Intervenir Venezuela, en la era de la desinformación

  • Julio Broca
Del TrendTopic a la indignación

¿Por qué estamos tan interesados que México apoye el desconocimiento que ciertos países expresan contra el gobierno venezolano en el contexto de la aparición inesperada de un segundo autoproclamado, “presidente”? Quienes estamos muy interesados en el caso Venezuela, debemos, como la ética sugiere, analizar todos los puntos de vista posibles, el de los países que quieren intervenirlo militarmente y los que no. Los que opinamos al respecto, quiero suponer, lo hacemos por los ciudadanos de Venezuela… la pregunta es, por qué solo nos preocupan los ciudadanos de Venezuela, por qué no nos indignamos por los ciudadanos por ejemplo de Estados Unidos, de Gran Bretaña, de España, o las Islas Galápagos, los cuales, también deberían ser sujetos de nuestra atención y preocupación por la situación lamentable en la que en algunos aspectos  también viven. En este sentido, quisiera hablar de algo que no muchos se han detenido a reflexionar: qué clase de régimen político detentan los países que impulsan entronar como presidente improvisado de una nación compleja a un joven de 35 años que, por cierto, me recuerda mucho en sus ademanes y talante al muchacho Anaya (¿lo recuerdan? el que contendió en las pasadas elecciones para presidente de México contra Obrador).

Entre las primeras naciones con ciudadanos viviendo problemas dignos de nuestra indignación, está  un país que bien podría calificarse (haciendo uso de una variación imaginativa) una dictadura del consumo, de la salud y del endeudamiento de sus ciudadanos, el país número uno en epidemia de obesidad; opina también !una monarquía¡, Gran Bretaña, país que tiene ciudadanos-súbditos y según estudios, a sus súbditos les encanta tener una reina y no acceden jamás a la propiedad soberana del suelo en que se edifican su casa pues, como toda monarquía, deben (como desde hace cientos de años) pagar por siempre el derecho de ese piso a un landlord. En este sentido, la Revolución Mexicana es una cátedra de democracia y justicia social respecto a la tenencia de la tierra; opinan también los principales comerciantes de esclavos hace algunos siglos, que en su haber ciudadano cuentan con hacendados mutiladores de africanos, Holanda; les hacen segunda en estas opiniones países bajo el poder económico de los anteriores, por ejemplo España, en eterna desventaja ante la Comunidad Europea, muy cuestionada por cierto, en eso de ser comunidad y ser europea. ¿Por qué nadie cuestiona la década y pico de Ángela Merkel en el poder, o de sus predecesores como Helmut Kohl que sumó quince años de canciller de Alemania? ¿Acaso los latinoamericanos opinamos con facilidad sobre Latinoamérica al modo del más acrítico eurocentrista periférico?

Por qué no nos pasan estas cuestiones por la cabeza, por qué nos lanzamos como eco del trend topic a repetir los puntos de vista de países, por cierto, al final del día, dueños de la regulación del tráfico de las redes sociales virtuales. Es muy fácil auto diagnosticar si uno es un simple eco de la desinformación mediática propiciada por monarquismos, dictaduras y mercenarios neocolonialistas: usted insiste en opinar sobre Venezuela en el sentido de que Maduro debe ser destituido y es ¿un dictador?, y sobre todo, insiste usted en que el presidente de México opine sobre otros países desoyendo el claro principio constitucional de la No Intervención. Si usted debate con vehemencia sobre Venezuela, maldiciendo a Chávez (QEPD) o Maduro, lamento decirle que está usted absolutamente manipulado, o lo que es equivalente, absolutamente muy bien desinformado, completamente parcialmente informado. Aunque las expresiones anteriores suenan a oxímoron, son también signos de la atopia que domina sobre el lenguaje contemporáneo. Me pregunto ¿por qué no hay tanto revuelo por las zonas africanas de donde las industrias de cómputo hegemónicas extraen las tierras raras (p. ej. el coltán) que hasta el día de hoy arrojan millones de muertos en su mayoría niños y mujeres, trabajadores esclavos en las minas de países controlados con armas de manufactura de primer mundo en manos de sicarios?

