El PRIAN nunca pierde: las nuevas armas de la imposición

  • Carlos Figueroa Ibarra
Abandono del proyecto revolucionario. Alianzas neoliberales. Cerrarle el paso a AMLO.

Después de 40 años de haberse instaurado, el establishment neoliberal se siente amenazado. Hoy Andrés Manuel López Obrador y Morena  capitalizan  los agravios que ha generado el fracaso neoliberal en México. Desde el principio, la percepción de que los gobiernos de Miguel de la Madrid  (1982-1988) y Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) habían abandonado el proyecto histórico de la revolución mexicana, generó resistencias insospechadas. Sin embargo, hay que reconocer que la derecha neoliberal (el PRIAN) supo sortear desde sus inicios la crisis hegemónica que sus políticas generaron. Tan temprano como  en 1988, el abandono por parte del PRI del nacionalismo revolucionario, generó la Corriente Democrática  la cual terminó abandonando el partido y ganando  con Cuauhtemoc Cárdenas a la cabeza,  las elecciones de1988.

El neoliberalismo partió en dos al PRI-gobierno, generó un descontento enorme, precipitó el levantamiento zapatista de 1994, creó una profunda crisis interna que buscó resolverse con el magnicidio de Luis Donaldo Colosio y el de Francisco Ruiz Massieu. El traumatismo que crearon  estos tres hechos hizo que una mayoría votara por Ernesto Zedillo en aquel año y con ello se logró sortear el desgaste que se venía observando. Ese desgaste también logró sortearse en 2000, cuando la derecha neoliberal  logró que el reciclamiento neoliberal se hiciera a través de la alternancia  entre el PRI y el PAN. El PAN llegó a la presidencia pero sus diferencias con el PRI ya no eran  esenciales.

En el primer lustro del presente siglo, el agravio antineoliberal volvió a emerger. Esta vez ya no lo encabezaba Cárdenas sino López Obrador. El monstruo bicéfalo neoliberal (el PRIAN) se puso de acuerdo para reventar esa emergencia: a través del desfondamiento financiero del gobierno de Lopez Obrador en el entonces DF; de los videoescándalos; del desafuero y finalmente a través del fraude electoral. Durante los seis años siguientes el duopolio mediático satanizó la imagen de López Obrador y en 2012 invirtióse aproximadamente 250 millones de dólares en la compra del voto para favorecer a Enrique Peña Nieto.  Observamos entonces un acuerdo prianista: si el candidato presidencial de uno de los dos partidos neoliberales no levantaba, el partido en desventaja operaria para traspasar parte de su votación, al candidato del partido que más posibilidades tenía de derrotar a López Obrador. Así, en 2006 el sacrificado fue Roberto Madrazo y en 2012 la sacrificada fue Josefina Vázquez Mota.

Hoy la derecha neoliberal está encontrando otras fórmulas para seguir imponiéndose. Seguirá haciendo fraude por todos los medios empezando en las casillas electorales. Seguirá comprando  votos sobre todo en las áreas más empobrecidas y vulnerables. Pero en Puebla siguiendo las instrucciones de Rafael Moreno Valle, los genuflexos legisladores locales aprobaron las bases de un gobierno de coalición que le impondría a un partido vencedor (por ejemplo Morena) el compartir el ejecutivo con uno de los partidos vencidos (por ejemplo PRI o PAN) y si eso no se lograra, el tener que hacer una segunda vuelta electoral. Cuando escribo estas líneas está corriendo la noticia de que la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados ha creado un grupo especial de trabajo para proponer una nueva ley que contemplaría una segunda vuelta electoral (en la cual el monstruo bicéfalo se  uniría para derrotar a Morena), reducir los diputados plurinominales y favorecer las candidaturas independientes (que buscarían restarle votos a López Obrador).

El avance de Morena ya ha hecho que el monstruo neoliberal empiece a disparar sus dardos y se apreste a lanzar un ataque con pretensiones devastadoras.

He aquí a lo que nos estamos enfrentando.

Opinion para Interiores: 

Visitas: 1,024
Versión para impresión

Anteriores

Carlos Figueroa Ibarra

Sociólogo, profesor investigador BUAP, especializado en sociología de la violencia y política. Doctor Honoris Causa por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Integrante del Comité Ejecutivo Nacional de Morena