Desafío

  • Víctor Reynoso
De la exposición de los secretarios se deriva que el error no estuvo en liberar a Ovidio Guzmán

Profesor de la UDLAP

Sin antecedentes, debe considerarse la claridad con la que los Secretarios de la Defensa y de Marina presentaron los hechos de Culiacán del jueves 17 de este mes. Un ejercicio inusitado de transparencia y rendición de cuentas. Un reconocimiento de los errores, y una explicación de los mismos.

De la exposición de los secretarios se deriva que el error no estuvo en liberar a Ovidio Guzmán, sino en la insuficiente planeación del operativo. Empezando porque no llevaban la orden de aprensión y ésta no llegó. Porque el operativo se hizo de día, y no de noche o de madrugada. Porque no se consideró la respuesta del Cártel de Culiacán.

La narración de los hechos expuesta por responsables de ambas secretarías impresiona por el desafío que ese Cártel hizo a las Fuerzas Armadas del país. Impidió que realizaran el objetivo de capturar al hijo del Chapo. Atacó a los miembros del Ejército encargados del operativo. Mató a un militar, mutiló a otro, hirió a varios más.

Tuvo el atrevimiento de ingresar a una zona habitacional de las familias de los militares. Secuestró ahí a un sargento. Con eso violó una norma no escrita: con las familias no hay que meterse. Secuestró a varios militares más que estaban en labores de vigilancia.

El desafío no es a una organización cualquiera. Es al Estado mexicano. Y en su función medular: el monopolio de la violencia legítima. Es por tanto a la sociedad mexicana.

¿Qué sigue? Los secretarios lo expresaron bien: dar resultados. Si los hechos quedan impunes, se repetirán en otras zonas del país. Solo la aplicación de la ley puede evitar su propagación.

El desafío de Culiacán es una cuestión muy sensible. El ataque a la institución del Estado mexicano con mayor aprobación de la ciudadanía es una cuestión muy seria.

Las Fuerzas Armadas deben ser la última instancia en el combate al crimen. Si se ha recurrido a ellas, es por las instancias anteriores fallaron. Las instituciones civiles encargadas de la seguridad han sido ineficaces, insuficientes. Recurrir al Ejército es un recurso extremo, que lo somete a desgastes.

Si esta “ultima instancia” falla, estamos en problemas. Lo que sigue es lo ofrecido: esperar resultados. No inmediatos, pues el problema es grave y complicado. La revisión de la estrategia y de las tácticas llevará tiempo. Pero hay que afrontarla.

Por lo pronto hay que reconocer la claridad en el reconocimiento de lo que pasó. Errores incluidos. ¿Serán nuestras instituciones civiles capaces de esta misma actitud? ¿Será capaz de ello el mismo presidente de la República? Mucho ganaría él. Mucho ganaríamos todos.

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Víctor Reynoso

El profesor universitario en la Universidad de las Américas - Puebla. Es licenciado en sociología por la UNAM y doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología por El Colegio de México.