El oficio del Universitario

  • Joshue Uriel Figueroa
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En 1942 aparecía una de las principales obras del pensamiento político del siglo XX. Me refiero al libro Capitalismo, Socialismo y Democracia, escrito por el economista austriaco Joseph Schumpeter, la publicación de este texto traería consigo consecuencias importantes para la Ciencia Política y la formación del pensamiento político en Europa y América. En esta publicación, Schumpeter señala que la democracia solamente existe para legitimar a un determinado régimen o gobierno, señalando que el carácter un tanto romántico de la democracia y de la política estaba perdido, había que esbozar una teoría realista de la democracia. Los electores y ciudadanos verían a sus futuros gobernantes no cómo representantes y garantes de la voluntad colectiva, sino como opresores, el papel de los ciudadanos era elegir quien los oprimiera menos, para ello el candidato tendría que hacerse valer de la demagogia y las artes del discurso.

Algo muy parecido está sucediendo en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, donde tenemos el beneplácito de elegir un nuevo director para los próximos cuatro años. La aseveración anterior se realiza debido a la manipulación mediática a la cual están expuestos los universitarios, el proceso actual sepulta y trata de socavar la conciencia universitaria, el espíritu por lograr la transformación social. Para realizar este juicio tenemos que saber bien como se encuentra el proceso electoral en la Facultad. Veamos.

El lado penoso de la elección lo encabezan tres personajes de nuestra Casa de Estudios, que amparándose en su calidad de académicos quieren desestabilizar a la unidad académica y lograr formar su coto de poder en esta. En un primer lado tenemos a la persona de José Francisco Ávila Caso, quien tiene más carrera judicial que académica y docente. En segundo lugar nos encontramos con Pablo Portillo Castillo, servidor universitario desde hace varios años, durante los cuales nunca ha destacado como líder, mediador o incluso como persona con alto valor moral. En último lugar nos encontramos con, Fernando Andraca Huerta, un personaje tan gris como sus libros. Revisemos a los candidatos uno por uno.

Del Mtro. José Francisco Ávila Caso es de quien más información se tiene en los medios de comunicacion, no por haber sido un gran luchador de la justicia, sino por una serie de acusaciones graves que tiene en su contra. La primera de ellas, tal vez la más fuerte es que se le acusa de ser torturador, esto debido a las declaraciones de Héctor Iván García Tovar, quien fuera acusado en 2007 por el asesinato y descuartizamiento del lavacoches Jesús Santos de los Ángeles en Villa Ávila Camacho. Ante esto el acusado señala que Ávila Caso fue el designado de incriminarlo mediante técnicas de tortura. Lo anterior es una acusación grave debido a que el académico fue designado en 2008 como titular de la Dirección Especializada en Delincuencia Organizada (DIEDO) de la Procuraduría General de Justicia (PGJ).

La segunda de las acusaciones contra el hoy candidato, es haber sido perseguido por el Cártel de los hermanos Beltrán Leyva, con la orden de asesinarlo, esto debido a que durante la detención de cinco miembros del cártel de los hermanos Beltrán Leyva, después de un enfrentamiento con policías ministeriales, se perdió una maleta con más de 4 millones de pesos, esto sucedió en diciembre del 2009. Una más de las acusaciones contra el candidato es el acoso realizado durante su gestión en la DIEDO a periodistas y comunicadores de la entidad.

Por otro lado nos encontramos en la persona del Mtro. Pablo Portillo Castillo, otro miembro tenebroso dentro de este proceso electoral, pero sin el magnífico historial que el Mtro.  Ávila Caso. El docente Pablo. Portillo lo distingue su medianía,  sólo ha tenido participación como funcionario  dentro de la BUAP. Uno de sus cargos más importantes ha sido el de ser Defensor de los Derechos Universitarios, cargo en el que defendió sólo sus intereses y sus compadrazgos, porque los universitarios continuaron igual de indefensos como siempre, mediocre podría ser una buena palabra para describir su desempeño. Así mismo dirigió el Bufete Jurídico, hoy, Centro de Vinculación Profesional de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, lugar al que se dirigen los estudiantes de la Facultad para realizar su servicio social y prácticas profesionales. En este cargo no realizó gran cosa, sólo confusión en el alumnado y pasando sin pena ni gloria durante el tiempo que estuvo a cargo.

Finalmente nos encontramos a Fernando Andraca Huerta, catedrático que sólo logra colgarse de esta elección para obtener escaños políticos, aunque algunos dicen que también quiere vender sus libros, los cuales aún no logra vender. Se trata de un oportunismo sin moral.

Ante todo lo dicho anteriormente, cabe preguntarnos ¿qué es un universitario? o ¿qué significa ser universitario? Estas preguntas tenemos que hacernos diariamente para saber cuál es nuestro papel dentro de la sociedad. Repensar nuestra función como formadores de conciencia colectiva, actores de la transformación. Por ello a buena parte de la comunidad universitaria nos parece indignante y patético que se trate de manipularnos. Nos negamos a pensar que se ponga en duda nuestra inteligencia. Por ello debemos de preguntarnos ¿qué es lo que podemos hacer para evitar esta embestida? Podemos ponernos a pensar pesimistamente como Schumpeter y minimizar a la democracia, es un error en el que no debemos caer.

La democracia debe de ser nuestra forma de vida y entenderla como la manera de llegar a un común acuerdo. Los ciudadanos no somos mercancías, por ello nos negamos a que se nos use como “borregos”. Más aún, los estudiantes no lo somos, nuestra posición dentro de la Universidad nos debe ver como sujetos críticos y conscientes del cambio y la transformación social. En palabras del Presidente chileno Salvador Allende: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. Ponernos a reflexionar críticamente sobre este tipo de procesos es nuestra tarea.

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Joshue Uriel Figueroa

Politólogo y abogado con estudios de Maestría en Políticas Públicas y Género (FLACSO). Fue Consejero Universitario en la BUAP. Activista por los derechos humanos. Se ha desempeñado como asesor en el INE y en la Cámara de Diputados. Desde el 2019 es titular del Programa Becas Benito Juárez en Puebla.