La propuesta es, en todo caso, no solamente indignarse por el pueblo venezolano también indignémonos y exigimos la destitución de la dictadura que oprime a pueblos de primer mundo con epidemias de obesidad, pueblos que no tienen acceso a comida de calidad, que no tiene educación pública gratuita y cuyos ciudadanos mueren pagando su vida hipotecada desde la escuela hasta su vejez, países de primer mundo donde su ciudadano promedio en verdad tiene la vida de Homero Simpson —como caricatura de humor negro es graciosa pero como realidad, no—. Hablemos de países que, en una especie de juego perverso, condenan a una existencia clandestina al migrante mientras usufructúan el producto de su trabajo; indígnese usted que los súbditos británicos no son nunca dueños de su tierra; indígnese por la vida del pobre holandés que vive en una jaula de oro, hecha de oro habido con saqueo flagrante a territorios africanos, que como documenta Jean Ziegler, han sumido el delta del río Níger en un caos de luchas armadas crueles y violentas tan solo por que el estado no quiso concederles hidrocarburos a su antojo —y por ahí se puede rastrear quién mueve la mano del guachicol a nivel planetario—; indígnese por un ciudadano como el alemán, encadenado a vidas maquínicas por un absolutismo burocrático y tecnológico que les condena a la misma rutina desde su primer día de trabajo hasta el último.

Los ciudadanos de estos países disfrutan de paseos en la prisión que viven en forma de vacaciones en el tercer mundo, donde pueden ejercer su complejo de superioridad económica por un efímero momento vacacional en un país donde de la noche a la mañana su salario vale dieciocho o veinte veces más que en su propio país. La recomendación es que opinemos sobre algo que implique nuestra indignación por el abuso a los ciudadanos de esos países también, en los que hemos pensado con la misma profundidad y preocupación que por los de Venezuela.

 

Desprogramarse de la desinformación pasa por construir opinión crítica sobre los componentes que no hemos criticado —nuestros prejuicios— que se encuentran involucrados en la constitución de la propia opinión, así mismo, identificar cuál es la opinión del más fuerte, qué intereses implica, por qué la urgencia de intervenir países, cuáles son los problemas de sus ciudadanos, cuáles las condiciones de la constitución de la ciudadanía. De lo contrario corremos el riesgo de apoyar el bulling internacional solo porque el buleador usa traje, corbata y tiene un perfil en wikipedia. Aldous Huxley ya nos previno de la ilusión ingenua de “mundo feliz”, que bien aplica a nuestra creencia de naciones felices con ciudadanos sin problemas serios. Sometamos a crítica la propia opinión, reduzcamos los prejuicios preguntándonos ¿por qué de primera instancia opino esto y no aquello? ¿Nos hemos enamorado de James Bond?, súbdito de una monarquía, esclavo sin derecho a una vida propia, atrapado en el rol de impecable seductor, blanco, alto y fuerte que básicamente se dedica a destruir democracias, asesinar en nombre de su reina  y perpetuar la imagen de superioridad racial colonizadora. Preocupémonos por los ciudadanos del mundo como por los de Venezuela hoy. Dicho sea de paso, por qué se abrogan el derecho de intervenir a favor de la ciudadanía ajena, países que no consienten que se opine sobre sus ciudadanos, países que no consentirían que se les intervenga para liberar a sus ciudadanos de las igualmente terribles situaciones ya descritas. Opinemos, pero primero construyamos nuestra opinión, quizá la más difícil de las tareas en la era de la desinformación.

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Julio Broca

Se dedica a las artes gráficas, la sociología y la docencia. Sus ensayos y producción gráfica han sido publicados en diversas plataformas como La Jornada de Oriente, el periódico español Diagonal, la revista italiana Alltre Modernitá de Milán, e-consulta, etc. Estudioso de los fenómenos de rebelión sociocultural. Dirige el despacho de diseño Ojo Crítico. Actualmente imparte docencia en la Escuela de Artes Plásticas y Audiovidsuales (ARPA) y colabora como diseñador en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” (ICSYH) en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).