La amenaza del populismo

  • Humberto Aguilar Coronado
Durante la Guerra Fría las democracias cayeron por dramáticos golpes violentos

En Latinoamérica, en Estados Unidos, en Europa y, en general, en  las democracias vigentes, se percibe un extraño temor a estar engendrando movimientos o fenómenos políticos que, desde su interior, desde sus estructuras sociales, acabarán convirtiéndose en la causa de la muerte de la propia democracia.

Durante la Guerra Fría las democracias cayeron por dramáticos golpes violentos, sin embargo hoy, imaginar una caída de la democracia por métodos violentos ya no parece un riesgo inminente. Los golpes de Estado militares más recientes, como el de Egipto de 2013 y de Tailandia en 2014, con su espectacularidad e inmediatez, son vistos con mucho menos preocupación que la que generan los nuevos riesgos a que parece estar expuesta la democracia.

La percepción es que el riesgo actual tiene rasgos distintivos mucho menos dramáticos, las democracias son puestas en peligro por los propios líderes que resultaron electos, o pueden resultar electos, con las reglas de las propias democracias.

Esos liderazgos pueden minar el sistema desde dentro, mediante acciones que lesionan los valores democráticos lentamente, con actos apenas perceptibles, difícilmente medibles y de consecuencias imprevisibles.

Tanto en el debate político como en el análisis académico se percibe que el peligro que hemos descrito proviene de la actividad de líderes de corte populista.

Por lo tanto, es fundamental ser rigurosos en la definición e identificación del fenómeno populista ya que el término es empleado para describir diversas realidades y fenómenos.

Jan Warner Müller, en su libro ¿Qué es el populismo? Nos dice “que se ha utilizado para definir movimientos antisistema, o para describir a quienes aglutinan o pretenden aglutinar fenómenos de protesta o resentimiento social; para describir liderazgos con definiciones ideológicas que se identifican con la derecha y con la izquierda, por lo que es urgente intentar concretar una definición e identificación que permita, si es el caso, describir detalladamente el fenómeno que puede resultar riesgoso para nuestras democracias

Los liderazgos antidemocráticos modernos, que llegaron al poder por la vía del voto popular, aspiran a controlar todos los órganos del Estado, incluyendo a los que deben significar contrapesos para, desde posiciones cada vez más hegemónicas, suprimir, sin violencia y mediante el uso de las instituciones, a los defensores de las reglas democráticas.

En México nos encontramos frente a un cambio de rumbo, con un destino aún incierto, en un contexto de debilidad institucional, en particular, en el sistema democrático de pesos y contrapesos, establecidos en la Constitución mexicana.

La concentración de poder se ha acrecentado en un solo, el Poder Ejecutivo Federal, desde donde se socava la fuerza de los organismos públicos autónomos, cuya función era limitarlo.

Con un Poder Legislativo que por ahora solo tiene capacidad de frenar reformas constitucionales y que aprueba, con su mayoría, la dotación de recursos públicos de asignación directa para los programas clientelares del presidente.

Hemos sido testigos del deterioro en la economía, la seguridad y la salud de las instituciones del Estado mexicano.

Hemos sido testigos del desprecio de las formas y de los símbolos; del olvido y el abandono a las promesas empeñadas. 

En México, debemos buscar las claves de las experiencias del populismo en todos los países y en todas las regiones, para actuar de inmediato frente a este ultra presidencialismo populista que parece fraguarse desde el gobierno federal. Frente a esa amenaza que se conoce como populismo.

*Es Politólogo por la UPAEP y Maestro en Mediación y Negociación por la Universidad Carlos III de Madrid, España.

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Humberto Aguilar Coronado

M. Humberto Aguilar Coronado “El Tigre”, es Licenciado en Ciencias Políticas y Maestro en Mediación, Negociación y Resolución de Conflictos por la Universidad Carlos III de Madrid, España.

Autor de las obras “Principios en Acción” y “La Negociación, ¿es necesaria en la política?, editadas por Miguel Ángel Porrúa.

Ha ocupado en el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Acción Nacional, los cargos de Secretario de Organización; Secretario General Adjunto; Secretario de Elecciones; y, Jefe de Negociación para la Alianza por el Cambio (2000).

Ha sido Diputado Federal; Diputado Local en Puebla, y Senador de la República, donde fue Miembro de la Junta de Coordinación Política y Subcoordinador de Proceso Legislativo y Debate Parlamentario.

En la administración pública, fue Director General de Gobernación del Municipio de Puebla; Director General de Gobierno de la Secretaría de Gobernación Federal; Subsecretario de Enlace Legislativo de la Secretaría de Gobernación.

Miembro activo del Partido Acción Nacional desde 1982, es Consejero Estatal y Nacional Vitalicio del Partido, y actualmente es Director General de la Fundación Rafael Preciado Hernández, A.C.