“Lo que las mujeres queremos”

  • Marcela Jiménez Avendaño
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Hoy pensaba escribir sobre el llamado a la falsa sorpresa por el espionaje americano, pero empecé a enojarme; luego se me ocurrió que podría hacer un recuento de los resbalones de Enrique Peña Nieto, a propósito del último pero no por ello menos pavoroso –su incapacidad para pronunciar correctamente “epidemiólogos”-, me enojé más; entonces me dije “reforma fiscal” y ahí si monté en cólera, reacción que este tema, calculo, produce en la mayoría de los mexicanos.

Siendo así, me decidí por comentarles sobre un libro que estoy releyendo –lo tomé por primera vez hace como 12 años, solo que estaba en francés por haber caído en mis manos en una vacación en ese país- y una pequeñísima muestra de opinión tomada de entre varias amigas.

El libro del que les hablo es una maravilla: “Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no pueden leer un mapa” de Allan y Barbara Pease, que habla de las diferencias de comportamiento, desarrollo y evolución entre los cerebros femenino y masculino, y a partir de ahí explica ciertas incapacidades e intereses de ambos sexos. “TODO ESTÁ EN EL CEREBRO”.

Esta “guía sobre el comportamiento humano” afirma que, por primera vez en la historia, los hombres y las mujeres nos encontramos confundidos sobre los roles que nos toca desempeñar en pareja y ahí, sugiere, se encuentra el origen del brutal incremento en la tasa de divorcios y separaciones.

Desde su origen, el éxito del hombre dependía de su capacidad como cazador, proveedor y defensor, era reconocido por su familia por el hecho de arriesgar su vida para procurarles el sustento; por su parte, las funciones de las mujeres también estaban bien definidas, su deber era el aseguramiento de la evolución de la especie y la defensa del hogar, se ocupaba de los hijos, recolectaba alimentos y socializaba con otras mujeres. Esta delimitación de roles se mantuvo por miles de años hasta mediados del siglo pasado llegando al punto, hoy en día, en que el sustento de una familia no depende únicamente de los hombres, y las mujeres esperan que las tareas de la casa se repartan entre ambos sexos. Sin embargo, pese a estos cambios, seguimos siendo animales: “el 96% de nuestra naturaleza está presente en un cerdo o en un caballo” y los Pease aseguran que en la medida en que nos aceptemos como animales que hemos ido desarrollando y perfeccionando nuestros impulsos a lo largo de siglos de evolución, nos resultará más fácil conocernos y encontrar el camino hacia la verdadera felicidad.

El capítulo que dedica a las diferencias en como vemos, escuchamos y sentimos no tiene pierde, pues ellas son consecuencia del equipamiento biológico con que contamos para la supervivencia.  Por evolución, las mujeres tienen aparatos sensoriales más refinados.  Por ejemplo, el hombre tiene una vista más cilíndrica y la de la mujer es más periférica, es decir, mientras los hombres pueden concentrarla en un solo objetivo por más lejos que se encuentre -así cazaba-, las mujeres pueden abarcar un mayor ángulo o espacio –para controlar que ningún depredador acechase la cueva-. Por eso un hombre puede ser mucho mejor conductor, aún de noche, pero es incapaz de encontrar la leche en el refrigerador. En otro aspecto, a los hombres les es más bien difícil ser empáticos con los sentimientos de sus  congéneres porque carecen de ese sexto sentido muy desarrollado en las mujeres quienes pueden descifrar señales corporales o no verbales, de ahí que sea tan complicado mentirnos!!! al menos cara a cara. En cuanto al sentido del oído, los hombres pueden orientarse por él, pero las mujeres tenemos mejor capacidad para distinguir sonidos aunque no podamos definir de qué dirección provienen. Siendo que la piel es nuestro mayor órgano, el tema del tacto ocupa un espacio interesante en la publicación: las niñas somos más sensibles al tacto y en la adultez esta sensibilidad aumenta 10 veces ya que la hormona de la oxitocina incrementa nuestra necesidad de ser tocadas, de ahí que demos mucha importancia al abrazo y al apapacho; en cambio para los hombres solo le es necesario cuando existe contacto sexual… ¡vaya novedad! esto se debe a que tienen literal, la piel más gruesa.

Esto es solo un pequeño adelanto de lo que el libro es, pero me sirve como introducción explicativa de las conclusiones de la pequeña muestra hecha a mis amigas sobre lo que más quieren en un hombre, estableciendo ellas mismas como parámetro los cinco aspectos que más les interesan: atenciones y cariño, atractivo físico, buen sexo y solvencia económica.

En la mayoría de los casos, ellas colocaron sus prioridades de la siguiente forma: atenciones y cariño en primer lugar, solvencia económica, buen sexo, inteligencia y finalmente atractivo físico. En este grupo, la mayoría eran casadas y con hijos.

En el grupo de madres solteras priorizaron la solvencia económica para colocar después atenciones y cariño, buen sexo, inteligencia y finalmente atractivo físico.

Finalmente el grupo más reducido, integrado también por madres solteras pero mucho muy independientes, priorizaron la inteligencia seguida de buen sexo, atractivo físico y solvencia económica para terminar con atenciones y cariño.

Pero en lo que ustedes sacan sus propias conclusiones y nos acaban de recetar más impuestos……nos leemos la próxima semana.

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Marcela Jiménez Avendaño

Licenciada en Relaciones Internacionales. En proceso de titulación para la Maestría en PNL e Inteligencia Emocional. Ocupó diversos cargos en el PRI (CEN) en las precampañas y campañas en 2000 y 2006