2014 Año Internacional de la Agricultura

  • Alberto Jiménez Merino
Primera de dos partes

Los productores de autoconsumo no están logrando cosechas ni para cubrir sus necesidades alimenticias anuales y no los estamos ayudando ni en aquello que ellos podrían hacer por sí solos. Si se ayudara a ayudarse a los pequeños productores, sin demérito de ayudar a los medianos y grandes, no cabe ninguna duda que entonces sí podría revertirse la pobreza y alcanzar grandes niveles de desarrollo económico y social. Nadie puede pensar en la riqueza, en el progreso, en la grandeza y en tener una vida digna, si no tiene acceso a una alimentación digna.

Según datos del Diagnóstico del Sector Rural y Pesquero SAGARPA-FAO 2012, México cuenta con 5 millones 325 mil 223 Unidades Productivas Rurales, de las cuales un millón 192 mil 029 (22.4 por ciento) corresponden a familias que practican actividades agropecuarias que no tienen vinculación a mercados. No registran ingresos. Y 2 millones 696 mil 735 (50.6 por ciento) son de familias que cultivan el campo, tienen vinculación a mercados con ingresos de 17 mil a 55 mil pesos anuales.

Más de 2 millones 734 mil 931 unidades productivas tienen menos de 2 hectáreas de superficie. Se caracterizan por tener nulos o bajos ingresos y bajos niveles de desarrollo de capital humano. Los más pobres tienen también una educación pobre, con muy bajos niveles de escolaridad. Los beneficiarios del PROCAMPO promedian 3.3 años de escuela y los jornaleros agrícolas menos de tres.

Lo anterior trae como consecuencia que los pequeños productores, generalmente de autoconsumo, no puedan obtener ni siquiera para cubrir sus necesidades alimenticias anuales. No obstante, más de 80 por ciento de los alimentos generados en el mundo, la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad, los genera la Agricultura familiar.

El problema de la pobreza, de la agricultura y de la alimentación es que las necesidades de las familias más pobres no forman parte de los contenidos del Sistema Educativo Nacional en ninguna parte de sus niveles desde preescolar hasta el universitario. Lo más aproximado a agricultura que se ha ofrecido por más de 50 años es la práctica de germinación del frijol en un recipiente con algodón, pero hasta donde se sigue haciendo y ni siquiera se planta.

En 1940, se instituyó la Parcela Escolar y a partir de ese año se formalizó la práctica, esto es, que las escuelas rurales contaran con una parcela que se destinara para la enseñanza de las actividades agrícolas y contribuyera con las necesidades materiales de la escuela.

Se planteaba iniciar la preparación de los alumnos de las escuelas rurales para que reciban una educación agrícola apropiada que los capacite para desarrollar todas las labores de producción agrícola. También cooperar con las comunidades y núcleos ejidales en la práctica de métodos de cultivo y organización de pequeñas industrias agropecuarias. Este noble propósito desde hace décadas es letra muerta en la mayoría de las 246 mil escuelas del país.

Tampoco en los programas gubernamentales de los distintos órdenes de gobierno se destinan recursos para apoyar la producción de alimentos para los más pobres. Se tiende a apoyar macroproyectos de alto impacto, olvidando a las mayorías.

Son en cambio muy socorridos los programas asistenciales que ofrecen despensas, que sólo duran 3 o 4 días, no resuelven el problema alimentario y cuando las personas ya no las reciben no saben qué hacer. Ayudan, pero no desarrollan a la gente.

La formación profesional de los agrónomos está muy orientada hacia la agricultura empresarial y en condiciones favorables de recursos naturales y económicos. Casi no se preparan profesionistas para trabajar en condiciones de limitaciones y adversidad como son la mayor parte del territorio nacional. Aparte que la educación que se imparte no se liga con la práctica.

En la Medicina Veterinaria, en los últimos años, se tiende más a atender el mercado creciente de mascotas, cada vez menos ganadería y acuacultura.

Más información. www.jimenezmerino.com.mx

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Alberto Jiménez Merino

Ingeniero Agrónomo. Exrector de la Universidad Chapingo. Trabajó como secretario en 3 administraciones estatales. Consultor FAO. Tiene 3 Doctorados Honoris Causa y 15 libros escritos. Candidato del PRI a la gubernatura 2019.