Planeación comunitaria para la productividad y el desarrollo de los pueblos

  • Alberto Jiménez Merino

Con frecuencia, el dilema de las autoridades es qué hacer en las comunidades para impulsar el desarrollo de la población y mejorar las condiciones de vida que actualmente prevalecen. Hay muy diversas respuestas y formas de atender las necesidades desde el consabido pan y circo, a veces circo sin pan hasta respuestas sustentadas, las menos, en diagnósticos objetivos y reales.

Porque cada administración nueva es la buena. Cada administración pasada es corrupta, tonta e inepta. No hay continuidad, nada más porque no, sin la mínima revisión de lo realizado por quienes antecedieron, lo mismo administraciones municipales, estatales y federales.

Si no hay diagnósticos, entonces las decisiones se hacen con base en  supuestos y corazonadas y terminan perdiéndose valiosos años para atender los problemas sociales, agravando, en la mayoría de los casos, la situación ya complicada de la gente.

No pueden atenderse los problemas que no conocemos. Mientras no haya un acuerdo sobre la lista de nuestros problemas, cuáles son los más importantes o  los menos, los urgentes, los fáciles, los difíciles, los complicados, los sencillos, los baratos y los caros, va a ser muy difícil decidir cuáles vamos a resolver.

La planeación debe darse de abajo hacia arriba y de adentro hacia fuera de las comunidades. Es impensable que alguien externo conozca más que los propios pobladores, los que viven allí. Pero con frecuencia y para cumplir con las obligaciones legales, los instrumentos de planeación y desarrollo se hacen al revés. Si de verdad quieres ayudar a alguien pregúntale como y no supongas ni condiciones esa ayuda.

En un ejercicio de planeación realizado hace varios años, identificamos que en el campo poblano tenemos por lo menos 98 problemas de carácter productivo y ambiental. Desde la perdida de suelo, la falta de agua, falta de maquinaria, débil organización productiva, la deforestación, la contaminación de las aguas, reducidos presupuestos gubernamentales, bajos rendimientos, falta de valor agregado a la producción  hasta insuficiente formación de recursos humanos, poco apoyo a la investigación y desarrollo tecnológico. Al clasificarlos, invariablemente llegamos a la necesidad de capacitar y asesorar técnicamente a los productores primero que cualquier otra cosa

Sin pretender descubrir el hilo negro y el agua caliente y, después de conocer varios métodos de diagnóstico y planeación comunitaria, comparto el que mejores resultados ha dado.

En una comunidad es indispensable conocer a través de las autoridades locales a qué se dedican las personas, qué actividades productivas desarrollan, quienes se dedican a cada cosa, identificar un representante de cada actividad y éste que se encargue de identificar en un listado a los que se dedican a lo mismo.

Una vez que se tiene conformado un grupo de productores de lo mismo, se convoca a reunión y se integra un diagnóstico sobre sus problemas y necesidades productivas y de su entorno. Este es uno de los ejercicios más valioso del proceso. Con esto, se elabora un plan de trabajo, la ruta de navegación indispensable para atender realmente las necesidades.

No obstante que las necesidades son generalmente carencias materiales o logísticas, todo apunta a la necesidad inicial de capacitación y asesoría técnica. Mucho antes de llevar apoyos materiales para necesidades que aún no conocemos, se requiere empezar a trabajar sobre la capacitación.

Lamentablemente, este ejercicio se ha dejado de lado desde hace muchas décadas y las administraciones se han centrado en aplicar los recursos de programas tradicionales de carácter asistencial o en la realización de obras de relumbrón, pretendiendo con ello trascender, pero olvidándose de las necesidades de la gente.

La capacitación, el insumo más importante del desarrollo comunitario se ha menospreciado y se ha dejado de lado porque no luce tanto, no se ve en comparación con la entrega de cosas materiales y apoyos económicos. Pero no cabe duda que es la base de la trasformación de las personas para que puedan modificar su entorno. Por no tener capacitación y asesoría se pierden mil pesos en insumos por cada hectárea cultivada, además de continuar perdiendo, a pasos agigantados, los recursos naturales que requerirán las futuras generaciones. O no?

*Delegado de SAGARPA en Puebla del Gobierno de la República

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Alberto Jiménez Merino

Ingeniero Agrónomo. Exrector de la Universidad Chapingo. Trabajó como secretario en 3 administraciones estatales. Consultor FAO. Tiene 3 Doctorados Honoris Causa y 15 libros escritos. Candidato del PRI a la gubernatura 2019.