Nada es verdad ni es mentira

  • Martín López Calva
Nos encontramos en un mundo que ha renunciado al pensamiento crítico.

“¿Cuáles son mis fundamentos? La ausencia de fundamentos, es decir, la conciencia de la destrucción de los fundamentos de la certidumbre (...) ¿En qué creo? Creo en la tentativa de desarrollar un pensamiento lo menos “mutilante” posible y lo más racional posible”.

Edgar Morin. Introducción al pensamiento complejo, p. 140.

Nos encontramos en un mundo que ha renunciado al pensamiento crítico y al ejercicio de la razón y se mueve por emociones colectivas –ira, euforia, alegría, frustración-, frases atractivas o consignas de grupos unidos en torno a líderes carismáticos.

Como afirma el periodista y escritor Esteban Illades en su artículo del pasado viernes, los gobiernos en diversos países del mundo muestran hoy esta muerte de la Razón -dice él, con erre mayúscula- puesto que las grandes decisiones de política pública ya no se toman hoy bajo los principios del pensamiento ilustrado: los datos, la ciencia, el conocimiento

La sociedad no está exenta de esta renuncia a la razón si vemos por ejemplo el caso que el mismo periodista plantea respecto al Sarampión que había sido ya erradicado en el mundo y está ahora regresando debido a la corriente anti-vacunas en la que militan millares de personas en el mundo o los grupos que están volviendo a tomar como verdadera la idea de que la Tierra es plana a los que pertenece por ejemplo el principal asesor del presidente brasileño.

Esta muerte de la razón con la consecuente renuncia al pensamiento crítico tiene su origen en la desilusión de la humanidad ante los excesos de un racionalismo moderno que absolutizó un racionalismo dogmático que llegó a matar incluso el verdadero ejercicio del pensar racional.

De manera que ante el derrumbre de los fundamentos de la certidumbre absoluta del racionalismo y el cientificismo moderno el péndulo se ha movido al extremo opuesto en el que las sociedades se están moviendo bajo la premisa de que no existe ningún tipo de racionalidad posible y que por evitar un pensamiento mutilante están renunciando a toda posibilidad de pensar racional y razonablemente.

Según un muy interesante artículo de las investigadoras argentinas Nancy Cardinaux y María Angélica Palombo, existen en la actualidad ciertas patologías en el pensar, que están obstaculizando hoy el ejercicio del pensamiento crítico. Las autoras identifican básicamente tres binomios de patologías opuestas identificadas por diversos perfiles de personas: los sectarios y los banales, los hiperrealistas y los escépticos, los hipercrítivos frente a los acríticos.

En este espacio voy a ocuparme del primer binomio que considero está muy presente en nuestra sociedad actual.

“No siempre resulta fácil desarrollar o conservar la lucidez. El dolor de pensar, la angustia de entender lo que pasa, lo que somos, lo que vendrá, puede movernos a deponer nuestra libertad de pensamiento y transferírsela a otro, el Gran Hermano, el jefe, el líder…”

Nancy Cardinaux y María Angélica Palombo. Pensamiento crítico: llaves, rutas y señuelos, p. 126.

http://www.derecho.uba.ar/publicaciones/rev_academia/revistas/10/el-pensamiento-critico-llaves-rutas-y-senuelos.pdf 

Ante la crisis extrema que vive el mundo y la crueldad de la realidad de nuestro tiempo que nos presenta situaciones terribles de pobreza, marginación, exclusión, violencia y sin sentido, dicen bien las investigadoras no resulta fácil desarrollar o conservar la lucidez. El pensar es doloroso y los intentos por comprender lo que está pasando a nuestro alrededor y lo que se mueve en nuestro interior o lo que puede depararnos el futuro fácilmente puede irnos haciendo renunciar al pensamiento crítico y depositar toda nuestra libertad intelectual en un gran jefe o líder carismático que piense por nosotros o simplemente nos proporcione tranquilidad presentándonos algunas explicaciones atractivas –aunque sean claramente míticas o fantasiosas- y asegurando que posee las recetas mágicas para resolver todos los problemas.

De manera que existen hoy en el mundo y en nuestro país millones de personas que se adscriben al grupo de los sectarios, entendiendo por secta no solamente los grupos religiosos que responden a esta definición sino cualquier grupo o movimiento que posee estructura sectaria como algunos partidos políticos, comunidades científicas, movimientos sociales y hasta grupos de autoayuda que han proliferado en nuestro entorno.

“En las antípodas del pensamiento rígido y sectario encontramos formas que pretenden haber superado las etiquetas y que promueven la tendencia a pensar de cualquier manera. Toda idea aparece como válida, por el solo hecho de haber sido pensada”.

Nancy Cardinaux y María Angélica Palombo. Pensamiento crítico: llaves, rutas y señuelos, p. 126.

http://www.derecho.uba.ar/publicaciones/rev_academia/revistas/10/el-pensamiento-critico-llaves-rutas-y-senuelos.pdf 

Del otro lado de los sectarios –aunque en muchos casos también mezclados con ellos- se encuentran los banales, aquellos que creen que han roto cualquier etiqueta y dogma de pensamiento y afirman la validez de toda idea y de toda forma de pensamiento. Toda opinión es respetable, toda idea es aceptable y no existen criterios para afirmar la veracidad o la falsedad de ninguna expresión por más absurda que pueda parecer.

Para quienes promueven la banalidad del pensamiento, nada es verdad ni mentira y como dice el antiguo poema, todo es según el color del cristal con que se mira la realidad.

Ante la constatación de que el pensamiento es respectivo –se genera siempre desde cierto ángulo puesto que la realidad es multidimensional- los banales concluyen que todo es relativo y que no se puede aspirar a construir ninguna afirmación verdadera. Si esta posición se llevara al extremo, sería imposible la comunicación entre los seres humanos pues navegaríamos en la todal ambigüedad e indefinición de los conceptos y los términos que nos permiten vivir en comunidad.

La educación tiene hoy un enorme desafío frente a esta renuncia al pensamiento crítico producto de la muerte de la razón. Creer como Morin, en la tentativa de desarrollar un pensamiento lo menos mutilante posible y lo más racional posible, sería el imperativo para salir de esta crisis del conocimiento humano.

Opinion para Interiores: 

Visitas: 355
Versión para impresión

Anteriores

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP.
Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.