero su legado intelectual, filosófico, teológico, político, espiritual y universitario no deja de recorrer territorios por doquier. Cada vez son más quienes le descubren y descubriéndole se inicia un proceso de praxis, donde se viva, donde se haga la vida, ahí Ellacuría germinará como grano de mostaza en un compromiso para hacerse cargo de la realidad (comprender cognitiva y epistemológicamente el mundo que vivimos), cargar con la realidad (ser sensibles y compasivos por otros, sobre todo los más vulnerables) y encargarse de la realidad (hacer apuestas prácticas de acción colectiva, de política, de compromiso por cambiar la cultura de muerte).

La Ibero Puebla, como universidad jesuita, ha estado llamada permanentemente a responder universitariamente a los desafíos de una realidad injusta, violenta, autoritaria. A lo largo de sus 35 años, esta universidad jesuita en Puebla no ha querido quedarse “ciega y muda” frente a lo que ha ocurrido en este territorio, sea la hostilidad del gobierno de Marín a Lydia Cacho, sea todo lo que ocurrió durante el morenovallismo (presos políticos, espionaje, violación de derechos humanos, corrupción, tiranía) sea la ola de feminismos que recorre nuestro estado, sea la erección de una élite kakistocrática que ya no queremos que siga medrando a costa del interés público, sean las violencias estúpidas que nos deshumanizan y maltratan.

Sostengo que en México y América Latina hay tres tipos de universidades: un primer tipo son aquéllas universidades que están domesticadas y subyugadas por los gobiernos o el poder político. Un ejemplo terrible de ello son las 11 universidades que se prestaron para ser parte de la “estafa maestra”. Un segundo tipo de universidades son las universidades que están domesticadas por el mercado, universidades/negocio, no les interesa tener una palabra sobre lo que está pasando en el contexto, no quieren meterse en problemas con quien tiene el poder, sólo buscan la máxima utilidad posible de su negocio. Finalmente, hay un tercer tipo de universidades que a pesar de las presiones políticas y de las presiones del mercado, no sin tensiones ni contradicciones, buscamos ser universidades ellacurianas.

¿Qué significa eso? El propio Ignacio Ellacuría lo dice en estos términos: “La Universidad tiene la ineludible obligación de criticar intelectual y universitariamente la realidad nacional, tanto en sus vertientes técnicas como en sus vertientes políticas. No sólo para proponer soluciones y modelos de solución, sino para contribuir a formar una conciencia operativa que potencie o frene, según los casos, las fuerzas operantes en torno al cambio social. Los poderes sociales y políticos debieran ver en la crítica pública de la Universidad un elemento indispensable del avance social y el equilibrio social”.

A 30 años del martirio de Ellacuría nuestra universidad sigue buscando ser buena noticia para un mundo necesitado de esperanza, de justicia y bienestar.

*Politólogo, Director del Departamento de Ciencias Sociales de la Ibero Puebla.

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