Donación a título gratuito

  • Atilio Peralta Merino
Las autoridades locales, no obstante, han gestionado una partida presupuestal

La vigésima zona miliar cambió de sede en los pasados meses, acorde a lo cual, el General-Secretario, gestionó ante el titular del ejecutivo federal que, una vez cubiertos los requisitos que al efecto se establecen en la Ley General de Bienes Nacionales, el gobierno federal por conducto de la SEDENA donara a título gratuito al estado de Colima, la superficie que, tradicionalmente, había servido de albergue y resguardo a la zona castrense en cuestión.

Las autoridades locales, no obstante, han gestionado una partida presupuestal destinada al pago de la extensa superficie que la entidad recibirá de la federación.

 Pudiera pensarse que desconocen el alcance del significado  de determinados términos y expresiones, como “donación a título gratuito” y, al parecer,  los integrantes de la administración estatal no contarían en el haber de sus oficinas con algún diccionario ya fuese  este el de la Real Academia de la Lengua Española, o  el María Molinar, o bien el Corominas, el de Autoridades, o  la Enciclopedia Jurídica Omeba; o ya, de perdida al menos, con algún Larousse ilustrado  que les permitiera despejar cualquier duda que al efecto pudiesen albergar.

La política de austeridad llevada al extremo de que en las oficinas públicas no se cuente con diccionario alguno para solventar las dudas que pudieran surgir entre los servidores públicos encargados de la toma de decisiones, se empalma en el caso de Colima con el desbordamiento de la criminalidad y, en contrapartida con el encumbramiento de la delincuencia y la inseguridad.

En días recientes fue asaltado el despacho del abogado Gustavo Allen Ursúa Calvario, situación que llama la atención por diversas circunstancias dignas de llamar la atención:

 Una de ellas,  que la víctima del robo habitación en la especie, había sido titular del entonces denominado C4, y la otra, es que, pese a que lleva ya alrededor de cinco años dedicado del todo a actividades privadas, la más sonada sonadas ha girado en torno a la exitosa defensa que llevara a cabo de su propia causa, ante acusaciones infundadas esgrimidas en su contra  derivadas de su actuación pública, y que al efecto han sido esgrimidas por las actuales autoridades administrativas de la entidad.

Otra de las circunstancias que se hacen dignas de mención en el caso de robo a la sede de trabajo del abogado Gustavo Allen Ursúa Calvario, estriba en que, a escasos días de haberse perpetrado tal atentado a su propiedad y de haber sido debidamente denunciado ante la autoridad competente, un periódico local publicaría que el robo en cuestión correspondía a “material de espionaje”.

La publicación amén de falaz, sugiere que el redactor de la nota estaría en posesión de información que no sólo la fiscalía local desconocía, sino que incluso era ignorada por la propia víctima del delito.

No cabe duda que resulta digna de encomio una labor reporteril que tiene tal capacidad para allegarse información, por parte de un medio cuyo capital accionario, dicho sea de paso, está vinculado a personas cercanas a las autoridades que han decidido tomar decisiones sin consultar en diccionario alguno los alcances del significado de la expresión: “donación a título gratuito”.

albertoperalta1963@gmail.com

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Atilio Peralta Merino

Nací en ésta ciudad, en la sala de maternidad “Covadonga” de la Beneficencia española, “tal vez un jueves como hoy de otoño”, dijera parafraseando a Cesar Vallejo, y de inmediato me trasladé a las islas del Caribe, entre brumas mi primer esbozo de recuerdo es el vapor de un barco que desembarcó en la Dominicana, Isla a la que jamás he vuelto y que no registro en la memoria consciente, desconozco si habríamos arribado a “Santo Domingo” o si todavía sería “Ciudad Trujillo” acababa de tener verificativo la invasión auspiciada por la OEA y, al decir de mi señora madre, era en ese momento el lugar más triste que habría sobre el planeta tierra.

Estudié orgullosamente con los jesuitas hecho que me obliga a solazarme en la lectura de james Joyce, y muy particularmente en “El Retrato del Artista Adolescente”, obra que conocí gracias a mi amigo y compañero de andanzas editoriales juveniles Pedro Ángel Palou García, y asimismo orgulloso me siento de mis estudios en leyes en la Escuela Libre de Derecho pese a los acres adjetivos que le endilga a la escuela José Vasconcelos en su “Breve Historia de México” al referirse a otro egresado de la “Libre” como lo fuera el presidente Emilio Portes Gil.

Crecí escuchando los relatos de mi abuelo sobre su incursión en los primeros años de su adolescencia en las filas del ejército constitucionalista, sus estudios de agronomía en “Chapingo” junto a los Merino Fernández, su participación en la “Guerra Cristera” al frente de cuadrillas armadas bajo la indicaciones del General Adrián Castrejón quién años después crearía los servicios de inteligencia militar y se convertiría en el gran cazador de espías nazis durante los años de la conflagración mundial, y por supuesto, de los días aciagos del avilacamchismo de cuyo régimen perdería el favor dadas las intrigas que suscitarían su parentesco con el líder obrero Manuel Rivera Anaya.

Mi padre por su parte, llegaría a éste país mitad en vieja de estudios, mitad exiliado, habría corrido a su cargo el discurso que en representación de los jóvenes fuese pronunciado ante la multitud reunida en Caracas el 23 de enero de 1958 con motivo de la caída de la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suceso al que alude Gabriel García Márquez en “El Otoño del Patriarca, matriculándose en la entonces Escuela Nacional de Economía que, muy pocos después, se transformaría en la “facultad” gracias a la brillante intervención de la maestra Ifigenia Martínez.

“Soy todas las cosas por las que voy pasando”, he tenido en suerte el haber colaborado, o convivido de alguna manera con hombres cuya actuación ha resultado clave en la historia reciente del país, mencionaré a manera de ejemplo y obligado por la más elemental de las gratitudes a los senador José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad así como y mi entrañable maestro el constitucionalista Elisur Artega Nava ; transformación que conduce por un lado , a darle cabal cumplimiento al deber bíblico de dar testimonio de los sucesos que corren en el siglo, y por la otra a convertirse en un hombre sencillo como dijera Borges: “ que aprecia el sabor del agua, el caminar pausado y la conversación con los amigos”.